Hacia un Código de conducta cristiano sobre conversión religiosa

Recibe el apoyo de la Alianza Evangélica Mundial

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TOULOUSE, viernes, 17 agosto 2007 (ZENIT.org).- La Alianza Evangélica Mundial (WEA por su sigla en inglés) está dispuesta a unirse al Consejo Mundial de Iglesias (CMI) y a la Santa Sede para apoyar un código de conducta común que rija las actividades de búsqueda de conversos al cristianismo, informa un comunicado del CMI.



El secretario general de la WEA, el pastor Geoff Tunnicliffe, «otorgó su plena aprobación» a la participación de su organización en el proceso patrocinado por el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso (en representación de la Santa Sede) y el CMI, según ha revelado el pastor Thomas Schirrmacher, director del Instituto Internacional para la Libertad Religiosa de dicha organización.

La WEA es una asociación de organizaciones e iglesias evangelicales con unos 420 millones de miembros en todo el mundo.

Schirrmacher fue uno de los oradores en la consulta celebrada del 8 al 12 de agosto en Toulouse, Francia, en la que unos 30 teólogos y líderes de iglesias católicos, ortodoxos, protestantes, pentecostales y evangélicos de Europa, Asia, África y los Estados Unidos esbozaron el contenido del código de conducta que se espera finalizar para 2010.

Al inaugurar la consulta, el arzobispo de Toulouse, monseñor Robert Le Gall, monje benedictino experimentado en el diálogo interreligioso, dijo que veía el código de conducta como un instrumento para garantizar el «respeto mutuo entre quienes están comprometidos con una religión» y, al mismo tiempo, preservar el «derecho a propagar y explicar la propia fe».

Para el pastor Tony Richie de la Iglesia de Dios, denominación pentecostal con sede en los Estados Unidos, el código de conducta no es sobre «si» los cristianos evangelizan, sino sobre «cómo» lo hacen. Richie abogó por una «evangelización dialógica», orientada ecuménicamente y caracterizada por un enfoque ético.

El secretario general del Consejo de Iglesias de Malasia y comoderador de la comisión Fe y Constitución del CMI, el pastor Hermen Shastri, propuso que el fundamento del código de conducta sea una actitud respetuosa del derecho a sus creencias que tienen los creyentes de toda religión.

Entre las cuestiones señaladas por los participantes como elementos en los que debería basarse el código de conducta, cabe citar: formas comunes de entender la conversión, el testimonio, la misión y la evangelización así como la preocupación por la dignidad humana; una distinción entre proselitismo agresivo y evangelización; y el equilibrio entre el mandato de evangelizar y el derecho a elegir la propia religión.

«Aunque se trata todavía de resultados muy preliminares, el hecho de que representantes de todas estas diferentes vertientes de la vida cristiana hayan sido capaces de reunirse y debatir una cuestión tan compleja, empezando por construir un consenso, es ya de por sí todo un éxito», afirmó el pastor Hans Ucko, encargado del programa del CMI para el diálogo y la cooperación interreligiosos.

La complejidad de la cuestión se puso de manifiesto en la consulta a través de las contribuciones que reflejaron muy diversas experiencias en contextos diferentes: desde el vivir como minoría cristiana en la India hasta anunciar el evangelio a inmigrantes turcos en Austria o tener que rechazar a personas que piden el bautismo en Zanzíbar; desde ser misionero luterano en la Nigeria musulmana hasta ser sacerdote anglicano en una ciudad británica donde hindúes han comprado una antigua iglesia cristiana y celebran su culto en ella o ser un pentecostal estadounidense que lidia con el hecho de que los pentecostales «son ciertamente ecuménicos, pero no lo saben».

El código de conducta debería, por una parte, establecer aquello que todas las partes están de acuerdo en que se ha de evitar cuando se trata de la misión cristiana, tarea que resulta enorme teniendo en cuenta los muchos contextos existentes.

Por otra parte, se espera que ofrezca orientaciones sobre el modo de afrontar cuestiones complicadas como los matrimonios interreligiosos.

El paso siguiente en este proyecto de estudio, emprendido conjuntamente por el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso y el programa del CMI sobre diálogo interreligioso, será la celebración en 2008 de una reunión en la que se redactará el código de conducta basándose en los resultados de la consulta de Toulouse.

Iniciado en mayo de 2006 en Lariano/Velletri, cerca de Roma, el proyecto se denomina «Una reflexión sobre la conversión: de la controversia a un código de conducta compartido».