Hans Maier: Por qué la presencia del laico cristiano es clave en la vida pública de Europa

Entrevista al politólogo alemán, amigo de Joseph Ratzinger

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MUNICH, domingo, 27 agosto 2006 (ZENIT.org).- Además de ser un elemento constitutivo de Europa, los cristianos tienen «un papel fundamental para cimentar la libertad también en el Estado moderno», alerta el politólogo amigo de Joseph Ratzinger, Hans Maier, llamando a los laicos a asumir su responsabilidad en este campo.



Sobre el alma del Viejo Continente, la relación con el Islam, y el papel del laico cristiano en la vida pública habló el profesor Maier en una entrevista que difundió el diario italiano Avvenire en su edición del 5 de julio.

Entre los más célebres intelectuales católicos alemanes, Maier, de 75 años, es profesor emérito de Visión Cristiana del Mundo y Teoría de la Religión y de la Cultura de la cátedra que fue de Romano Guardini en la Ludwig-Maximiliams-Universität de Munich, de la que aquél fue titular de 1988 a 1999.

Tenía 31 años cuando se convirtió en profesor de Ciencias Políticas. Autor de una treintena de volúmenes, unió el compromiso cultural al político. De 1970 a 1986 fue Ministro de Educación y Cultura en Baviera, y de 1976 a 1988 presidente del Comité central de los católicos alemanes.

Junto a Joseph Ratzinger, Maier escribió el volumen «¿Democracia en la Iglesia?» en 1970, siendo el primero profesor en la Universidad de Ratisbona.

Por su interés, ofrecemos la traducción de la entrevista publicada por el diario italiano.

--¿Considera que existe una cultura europea?

--Prof. Maier: No hay una única cultura europea que se pueda estudiar en la escuela. Igual que no existe una lengua europea, o un único modo de vivir que se pueda definir europeo. Pero existen fundamentos y principios comunes, manifestados en las especificidades culturales de cada pueblo. Y estos «principios unificadores» son el Derecho Romano, que llevó a Europa al desarrollo de una eficaz cultura jurídica; el credo judeo-cristiano en un único Dios, que ha impreso de sí las instituciones y el pensamiento; el modelo de formación educativa, que presupone una cierta concepción del hombre y un determinado modo de situarse ante el saber.

--La herencia greco-romana y cristiana aparecen como constitutivas de Europa y de sus fundamentos culturales. ¿Qué tipo de islam puede tener Europa, sin que esto comporte una alteración de identidad?

--Prof. Maier: No podemos decir que Europa sea sólo cristiana, pero la herencia judeo-cristiana incidió en lo profundo del alma cultural y política. Importar ahí el mismo islam que se ha estructurado en los países árabes significaría la supresión de la Europa actual para recrear otra radicalmente distinta. Esto no quiere decir que no podamos tener un euro-islam, un islam adaptado a Europa. Pero ello presupone por parte de los musulmanes el respeto de la libertad religiosa, del pluralismo de pensamiento y de la distinción entre religión y política. Requiere que los mullah acepten vivir la propia fe junto a las sinagogas judías y las catedrales cristianas. Es un proceso de transformación y maduración al que debemos llamar a los musulmanes, si quieren ser parte de esta Europa nuestra.

--Europa ha dado origen a los peores totalitarismos de la historia. ¿Sostiene que igualmente se puede considerar el concepto de libertad como parte constitutiva de la identidad europea?

--Prof. Maier: Cierto; la libertad es algo típicamente europeo, y diría también típicamente cristiano. La contribución brindada por el cristianismo al desarrollo de la libertad así como de la democracia, es fortísima. Por lo demás, los totalitarismos del siglo XX, el comunismo y el fascismo especialmente en su expresión nacional-socialista, son el sucedáneo que introdujo el pié cuando se intentó suprimir la religión de Europa. Son «religiones políticas», modeladas como religiones en el vacío creado por la anulación de la religión. Diría por lo tanto que el cristianismo es un tipo de vacuna contra los intentos de suprimir la libertad. Y los cristianos en esto tienen un papel fundamental para cimentar la libertad también en el Estado moderno.

--¿Qué relación existe entre cristianismo y democracia?

--Prof. Maier: Existe un vínculo muy estrecho, y empieza en el cómputo cristiano del tiempo, que no es un simple asunto de calendario, sino que expresa una concepción del mundo y de la existencia. El nacimiento de una cronología cristiana refleja una transformación de la actitud de los cristianos respecto a «este mundo»: en la medida en que interactuaba con el mundo, el cristiano se identificó cada vez más con su propio tiempo. El cálculo del tiempo en el convento medieval se transforma en responsabilidad personal y colectiva. Y esto influirá después en la estructura organizativa, administrativa, cívica, en la vida social y política de las comunidades. Es aquí donde hunde sus raíces la democracia moderna, que no por casualidad son raíces cristianas. Por esto digo que el Estado moderno tiene necesidad de los cristianos.

--¿Qué están llamados a hacer los cristianos en el Estado moderno?

--Prof. Maier: Constituyen un elemento fundamental tanto de crítica como de legitimación de la democracia. La participación política y social se convierte por lo tanto en una responsabilidad que pesa sobre los cristianos, especialmente en tiempos como los nuestros, en los que todos se sustraen del compromiso directo en primera persona. Para desarrollar esta tarea suya, los cristianos están llamados a unirse, a buscar vínculos con los otros. Nunca hay que olvidar que uno de los factores que llevaron a la afirmación del nazismo en Alemania fue la división entre católicos y protestantes, que no supieron hacer frente común.

--El jurista alemán Ernst-Wolfgang Böckenförde sostiene que «el Estado liberal secularizado vive de presupuestos que no puede garantizar». ¿Puede el Estado reproducir por sí aquel ethos sobre el cual él mismo se sostiene?

--Prof. Maier: Es estado puede garantizar las condiciones en las que ese ethos liberal que lo sostiene puede reproducirse, pero no puede él mismo reproducirlo por vía político-administrativa. Era la pretensión de los modernos totalitarismos decretar por sí mismos los valores. También el Estado «laico» tiene necesidad de los valores que expresan los ciudadanos. Vive de los impulsos y de las fuerzas vinculantes que la propia fe religiosa transmite a sus ciudadanos. He aquí por qué es bueno para el Estado reconocer el papel de la religión. Y en Europa esto significa tener conciencia de la importancia ejercida por la tradición judeo-cristiana.

--Ello llama a un mayor papel público de las Iglesias. ¿Cómo se conjuga con la laicidad del Estado?

--Prof. Maier: Hay que distinguir a los sujetos. Los actores de la política, de la economía, de los social, son los cristianos laicos. A ellos corresponde dar cuerpo en la esfera pública a lo que viven dentro de la Iglesia. Los sacerdotes no se ocupan de política, sino de anunciar el Evangelio y celebrar los sacramentos. Por lo demás, el Concilio Vaticano II fue claro para quien tuviera dudas: «prelados políticos» no están admitidos, y gracias a Dios, ello ha mandado al desván los conflictos entre Iglesia y Estado.

--¿Pero en la Iglesia hay democracia?

--Prof. Maier: La Iglesia no es una democracia, sino una comunión. No existen unos arriba y otros abajo, sino que entre todos los creyentes existe una relación horizontal. Aún no siendo democracia en la que las decisiones se toman por mayoría de los miembros, en la Iglesia existen en cualquier caso elementos democráticos. Desde las primeras comunidades cristianas se ha desarrollado una opinión pública en el interior de la Iglesia, una articulación de pensamiento. Y elementos de democracia los tenemos también en la propia elección del Papa.