Identidad y rol del hermano religioso en la escuela de hoy

Entrevista a los educadores Fernando León, Hugo Cáceres y Marco Albani

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Por José Antonio Varela Vidal

ROMA, domingo 23 septiembre 2012 (ZENIT.org).- Aunque trabajan a puertas cerradas, el ambiente que se percibe en el I Encuentro Intercongregacional de Religiosos Hermanos es de mucha apertura y acogida. Son 39 religiosos de 8 congregaciones dedicadas a la educación en el mundo, que hicieron un alto durante todo el mes de septiembre en Roma para reflexionar sobre su ser y quehacer.

ZENIT entrevistó “a tres voces” a un grupo representativo de los participantes, quienes desde sus propias experiencias nos contaron sus planes y visión sobre la educación actual, el perfil del religioso que educa, la nueva evangelización…

Es así que en una sala de trabajo de la Casa General de los Hermanos de la Salle, donde se desarrolla el evento, estuvieron con nosotros los hermanos Fernando León, argentino (Hermanos de la Sagrada Familia); Hugo Cáceres, peruano (Hermanos Cristianos), y Marco Albani, italiano (Hermanos de Nuestra Señora de la Misericordia).

¿Qué necesidad había de encontrarse ocho institutos de hermanos religiosos aquí en Roma?

-Hno. Fernando León: Eran varias. Una, la necesidad de encontrarnos desde nuestra identidad común de ser hermanos para revitalizar nuestra misión en el mundo.

-Hno. Hugo Cáceres: Frente a estos cambios tan grandes, buscamos reconocer desde una experiencia muy contemplativa del corazón, algunos rasgos de nuestra identidad que van a prevalecer en el futuro.

-Hno. Marco Albani: Es un óptima oportunidad para superar nuestros límites como congregaciones. Tenemos tantas experiencias para compartir y que aprender…

Uno de los temas ha sido la identidad del hermano educador hoy. ¿Cómo se ha ido perfilando este durante las semanas de trabajo?

-Hno. Hugo Cáceres: Tiene mucho que ver con nuestro don a la Iglesia, que es la fraternidad. Es así que al reconocernos como hermanos, y en el esfuerzo de formar una comunidad internacional durante un mes con elementos tan variados y disímiles, reconocemos que lo más central es esta contribución única que los hermanos podemos dar, que es la fraternidad.

-Hno. Fernando León: Sí, un don de la fraternidad que tiene mucho que ver también con la horizontalidad. En este caso, a las congregaciones no nos convocó ninguna instancia superior que no fuéramos nosotros mismos los hermanos, y esto ya es un puntapié inicial de horizontalidad que también queremos compartir con los laicos.

-Hno. Marco Albani: Queremos definir al hermano, pero sin darle límites, sino que sea algo muy abierto. Porque quien es hermano tiene un don grande, que tiene que ver con nuestra llamada, con nuestro servicio en el mundo.

También han analizado los desafíos actuales a su trabajo, ¿cuáles son los que más destacan?

-Hno. Marco Albani: Me gustaría reutilizar una expresión que hemos escuchado varias veces en estas jornadas: ser memoria incómoda de Jesús, con una dimensión profética. Porque más que hacer cosas, hay que ser una presencia que incomoda, que interpela a quien no entiende que la Iglesia es esencialmente una comunión, que incomoda a quienes proponen una comunión no real, no sustancial.

-Hno. Fernando León: Otra muy importante en la línea de los carismas y de la mision compartida, es ser alma en el mundo con los laicos. Por la situación nueva en la que se encuentran nuestras congregaciones, los laicos nos piden ser almas, ser animadores de esta misión y de este carisma.

-Hno. Hugo Cáceres: La primera forma de la vida religiosa fue laical. Entonces, al reconocer esto también nos ponemos en una posición en la Iglesia que recuerda esta posición peligrosa de Jesús, quien desafia el sistema social, al mismo sistema eclesial; y al mismo tiempo nos permite estar muy cerca del pueblo, desde el cual podemos beber fuentes de espiritualidad nuevas. Nosotros pensamos que esta sería una contribución propia, que tiene que ver con esta gran sed espiritual que hay en el mundo, que está como desarticulada de la liturgia oficial, o de los modos tradicionales por los cuales se expresa la espiritualidad.

A nivel educativo, vemos que los padres de familia en países laicos, vuelven a llevar a sus hijos a los colegios católicos… ¿Por qué?

-Hno. Hugo Cáceres: Justamente hoy, el hermano Álvaro, de los Hermanos de la Salle, nos decía que las escuelas católicas vuelven a ser el hogar de los niños, casi como un hogar alternativo... Son padres que trabajan y que dejan a sus hijos casi todo el día en la escuela. Como están incapacitados para transmitirles los valores de la familia cristiana, vuelven a poner sus ojos en la escuela católica.

-Hno. Fernando León: Seguramente que los motivos son variados, no hay una causa única. Pero una muy triste que habría que mencionar es que en muchos casos, los padres de familia no llevan a sus hijos a la escuela, sino que “depositan” a sus hijos en la escuela, para que allí les “depositen” a su vez conocimientos y saberes. Y en este sentido, también nuestras escuelas deben ser presencia y memoria incómoda, molesta, en el sentido de que los chicos no son para “depositar conocimientos”, sino que son personas, son sujetos y necesitan ser amados sobre todas las cosas.

-Hno. Marco Albani: Un motivo sería porque las familias que no pueden seguir a sus hijos, delegan en la escuela esta tarea y ven en la escuela católica un ambiente bien organizado y seguro. Lamentablemente, es para pocos una elección ligada a la fe. Pero, partiendo de este material humano que se nos ofrece, queremos ser esta memoria incómoda que hablábamos antes.

¿Y cómo formar a esos niños del futuro, que serán los líderes de la sociedad?

-Hno. Marco Albani: El Evangelio debería ser el libro guía de la escuela católica, son valores que se comparten con quien es creyente y con quienes no lo son. Nosotros insistimos sobre la educación a la libertad, a la solidaridad, a la acogida. Y tratamos de hacerlo junto a los profesores, para que sea una familia convencida de tener una misión que lleve adelante un mensaje evangélico.

-Hno. Fernando León: Nosotros hemos educado a muchos de los líderes que han gobernado y se han hecho cargo del mundo en que vivimos, y diría que hemos fracasado. Antes que nada, debemos educar y no depositar conocimientos, ni valores, sino construirlos juntos, en el aula, en la calle, con los chicos… De tal modo que todos aprendemos y todos enseñamos; donde lo que aprendemos lo descubrimos juntos, y lo que enseñamos lo hacemos desde nuestra propia praxis. Yo creo que es desde esa experiencia que se construyen personas, que después no pretendan estar primero que los demás.

-Hno. Hugo Cáceres: La escuela católica no está llamada ahora a transmitir la doctrina católica, sino a una relectura profunda del Evangelio, para que la figura de Jesús se restituya en el corazón de los jóvenes. Pero esta tiene que ser una lectura tan abierta, que permita que los jóvenes también la descubran. Entonces, educación religiosa no es ya educación para la fe, como estaba definida, sino una educación para la espiritualidad, para crecer en interioridad y permitirle así a la persona que lo descubra ella misma, con la suficiente habilidad para desgranar el Evangelio.

¿Cómo han analizado el trabajo educativo en los países sin libertad religiosa?

-Hno. Hugo Cáceres: Muchos de nuestros hermanos trabajan en el mundo musulmán o en zonas como China, donde no existe una educación específica para la fe. Entonces allí está el valor del testimonio, la cercanía, la apertura, de destruir las barreras que nos hacen los dueños de una verdad. Estos son elementos constitutivos de lo que sería la misión del futuro, y no pensamos en una misión “ad gentes”, sino en una misión “intra gentes”. En una misión en la que sintamos que estamos caminando juntos en la búsqueda de una verdad que siempre es elusiva, que siempre está más allá de lo que nosotros podríamos creer.

-Hno. Fernando León: De los países donde nosotros encontramos más limitaciones, probablemente sea la India. Pero aún allí, y donde yo vivo que no tiene una escuela a su cargo, educar no es sinónimo de tener escuelas. Educar es construir las personas, por lo que los espacios educativos son infinitos, tantos como las relaciones humanas. Por lo tanto, no hay ley que pueda impedir el hecho educativo, aunque no podamos tener instituciones propias. Creo que esto tambien lo aprendimos del maestro Jesús, quien no pudo enseñar muy cómodo en la sinagoga, o en sus discípulos, que fueron expulsados de la misma.

En pocos días comienza el Sínodo de los Obispos para la Nueva Evangelización, ¿Cuál ha sido su reflexión sobre esta “estrategia” de reavivar la fe?

-Hno. Hugo Cáceres: Como educadores sabemos que lo que nos guía son preguntas, interrogantes. Frente a un alumno es mejor plantear una pregunta. Tenemos algun temor de que el Sínodo empiece con certezas, de que “ya sabemos lo que queremos” y al final, hacemos un documento que esté de acuerdo con lo que trajimos... El Sínodo tendría que hacer preguntas específicas sobre la fe, y respondidas por distintas personas. Ya sea por creyentes y no creyentes, de distintos mundos y de distintos géneros. Entonces eso sí nos va a llevar a profundizar en nuestra fe.

-Hno. Fernando León: Creo que si partimos de decir “esta es la verdad de la fe”, el Sínodo murió antes de empezar. Yo creo que el camino es buscar a Dios y para buscarlo hay que empezar con una actitud de búsqueda. Empezar con la humildad de Jesús, que siendo Dios no se aferró a esa condición, sino que se unió a la nuestra para enseñarnos a buscar juntos, a caminar con nosotros. Creo que ese es el camino de la Iglesia, el “camino del hombre”, como decía Juan Pablo II. Y en un encuentro también con las demás religiones y con los no creyentes.

-Hno. Marco Albani: La nueva evangelización no es volver a proponer un catecismo para conocerlo. Sino que tendría que volver a meter al centro el mensaje auténtico del Evangelio. Como la nueva evangelización está unida al discurso de la fe, se trata de revitalizar esa fe que está seguramente presente en el corazon de los hombres. Esto se revitaliza haciéndoles descubrir el deseo de Dios. Nuestra tarea es suscitar esa sed de Dios, la necesidad de respirar a Dios y de conocer nuevos aspectos, porque es bello descubrir los nuevos rostros de Dios.