Hoy como ayer la Iglesia necesita evangelizadores generosos, afirma el Papa

Al recordar la figura de Timoteo y Tito

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 13 diciembre 2006 (ZENIT.org).- Benedicto XVI explicó este miércoles que hoy, como hace casi dos mil años, lo que hoy Iglesia necesita son evangelizadores disponibles y generosos.



Al recordar en la audiencia general las lecciones que dejan a los primeros cristianos Timoteo y Tito, dos de los colaboradores más cercanos de san Pablo apóstol, el Papa constató que «nos enseñan a servir al Evangelio con generosidad, sabiendo que esto implica también un servicio a la misma Iglesia».

En su alocución a los peregrinos congregados en el Aula Pablo VI del Vaticano, el Santo Padre continuó con la serie de meditaciones que viene ofreciendo sobre los primeros cristianos. En las semanas pasadas había afrontado la figura de Saulo de Tarso, el «décimo tercer apóstol».

Al hablar de Timoteo, san Pablo «encargó misiones importantes y vio en él una especie de “alter ego”, como se puede ver en el gran elogio que hace de él en la Carta a los Filipenses. «A nadie tengo de tan iguales sentimientos que se preocupe sinceramente de vuestros intereses» (2,20).

Siguió a san Pablo en sus aventuras apostólicas por Asia Menor, Tróada, Macedonia, Atenas, Corinto, Éfeso, Roma y otras localidades. Escribe con él algunas de sus cartas. Según la posterior «Historia eclesiástica» de Eusebio, Timoteo fue el primer obispo de Éfeso.

San Pablo llama a Tito «compañero y colaborador». En su nombre, por ejemplo, fue a Corinto a pedir con éxito obediencia a esa comunidad cristiana rebelde. Le envió, además, para organizar la conclusión de las colectas a favor de los cristianos de Jerusalén.

Al considerar juntas la figuras de estos dos cristianos, el Papa destacó que desempeñaron una labor decisiva en la misión de san Pablo.

«Él es, ciertamente, el apóstol por antonomasia, fundador y pastor de muchas Iglesias –aclaró--. De todos modos, queda claro que no lo hacía todo solo, sino que se apoyaba en personas de confianza, que compartían el esfuerzo y las responsabilidades».

En particular, el Papa subrayó «la disponibilidad de estos colaboradores», que les llevó a recorrer innumerables ciudades y a afrontar peligros por anunciar el Evangelio.

El Papa concluyó su meditación recordando la recomendación que el apóstol Pablo hace a Tito en la carta que le dirige (3, 8): «que los que creen en Dios traten de sobresalir en la práctica de las buenas obras».

«Con nuestro compromiso concreto, debemos y podemos descubrir la verdad de estas palabras, y realizar en este tiempo de Adviento obras buenas para abrir las puertas del mundo a Cristo, nuestro Salvador», concluyó el pontífice.