Holanda: La eutanasia, terrible presión para los ancianos

Habla el cardenal de Utrecht: «no es demasiado tarde»

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UTRECHT, 3 dic 2000 (ZENIT.org-AVVENIRE).- «Tengo todavía la esperanza de que el Senado no apruebe esta ley de la eutanasia», confiesa el cardenal Adrian Simonis. Entrevistado en su casa de Maliebaan, el purpurado que en los últimos años se ha convertido en la conciencia muchas veces desoída de este país, repasa mentalmente los motivos de su esperanza.



No son muchos, indica el arzobispo de Utrecht: «El Consejo de Europa ha advertido a Holanda de que la ley de la eutanasia entra en colisión con los derechos humanos. La ley ha pasado sólo en la Cámara baja; espero que las consecuencias de esta ley sirvan para reflexionar».

El pasado 28 de noviembre el Parlamento holandés aprobó por 104 votos a favor y 40 en contra la legalización de la eutanasia, incluso para niños de doce años con el consentimiento de uno de sus padres. Ha sido la primera vez que un país da un paso tan importante para legalizar la llamada «dulce muerte» (ZENIT.org«Holanda legaliza la eutanasia, incluso para los niños»).


--Pero según los sondeos, el 80% de los holandeses están a favor de la eutanasia.

--Cardenal Simonis: Hay que analizarlos bien. Ahora en la mentalidad común reina el primado de la autonomía, el derecho absoluto a disponer de sí mismos. Según un malentendido respeto de la libertad están a favor por. Dicen: yo no pido la eutanasia para mí, pero no puedo negarla a quien la quiere. Es la cuestión afrontada en la «Veritatis Splendor», la moderna enfermedad del hombre, que no se adhiere ya a la verdad objetiva sino a la subjetividad de los sentimientos, quizá «buenos». En el razonamiento común, la verdad desaparece y queda el sentir. No vale ya lo que es verdad sino sólo «lo que siento como verdadero».

¡Qué razón tiene el Papa y qué razón tiene su «Veritatis Splendor»!

--También se dice que muchos enfermos terminales piden la eutanasia.

--Cardenal Simonis: Recuerdo la última semana de mi madre, con nosotros, once hijos, en torno a su lecho. Ella no dejaba de repetir: «¡qué peso soy para vosotros! ¿Cómo haréis para ir de vacaciones?». Los viejos sienten que son un peso. Piden la eutanasia para no ser un peso, en esta sociedad dedicada totalmente al beneficio, donde nadie tiene tiempo. Así esta ley, que pretende regalar una nueva «libertad», impone en cambio lo contrario. Olvida a los más necesitados de solidaridad humana. Ahora hay una ley que «permite». Y en un ambiente que no tiene respeto por la dignidad de los que sufren, por la vejez, por la agonía, en una población en la que la mitad se declara sin fe alguna, esta ley se convierte en una presión para los viejos: se puede, «es lícito», por tanto, ¡deja de ser un peso! Pero la petición de eutanasia es casi siempre sólo una petición de ayuda. Sólo una sociedad cruel, que no piensa más que en el dinero y en los negocios, no puede comprenderlo.

--Verdaderamente entre ustedes ya se han dado casos de eutanasia pedida por un deprimido psíquico, o sea una patología mental cuyo riesgo clínico es precisamente el suicidio. ¿Asiste el Estado al deprimido en su suicidio?

--Cardenal Simonis: El Estado tiene el deber de defender a sus ciudadanos, a todos; incluso contra sí mismos. Es un razonamiento acorde con el derecho y la razón. Pero ¿cuántas veces nosotros, obispos de Holanda, hemos usado estos argumentos filosóficos, racionales, contra los atentados a la vida? Los protestantes, los evangélicos nos reprochan incluso que usamos argumentos demasiado «racionales», demasiado filosóficos y puramente humanos. Demasiado laicos.

--¿Qué argumentos usan los pastores protestantes?

--Cardenal Simonis: Sólo argumentos tomados de la Escritura. Pero no es nuestra línea: «gratia supponit natura», la gracia no sustituye la naturaleza. Nosotros, los obispos, nos hemos arriesgado a adentrarnos en el campo técnico, hemos señalado las nuevas terapias contra el dolor, hemos indicado la presión indebida que ejercen las normas actuales sobre los médicos, que a menudo se encuentran en dificultad para negar la eutanasia, como si ya fuera un derecho...

--¿Resultados?

--Cardenal Simonis: La abundancia de nuestros documentos y declaraciones es incluso contraproducente. La prensa replica: ya están los obispos de siempre prohibiéndolo todo. Los medios de comunicación tiene una gran responsabilidad, han cambiado la mentalidad común de la gente. Paso a paso, año tras año.

--¿Y los magistrados, y los políticos?

--Cardenal Simonis: Ya... La puerta ha sido abierta por el aborto, cuya legalización pasó a duras penas, con un solo voto. En aquel entonces ya lo advertimos: «acabaréis por autorizar la eutanasia, estáis sobre un plano inclinado». No nos escucharon. He aquí ahora la eutanasia legal.

--¿Es verdad que el obispo de Roermond ha prohibido suministrar la extrema unción a quien ha dado el consentimiento preventivo a la propia eutanasia?

--Cardenal Simonis: Es verdad y es correcto. Por lo menos, no se puede pedir a la Iglesia el que bendiga sacramentalmente un acto suicida.