Hermandades de toda España en camino del Rocío

Más de 100 hermandades acudirán a la ermita para venerar a la Blanca Paloma

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) Rocío Lancho García | 703 hits

Se acerca el domingo de Pentecostés y, con ello, un pueblo de Huelva recibe a miles de peregrinos  que acuden para celebrar la romería de El Rocío, una de las celebraciones marianas más importantes del mundo.

El Rocío es una aldea perteneciente al municipio de Almonte (Huelva). Majestuosas casas blancas, típicas en Andalucía, rodean a la Ermita de la Virgen del Rocío, donde reside la Blanca Paloma, nombre con el que los romeros hacen referencia a la patrona almonteña. Más de un millón de personas peregrinan desde todas las partes de España hasta este lugar para venerarla durante la romería.

La primera referencia a un lugar de culto mariano en la zona se remonta a la primera mitad del siglo XIV y se encuentra en el Libro de la montería de Alfonso XI, donde se menciona una «ermita de Sancta María de las Rocinas». Pero no fue hasta 1587 cuando Baltasar Tercero Ruiz funda en el templo una capellanía y, a mediados del siglo XVII, cambia el nombre de Santa María de las Rocinas por Virgen del Rocío. Es entonces cuando nacen las primeras hermandades y Almonte proclama a la Virgen patrona de la localidad.

La Romería, que cuenta con más de 100 hermandades,  comienza con la peregrinación a través de senderos que cruzan el Coto de Doñana y se asoman al Guadalquivir en muchos de sus tramos. A caballo, en carreta o a pie, durmiendo entre pinares, realizan los romeros el camino desde sus ciudades hasta la ermita de la Blanca Paloma, siempre siguiendo y custodiando el simpecado de su hermandad. Tirada por mulos o bueyes avanza la carreta que porta el simpecado hasta los pies de la Virgen del Rocío. El simpecado es una insignia que en las procesiones figura en la sección de cofradías de la Virgen y que ostenta el lema "sine labe concepta", es decir "Sin pecado concebida", o bien contiene una figura de la Inmaculada.

Durante los días de celebración se mezclan los cantes a ritmo de guitarras, la alegría y los trajes vistosos típicos de esta región española con el silencio, la oración y las lágrimas ante la imagen de la Virgen.

El 25 de abril comenzaron las celebraciones religiosas con la novena a la Virgen. El 5 de mayo, día de la Solemnidad de la Ascensión del Señor hubo una procesión de la Virgen con sus galas de Reina por el recorrido tradicional. El domingo 12 de mayo, se procedió al solemne traslado de a Virgen desde su pueblo de Almonte hasta la aldea del Rocío.

Pero las celebraciones más importantes comenzaron este miércoles a las 10.00 de la mañana, con la misa de Romeros en el Alto del Molinillo del Chaparral, esta misa de romeros coincide con la salida de Almonte de la hermandad Matriz, pero antes de ese día ya han partido hacia la aldea hermandades de otros puntos de Andalucía. El jueves y el viernes se celebra la eucaristía a las 11.00 de la mañana en el Santuario de la Virgen del Rocío, con asistencia de la hermandad Matriz. Y el viernes por la tarde comienza la solemne recepción de las hermandades filiales.  El sábado se celebra de nuevo la misa en el Santuario mientras se continúa la presentación de las hermandades en orden de antigüedad.  Y a la media noche se reza el Rosario procesional. El domingo de Pentecostés, a las 10.00 en el Real se celebra la misa presidida por el obispo de Huelva y  concelebrada por los capellanes de las Hermandades.

Y se llega así al momento más significativo, cuando a las 12.00 de la noche comienza el rezo del Rosario, pasan todos los simpecados por delante de la ermita hasta que llega la hermandad Matriz de Almonte, entra en la ermita y debe llegar hasta el presbiterio y éste es el momento que se conoce como "el salto de la reja".  Para finalizar, el lunes los almonteños sacan a la Virgen del Rocío en procesión por la aldea recorriendo las hermandades desde donde los sacerdotes le rezan la Salve.

Juan Pablo II acudió hasta este santuarios en junio de 1993 para rezar y honrar a la Blanca Paloma. En esa ocasión le dijo a los rocieros presentes:  “Quiero alentaros vivamente en la auténtica devoción a María, modelo de nuestro peregrinar en la fe, así como en vuestros propósitos, como hijos de la Iglesia y como fieles laicos asociados en vuestras Hermandades, a dar testimonio de los valores cristianos en la sociedad andaluza y española”

Sobre la experiencia de la Romería matizó que ésta es una "vivencia clave en la religiosidad popular y, al mismo tiempo, constituye una compleja realidad socio–cultural y religiosa. En ella, junto a los valores de tradición histórica, de ambientación folclórica y de belleza natural y plástica, se conjugan ricos sentimientos humanos de amistad compartida, igualdad de trato y valor de todo lo bello que la vida encierra en el común gozo de la fiesta. Pero en las raíces profundas de este fenómeno religioso y cultural, aparecen los auténticos valores espirituales de la fe en Dios, del reconocimiento de Cristo como Hijo de Dios y Salvador de los hombres, del amor y devoción a la Virgen y de la fraternidad cristiana, que nace de sabernos hijos del mismo Padre celestial".

Finamente les exhortó para que "seáis capaces de dar a estas raíces de fe su plenitud evangélica; esto es, que descubráis las razones profundas de la presencia de María en vuestras vidas como modelo en el peregrinar de la fe y hagáis así que afloren, a nivel personal y comunitario, los genuinos motivos devocionales que tienen su apoyo en las enseñanzas evangélicas".