Hay que poner a Dios al centro, no a nosotros

Reflexión de Francisco en la Audiencia general

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) José Antonio Varela Vidal | 2411 hits

Durante la mañana de este miércoles, el papa Francisco acudió a una nueva cita en la plaza de San Pedro con los fieles y peregrinos llegados de Roma y del mundo dispuestos a escuchar su catequesis semanal por el Año de la Fe. Como parte de su intervención, el santo padre aseguró sus oraciones y cercanía con los daminificados y familiares de las víctimas del reciente terremoto que afectó al sur de Irán.

Fue así que el Catequista universal centró su reflexión en el “Sentido y alcance salvífico de la Resurrección”, preguntando a los presentes acerca del significado de este hecho para la vida de los cristianos y por qué sin ella, “es vana nuestra fe”.

Es como una casa, afirmó, “si los cimientos ceden, toda esta se derrumba”…

Hizo ver que después de que Jesús se ofreció a sí mismo en la cruz, tomando sobre sí los pecados de la humanidad, con la Resurrección “llega algo nuevo: somos liberados de la esclavitud del pecado y nos volvemos hijos de Dios, somos engendrados por lo tanto a una vida nueva”, a través del sacramento del Bautismo.

Porque como san Pablo, en la Carta a los Romanos capítulo 8 versículo 15 dice: "Ustedes han recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace exclamar:" ¡Abbá, Padre!", también los cristianos deben tener la seguridad de que Dios “es un padre para nosotros”, subrayó.

Un padre --Dios, “que nos trata como hijos, nos comprende, nos perdona, nos abraza, nos ama aún cuando cometemos errores”. Iluminó esta idea con el profeta Isaías, quien en el capítulo 49, versículo 15 dice que aunque una madre pueda olvidarse de su hijo, Dios nunca se olvida del hombre.

Un tesoro nuevo

Contrapuso esta relación filial con Dios a un tesoro que se entierra, el cual va a “un rincón de nuestras vidas”. Este don divino es todo lo contrario: debe crecer, alimentarse cada día por la escucha de la Palabra de Dios, con la oración, la participación en los sacramentos, especialmente de la Penitencia y de la Eucaristía, y de la caridad. “¡Podemos vivir como hijos!”, dijo emocionado.

Ante una dignidad así, de hijos de Dios, Francisco invitó a vivir como depositarios de tal don, dejando  que Cristo “nos transforme y nos haga semejantes a Él”. Alertó sobre el riesgo de poner al centro a uno mismo, porque esta experiencia del pecado “daña nuestra vida cristiana, nuestra condición de hijos de Dios”.

Con toda la atención puesta en sus palabras, los asistentes recibieron un valioso consejo del santo padre: “No dejarnos llevar por la mentalidad que nos dice: "Dios no es necesario, no es importante para ti" (porque) es justamente lo contrario, ¡Dios es nuestra fuerza! ¡Dios es nuestra esperanza!”.

Dios es fiel

En medio de estos tiempos de relativismos y vías de escape, el papa invitó a ser “firmes en la esperanza”, y seguir siendo en el mundo “un signo visible, claro y brillante para todos”. Y, tal como lo viene repitiendo en estas semanas, hoy también lo proclamó: “¡El Señor resucitado es la esperanza que no falla, que no defrauda!” (cf. Rm. 5,5).

Recordó cómo en la vida del creyente hay esperanzas que se desvanecen, y expectativas que no se realizan. Pero ante estos eventos, la esperanza de los cristianos debe ser “fuerte, segura y sólida en esta tierra (..) porque está fundada en Dios, que es siempre fiel, fiel a nosotros”.

Por ello recomendó “buscar aún más las cosas de Dios, a pensar más en Él, a rezarle más”.

Advirtió que el cristiano no es alguien que se reduce a seguir “órdenes”, sino que quiere “estar en Cristo, pensar como él, actuar como él, amar como Él”. Hizo por ello un llamado a dejar que Cristo “tome posesión de nuestra vida y que la cambie, la transforme, la libere de las tinieblas del mal y del pecado”.

Finalizó el papa su Catequesis afirmando que todo seguidor del Resucitado, al verse interpelado a dar “razón de su esperanza”, debe señalar siempre a Cristo a través de “la proclamación de la Palabra, pero sobre todo con nuestra vida de resucitados”.

Invitó también al creyente a “ayudar” al mundo con su vida de testigo. Y hacerlo en medio de un mundo “que a menudo ya no puede mirar a lo alto, que no es capaz de elevar la mirada hacia Dios”.

Saludos en español

Ante la presencia de cientos de fieles venidos de los países de habla española, entre ellos algunos "hinchas" de su equipo de fútbol favorito, el papa les dirigió las siguiente palabras:

“Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, provenientes de España, Argentina, México y los demás países latinoamericanos.

En particular, al grupo de las diócesis de Galicia, con sus Obispos, así como a los sacerdotes del curso de actualización del Pontificio Colegio Español, y al grupo del Club Atlético San Lorenzo de Almagro, de Buenos Aires: esto es muy importante.

Invito a todos a dar testimonio del gozo de ser hijos de Dios, de la libertad que da el vivir en Cristo, que es la verdadera libertad”.

El texto completo del papa aquí