India, Ucrania, Siria y Tierra Santa, desafíos actuales de la solidaridad eclesial

La Reunión de las Obras de Ayuda a las Iglesias Orientales concluye su 85 encuentro

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Por H. Sergio Mora

ROMA, miércoles 20 junio 2012 (ZENIT.org).- La 85 Reunión de las Obras de Ayuda a las Iglesias Orientales (ROACO por sus siglas en italiano) que inició el martes 19 con una misa en la iglesia romana de Santa María en Traspontina, se concluyó este miércoles 20 con la audiencia de Benedicto XVI.

Entre los desafíos actuales de la ROACO figuran apoyar a la Iglesia en India, a la Iglesia greco–ortodoxa en Ucrania que debe dialogar en la caridad con los ortodoxos; detener el éxodo de los cristianos en Siria como en Tierra Santa, Israel, Palestina y los Santos Lugares, tentados de emigrar. Pero también dar apoyo al diálogo interreligioso con los musulmanes, para construir países que estén fundados sobre la libertad de culto y el respeto de los derechos humanos y con la posibilidad para todos –minoría incluidas– de poder ejercer el proprio rol y la propia función.

La ROACO es un comité que reúne a todas las agencias y obras de diversos países del mundo que se empeñan en sostener financieramente diversos sectores, como la construcción para los lugares de culto, bolsas de estudio, instituciones educativas y escolares, y asistencia sanitaria. Está presidida por el prefecto de la Congregación de las Iglesias Orientales y su vicepresidente es el secretario del dicaterio. Además de la Catolic Near Eas Welfare Association (EE.UU.) aprobada por Pío XI en 1928, y la Pontificia Misión para Palestina (EE.UU.) creada en 1949, la integran agencias que recogen ayuda en Alemania, Francia, Suiza, Países Bajos y Austria.

Entre los invitados del encuentro de dos días estaba el obispo mayor siromalabar en India, el cardenal Georges Alencherry; el arzobispo mayor grecocatólico ucraniano, su beatitudSvjatoslav Ševčuky el nuncio apostólico en Siria, monseñor Mario Zenari.

El cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación de las Iglesias Orientales en su homilía recordó que “Es Cristo Señor quien nos convoca” porque “Él nos conducirá con pensamientos y obras al lado de mundo” y con “el espíritu de compartir y de servicio” desde el momento que somos “anunciadores y testigos”.

Invitó también a verificar “los personales retrasos o incluso la constante insensibilidad ante las pobrezas que se asoman de manera creciente en la sociedad. El examen de conciencia se impone además a nivel eclesial y en nuestras agencias, como en el dicasterio, pues estamos llamados a ser expresión luminosa de la caridad de la Iglesia entre los hermanos y hermanas orientales”.

“Nuestro pensamiento –indicó– por la querida Siria se nutre de estas convicciones evangélicas y comienza en la oración”, y recordó que “en el cáliz de Cristo que elevaremos con Él al Padre, están las lágrimas, particularmente de quienes están más indefensos e injustamente golpeados. Y mientras tanto, compartimos la desorientación de quienes se dirigen al Señor para pedirle: hasta cuándo?”

Pocos días antes, en la Radio Vaticano, el purpurado recordó que en los lugares en los que rige la violencia, el diálogo interreligioso debe imponerse a través de la solidaridad, el conocimiento mutuo y la ayuda de todos, de manera que se construyan países fundados sobre la libertad religiosa, el respeto de los derechos humanos y la posibilidad para todos –minoría incluidas– de ejercitar el proprio rol, la propia función”.

Teniendo presente que estas “Iglesias testimonian la fe cristiana no solamente con la palabra, sino también con el martirio: esta es una realidad que nos hace venerar a estas Iglesias por su testimonio de la Sangre de Cristo y de su Cruz”.