Intervención de la presidenta de Manos Unidas

Durante la presentación del Mensaje del Papa para esta Cuaresma

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CIUDAD DEL VATICANO, martes 22 de febrero de 2011 (ZENIT.org).- Por su interés para los lectores de lengua española, ofrecemos la intervención íntegra de la presidenta de la asociación caritativa española Manos Unidas, Myriam García Abrisqueta, hoy durante la rueda de prensa de presentación del Mensaje del Papa para la Cuaresma 2011.

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Antes de nada y con absoluta humildad, quiero dar las gracias al Señor por estar aquí para la presentación del mensaje de Su Santidad Benedicto XVI a la Iglesia universal para la preparación de la Cuaresma de 2011. Es para Manos Unidas un gran honor que el Pontificio Consejo Cor Unum nos haya elegido en esta ocasión para acompañarles y lo hago con la alegría y emoción que me produce poder compartir el tesoro de nuestra fe con Ustedes...

Como señala el documento, la Cuaresma es un tiempo para reavivar - para vivir de nuevo o vivir más intensamente - la gracia del Bautismo en nosotros. De la fuente del Bautismo brota el agua de la caridad - del amor gratuito y desinteresado - que a través de tantas asociaciones caritativas de la Iglesia distribuye los dones, bienes, ansias de justicia y talentos de los fieles entre los más pobres de todo el mundo. Y yo querría dar testimonio de esto.

El hombre ha sido creado por Dios con una inmensa dignidad y nos ha hecho hermanos unos de otros, hijos suyos, por esa condición también nos ha dado un corazón sensible a las necesidades de los más próximos a nosotros. Nos ha dado un corazón COMPASIVO, (que tiene la capacidad de moverse con auténtica Pasión por el otro...) Es teniendo en cuenta esta vinculación de hijos de Dios, este ser ungidos y elegidos por el Bautismo, y este ser regalados con el don del Amor como podemos explicar el nacimiento de Manos Unidas, pues nació como compromiso que brota de la vocación cristiana.

Las mujeres de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas, hace algo más de 50 años, lanzaron un grito de atención hacia el hambre en el mundo. En una hermosa expresión del "genio femenino" en la Iglesia, hicieron público un manifiesto en el que se unen de forma magistral su deseo natural de mujeres y la acción del amor de Dios en ellas. Así se ven movidas, por su naturaleza y como madres, a dar y proteger la vida; y como mujeres católicas llamadas por Jesucristo, "a dar testimonio de un amor universal y efectivo por la familia humana".[1] Como consecuencia de este manifiesto, las mujeres de la Acción Católica Española iniciaron "la Campaña contra el hambre", que llegó a ser Manos Unidas.

Ellas no podían permanecer tranquilas viendo el sufrimiento de los hombres que vivían y morían sin el derecho a la dignidad plena a la que habían sido llamados.

Y se pusieron a trabajar con verdadero espíritu de sacrificio y servicio para hacer posible que en España hubiera una conciencia mayor de amor al prójimo. Nunca pensaron que estaban haciendo algo distinto a lo que les exigía su condición de hijas de Dios y así seguimos pensando hoy en día.

Ya desde el principio entendieron que tenían que luchar contra el hambre de pan, el hambre de cultura y el hambre de Dios. Que lo tenían que hacer desde la sensibilización y la educación de nuestra rica sociedad, sin olvidar la importancia de lo pequeño, desde las acciones domésticas hasta la cooperación con los organismos internacionales y hacerlo, al mismo tiempo, a través de acciones concretas de desarrollo, donde la dimensión del amor siempre estuviese presente, pues siempre, desde nuestro origen, hemos pensado que el autentico desarrollo se da donde la persona es amada.

Desde entonces, esta asociación ha ido creciendo y hoy es una hermosa realidad, en la que participamos miles de hombres y mujeres. Siempre unida a la Iglesia, en la que nació y a la que pertenece.

A través del tiempo hemos ido fortaleciendo una espiritualidad profundamente eclesial, porque queremos servir a la Iglesia, queremos ser instrumento para llevar la verdad de Cristo y del Evangelio – al mundo - a través de la misión que la Iglesia en España nos ha encomendado: favorecer el desarrollo integral y auténtico en los pueblos en vías de desarrollo, unidos a los que de un modo u otro participan de nuestro trabajo, apostolado y servicio.

De este modo, esta organización de la Iglesia en España ha podido estar al lado de hombres y mujeres de más de 60 países a través de unos 25.000 proyectos de desarrollo.

Me gustaría insistir en que lo que hace posible nuestro trabajo en tantos proyectos y países - colaborando con misioneros, Cáritas locales, órdenes religiosas, ONG locales u organizaciones de base - es la vida bautismal que se desarrolla en las comunidades cristianas, pues nuestro trabajo tiene mayoritariamente su origen en la gratuidad que aportan miles de voluntarios distribuidos en delegaciones diocesanas, y en las pequeñas colectas hechas por fieles en parroquias y colegios de toda España, en una infinidad de pequeños gestos de personas que, como la viuda del evangelio, dando lo poco que tienen, lo dan todo. [2]

En efecto, Manos Unidas es una institución formada por voluntarios, puesto que, aunque hay profesionales que trabajan con nosotros, el peso de la responsabilidad lo llevamos los seglares que de modo gratuito, con sencillo espíritu de entrega, colaboramos como voluntarios en todos los campos en los que es necesario estar presente para llevar a cabo la misión encomendada. Podemos decir con alegría que en todas las parroquias, arciprestazgos y diócesis hay voluntarios que, según sus capacidades y posibilidades, aportan su tiempo, sus conocimientos, su sacrificio. Así nos unimosa todas las personas de buena voluntad que comparten nuestro sueño de compromiso gratuito, especialmente en este año 2011, que la Unión Europea ha consagrado a los voluntarios y que marca el décimo aniversario del Año del Voluntariado de las Naciones Unidas.

Con espíritu de fe y con una gran confianza en la Divina Providencia, Manos Unidas ha ido fortaleciendo la espiritualidad de sus voluntarios enraizada en nuestro Bautismo que nos hace ser testigos de un amor más grande, el amor de Dios por el hombre. Un amor que se expresó y materializó en la encarnación del Verbo, asumiendo la condición del hombre, pero que no se conformó con eso, sino que se quiso identificar con aquellos que menos tienen: "tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me recogisteis, estaba desnudo y me cubristeis…" [3]

Esta es la consecuencia de los que el Santo Padre llama "la aventura gozosa y entusiasmante del discípulo" [4] Es un claro ejemplo de la caridad operante que nace del bautismo. Es la caridad que no se pierde en un acto emocionalmente intenso, pero fugaz; sino que es sostenida por la Gracia en el tiempo.

Nuestro trabajo, en las instituciones de Caridad de la Iglesia, de modo discreto y seguramente secundario, no pretende otra cosa que ayudar al hombre de hoy a encontrarse con ese Cristo muerto y resucitado, para que descubran que todos, cada uno en su situación concreta, sin distinción de raza, sexo, color, cultura, edad, formación, están llamados a vivir la vida de Cristo.

Manos Unidas, con el resto de instituciones de la Iglesia que se dedican a la caridad, puede ayudar al hombre de hoy abriendo caminos por los que encauzar sus buenos propósitos, sus deseos de servicio y su auténtica vocación. La caridad, nos ha dicho el Santo Padre, es "es el mejor testimonio de Dios en el que creemos y que nos impulsa a amar. [5]

Cuando en el corazón del hombre se fomenta el desprendimiento, el servicio, la generosidad, el deseo de entregarse al prójimo, se está fomentando el rechazo de esa vida que quedó enterrada con el Bautismo que es la vida de pecado y de autosuficiencia que se mantiene en nuestro interior.

Termino estas palabras que se me ha pedido dirija con motivo del comienzo de la Cuaresma de este año dando gracias a Su Santidad por sus enseñanzas que nos ayudan a todos a poner de nuevo las cosas en su sitio, a redescubrir la necesidad de vivir el Evangelio con sencillez y humildad, pero también con generosidad y entrega. Su última Carta Encíclica sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad, Caritas in veritate ha sido un nuevo aliento en nuestro trabajo diario por hacer de este mundo algo más hermoso, donde Cristo se pueda hacer presente.

Espero que esta Cuaresma nos traiga el fruto deseado: la Resurrección y la Vida Eterna que el Señor ha ganado para todos en la Cruz, en su sacrificio redentor.

Pongo a disposición del Señor, el trabajo de todos los que estamos al servicio de la CARIDAD, nuestras Manos y Corazones Unidos.

Muchas gracias.

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1 Manifiesto de la UMOFC. 2 de julio de 1995

2 Cf. Mc.12, 41-44

3 Mt 25, 35ss

4 Homilía en la fiesta del Bautismo del Señor, 10 de enero de 2010

5 DCE 31

[Texto publicado por el Vatican Information Service]