Intervención de la Santa Sede sobre los países menos desarrollados

Discurso de monseñor Tomasi en la ONU

| 1245 hits

ESTAMBUL, lunes 23 de mayo de 2011 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación una traducción al español realizada por ZENIT de la intervención, hecha pública hoy, de monseñor Silvano Tomasi, jefe de la delegación de la Santa Sede ante la IV Conferencia de la ONU sobre los Países Menos Desarrollados (PMD) que se celebró en Estambul (Turquía) del 9 al 13 de mayo.

* * * * *

Señor presidente,

Ante todo mi Delegación desea dar las gracias al Gobierno de Turquía por la eficiente organización de esta oportuna e importante conferencia y por la gran hospitalidad del pueblo turco.

Señor presidente,

1. El paradigma de desarrollo de los PMD utilizado en los últimos años se ha demostrado ineficaz. Desde el inicio de este milenio, el crecimiento constante (7 % anual desde el 2002 al 2007) en muchos PMD no se ha traducido en una situación mejor para la gente. El número de personas muy pobres de hecho ha aumentado (más de tres millones al año desde 2002 a 2007). En 2007 el 59 % de la población de los PMD de África vivía con menos de 1,25 dólares estadounidenses al día.

2. Actualmente el crecimiento en muchos de estos países se debe principalmente a la explotación y la exportación de recursos naturales, especialmente de las reservas mineras, mientras el crecimiento en los demás sectores no es sólido o consistente. Por desgracia, el crecimiento obtenido en el sector extractivo es objeto de muchas controversias sobre la distribución de la renta y el impacto en las comunidades locales, y crea un número de puestos de trabajo significativo en la fase explorativa y constructiva del proyecto, pero muy pocos a largo plazo. Todo ello se une a investigación del ILO (Organización Mundial del Trabajo, ndt) que muestra un aumento de la fuerza de trabajo en los PMD del 2,5 % al año, pero las oportunidades de empleo no se corresponden ni con el fuerte crecimiento ni con la demanda de trabajo. El impacto de estas oportunidades de empleo limitadas se nota de forma particular en los jóvenes y en aquellos que entran por primera vez a formar parte de la fuerza laboral. Se registran éxitos en los países que han desarrollado algunas capacidades productivas como la horticultura, por ejemplo en Uganda y Etiopía. También Ghana y Kenia, que no forman parte de los PMD, han registrado buenos resultados en este campo.

3. El análisis de la realidad actual en el grupo de los PMD ha empujado a la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD), en su Informe sobre los Países Menos Desarrollados de 2010, a proponer una nueva arquitectura de desarrrollo internacional que exige una aproximación más completa a los retos del desarrollo. Debe observarse que durante la sesión del Consejo para el Comercio y el Desarrollo (TDB) del UNCTAD dedicado a los PMD, la mayoría de los grupos se expresó a favor de la nueva arquitectura internacional propuesta para el desarrollo. Varios grupos insistieron también en la necesidad de incluir consideraciones específicas para la gestión de las situaciones post conflicto, la reconstrucción de infraestructuras y la producción agrícola, mientras otros reafirmaron la necesidad de valorar las aproximaciones territoriales a estas cuestiones. La Santa Sede apoya esta nueva postura y centrará su intervención en tres temas.

4. El primer tema mira a los pilares del “desarrollo humano integral”.

En la Carta encíclica Caritas in veritate publicada el 7 de junio de 2009, el Papa Benedicto XVI examina la doctrina básica sobre el desarrollo presentada en la carta encíclica de Pablo VI sobre “El desarrollo de los pueblos” (Populorum progressio) en 1967: “El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre” (n. 14). Para nosotros es importante recordar esta enseñanza básica sobre la naturaleza del desarrollo y recuperar su verdad central mientras reflexionamos sobre los retos específicos que plantean los PMD en esta conferencia ministerial.

Desde 1967 se han propuesto e intentado numerosas teorías y aproximaciones al desarrollo y esto ha llevado a una comprensión más profunda de los desafíos compejos y cambiantes que este tema presenta. Sigue siendo verdad, sin embargo, que hay aún millones de personas que no tienen acceso, o sólo tienen acceso limitado, a los bienes y a los beneficios ofrecidos por el desarrollo. Una valoración honrada de los progresos realizados se refleja en las palabras del Santo Padre, el cual escribe que “el progreso, sigue siendo aún un problema abierto, que se ha hecho más agudo y perentorio por la crisis económico-financiera que se está produciendo. Aunque algunas zonas del planeta que sufrían la pobreza han experimentado cambios notables en términos de crecimiento económico y participación en la producción mundial, otras viven todavía en una situación de miseria comparable a la que había en tiempos de Pablo VI y, en algún caso, puede decirse que peor” (Caritas in veritate, n. 33).

En muchas otras valoraciones, incluido el informe del UNCTAD citado antes, se nos recuerda que es fundamental una estructura comprensiva e inclusiva para el desarrollo internacional si se quieren obtener resultados duraderos. En al tradición de la doctrina social católica, los pilares de esta estructura se han identificado así: respeto de la dignidad humana; tutela de los derechos humanos; cuidado de la creación; participación en comunidad, subsidiariedad y solidaridad. Otros pilares considerados constitutivos de un plan de desarrollo integral son la educación, la explotación de los recursos naturales, la agricultura, la industria, el comercio, los servicios financieros, las infraestructuras y la tecnología.

Mientras seguimos reflexionando cobre los retos específicos presentados por el desarrollo de los PMD, es imperativo que estos pilares sirvan como guía en nuestros esfuerzos de promover y apoyar una aproximación al desarrollo que sea integral y auténticamente humano (El Papa Benedicto XVI reafirma esta aproximación cuando escribe: “ muchas áreas del planeta se han desarrollado, aunque de modo problemático y desigual, entrando a formar parte del grupo de las grandes potencias destinado a jugar un papel importante en el futuro. Pero se ha de subrayar que no basta progresar sólo desde el punto de vista económico y tecnológico. El desarrollo necesita ser ante todo auténtico e integral”, (Ibidem, n. 23).

5. El segundo tema trata el tipo de crecimiento necesario para un “desarrollo humano integral”.

Cualquier aproximación al reto del desarrollo debe reconocer que “el desarrollo del hombre y de los pueblos, en cambio, depende también de la solución de problemas de carácter espiritual. El desarrollo debe comprender un crecimiento espiritual más que material” (Ibidem, n. 76). Demasiado a menudo, en uso de medidas cuantificables y de criterios económicos para medir realidades como el producto interno bruto o el estrecho horizonte del crecimiento de las bolsas no consigue captar plenamente qué significa ser humanos, no tiene en cuenta la dimensión trascendente de la persona ni por tanto lo que es necesario para el desarrollo de toda la persona.

Por tanto, el crecimiento que promueve el “desarrollo humano integral” es el que incluye los pilares ya mencionados antes y que debe valorarse en función de cómo promueve el desarrollo sostenible y las comunidades, crea puestos de trabajo dignos, alivia la pobreza de las personas y ciuda del medio ambiente. Un modelo de crecimiento que comprenda estos tres objetivos construirá un ciclo económico y comerciale interno sostenible, respetuoso del medio ambiente y capaz de promover el desarrollo. Entre los elementos necesarios de este modelo de crecimiento, especialmente en los PMD, hay un sector agrícola vivo y la creación de puestos de trabajo en diversos sectores capaces de emplear al gran número de personas que entran en el sector del trabajo.

En los PMD, por ejemplo, el valor agrícola añadido para los trabajadores ha aumentado tres veces más lentamente que el PIB per cápita en los últimos 20 años. Al mismo tiempo, la dependencia de los PMD de los bienes alimentarios importados ha aumentado notablemente (se ha triplicado entre el 2000 y el 2008). En consecuencia, es entre los 2.500 millones de personas que dependen de la agricultura para el sustentamiento cotidiano donde se encuentra el mayor número de personas víctimas de la desnutrición y del hambre.

Cualquier modelo de crecimiento que se adopte debe por tanto reconocer y reforzar el papel central de la agricultura en la actividad económica, reduciendo de tal forma la desnutrición en las áreas rurales y aumentando la producción per capita con el fin de promover la indipendencia alimentaria local, regional o nacional.

Se necesitan inversiones para mejorar la productividad en los ámbitos de las simientes, de la formación, del compartir instrumentos para la cultivación y de los medios para la comercialización. Se necesitan también cambios estructurales según la especificidad de cada Estado. Por ejemplo, debemos garantizar la certeza de la posesión de la tierra a los agricultores, especialmente a aquellos que poseen pequeñas propiedades. Se podría revisar el derecho consuetudinario relativo a la propiedad de la tierra. Una ley clara sobre la propiedad ofrece al agricultor la posibilidad de comprometer la propia tierra para obtener créditos temporales para la compra del material necesario. Además, el objetivo de la posesión de la tierra se ha ido haciendo cada vez más importante ante la expansión del fenómeno de la expropiación de los terrenos. En el África subsahariana, el 80 % de la tierra está ocupada por pobres que no tienen ningún título de propiedad.

En todos los sectores de la sociedad, de la agricultura a la industria y a los servicios, ddebemos recordar que un trabajo digno es “la expresión de la dignidad esencial de todo hombre y de toda mujer: un trabajo elegido libremente, que asocie de forma eficaz a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad” (Ibidem, n. 63). El trabajo no es una mercancía. Un trabajo disno ofrece a cada uno la posibilidad de usar sus propias capacidades y de ser creativo; es el motor de un crecimiento sostenible al servicio del bien común y por tanto debe ser un objetivo central de la nueva arquitectura. El objetivo último, por tanto, es la creación de “un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar; un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz; un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual; un trabajo que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación” (Ibidem).

6. El tercer tema a recordar es el papel del Estado en la promoción de un “desarrollo humano integral”.

El número de las instituciones, de los agentes y de los actores en el área del desarrollo ha aumentado en un modo exponencial en el transcurso de los últimos años. Los compromisos oficiales de los gobiernos a favor del desarrollo, junto a los de las organizaciones voluntarias, han sido consistentes en este periodo. A estos se les ha unido agentes como las corporaciones, las fundaciones privadas y los inversores privados, cuya presencia en algunos casos ha disminuido. Consideramos que hay necesidad y espacio para todos estos agente, ya que pueden aportar perspectivas y modos de trabajar distintos, ofreciendo, de este modo, contribuciones únicas al desarrollo necesario en los países subdesarrollados. En este ámbito, sin embargo, el papel del Estado y de las autoridades regionales, internacionales y mundiales es importante y debe ser apoyado y respetado. Junto a la perspectiva católica de responsabilidad del Estado de garantizar el orden público y de promover el bien común, estos entes deben desarrollas un papel central en la organización y dirección del desarrollo en los países subdesarrollados. Esto puede resultar particularmente difícil en un contexto post-conflicto o en una situación de “Estado fracasado”.

La enseñanza de nuestra tradición con respecto a la responsabilidad de los gobiernos de poner en marcha el marco legal y las reglas para que las actividades financieras y comerciales se adecuen a su fin social y funcionen sin trampas, ha afirmando constantemente el papel positivo para un gobierno limitado que no sea ni libertario ni colectivista. Como surgió de la crisis financiera de 2008, el mercado no contiene en sí mismo los ingredientes para la corrección automática de los errores y habría llevado al colapso del sistema financiero y económico si los Estados no hubiesen actuado. El rescate de los bancos, aunque necesario, no ha evitado el doloroso impacto de la crisis en las poblaciones; ya que en última instancia la corrección de los caprichos del mercado sucede en detrimento de las poblaciones, los Estados tiene el deber de intervenir preventivamente para evitar estos sufrimiento. “La articulación de la autoridad política a nivel local, nacional e internacional es, entre otras cosas, una de las vías maestras para ser capaces de orientar la globalización económica. Es, también, el modo para evitar que esta mine, de hecho, los fundamentos de la democracia”.

Mientras se reconocen los beneficios del libre comercio para promover el desarrollo y la urgencia de eliminar la diferencia en la Conferencia de Doha para el Desarrollo, la actuación de los compromisos de introducir un acceso al mercado sin aranceles ni cuotas para los países subdesarrollados, debería estar acompañada por medidas adecuadas para proteger a los granjeros de la volatilidad de los precios que, por distintas razones , tiene un fuerte impacto sobre la seguridad alimentaria: altos precios de mercado convierten la comida en algo inaccesible a los pobres y los precios temporalmente bajos dan a los agricultores informaciones erróneas con respecto a las simientes necesarias para el año sucesivo después de la cosecha. Con el fin de prevenir la volatilidad de lo precios o al menos disminuir el impacto, las cosechas alimentarias locales deben estar protegidas de los desórdenes imprevistos en los precios internacionales. Por ejemplo, la constitución de reservas de alimentos crudos (cereales, aceite, azúcar) puede tener una ventaja doble: estas reservas pueden ser vendidas a precios asequibles en caso de agitaciones y desarrollar un papel moderados contra la volatilidad de los precios locales.

El “estado de desarrollo” desarrolla un papel único e importante en el crecimiento de un país, y, junto a otras autoridades regionales e internacionales, debe coordinar planes adecuados y constructivos. Más allá de los deberes mencionados antes, se ha indicado como esencial la responsabilidad de movilizar los recursos internos, considerados un componente determinante de una financiación estable de las prioridades del gobierno y de las exigencias del desarrollo. Se trata de una empresa tediosa y complicada, especialmente donde no existen estructuras o infraestructuras de base para llevar adelante un objetivo similar. Junto a otros recursos, como las Inversiones Directas al Extranjero (FDI), la Asistencia Oficial al Desarrollo (ODA) y las remesas de los ciudadanos que trabajan en el extranjero, estos recursos internos desarrollarán un papel fundamental en cualquier plano de desarrollo.

a. Multinacionales (grandes empresas): La presencia de compañías privadas en las comunidades, en las sociedades y en los países continúa creciendo y estas tiene un impacto amplio donde se encuentren. Su impacto sobre el desarrollo, en relación a sus dimensiones y de sus áreas de influencia puede ser significativo en las comunidades locales y en amplias secciones de la sociedad, y deberían ser vigiladas y valoradas por el Estado. Es necesario también pretender que estas adecuen sus obligaciones de buenos ciudadanos corporativos, recordando, con las palabras del Santo Padre, que “la gestión de la empresa no puede tener en cuenta solo los intereses de los propietarios de la misma, sino que debe hacerse cargo de todas las demás categorías de sujetos que contribuyen a la vida de la empresa: los trabajadores, los clientes, los proveedores de los elementos de producción, la comunidad de referencia” (Ibidem, n. 34).

b. Financiación privada y desarrollo: La presencia de instituciones financieras y de agentes privados, como los fondos de acciones y los fondos de inversión, continua creciendo en los países y en las regiones de todo el mundo. Facilitados por la constante expansión en integración de todos los aspectos del sistema financiero global, su presencia plantea una serie de retos únicos en los países subdesarrollados. Es importante que los mismos estén en una posición tal de poder beneficiarse de su presencia y asegurar que sus actividades contribuyan a un desarrollo duradero.

De nuevo, el Papa Benedicto XVI recuerda a todos los agentes en este ámbito, y vale especialmente para los inversores en los países subdesarrollados: “Se ha de evitar que el empleo de recursos financieros esté motivado por la especulación y ceda a la tentación de buscar únicamente un beneficio inmediato, en vez de la sostenibilidad de la empresa a largo plazo, su propio servicio a la economía real y la promoción, en modo adecuado y oportuno, de iniciativas económicas también en los países necesitados de desarrollo. Tampoco hay motivos para negar que la deslocalización, que lleva consigo inversiones y formación, puede hacer bien a la población del país que la recibe. El trabajo y los conocimientos técnicos son una necesidad universal. Sin embargo, no es lícito deslocalizar únicamente para aprovechar particulares condiciones favorables, o peor aún, para explotar sin aportar a la sociedad local una verdadera contribución para el nacimiento de un sólido sistema productivo y social, factor imprescindible para un desarrollo estable”. (Ibidem, n. 40).

7. Conclusión

Concluyendo, señor Presidente, los países subdesarrollados continúan afrontando retos inmensos mientras buscan los recursos y el camino hacia el desarrollo para sus ciudadanos. No existe una fórmula sencilla para conseguirlo, pero la promesa de solidaridad puede ser un fundamento para un compromiso renovado por parte d ellos que se enfrentan a este reto desde hace décadas y una indicación para los agentes nuevos en este ámbito. Existen numerosos papeles y responsabilidades diversas y esenciales para una actuación válida en el proceso de desarrollo de los países subdesarrollados. La Santa Sede, por tanto, espera un nuevo Programa de Acción para los países subdesarrollados para la próxima década. Ahora es el momento de convertir en acción concreta los compromisos realizados estos días. El futuro bienestar de los países subdesarrollados depende en gran medida del espíritu de gratuidad que nos empuja a realizar esfuerzos comunes. Trabajando juntos de manera coordinada y cooperativa, las instituciones y los agentes de todos los sectores pueden y den sostener los esfuerzos de todos los países subdesarrollados para que alcancen sus objetivos como miembros de una única familia humana.