Intervención de monseñor Zimowski en la OMS

En la 64ª Asamblea Mundial

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GINEBRA, martes 24 de mayo de 2011 (ZENIT.org).- Publicamos a continuación el discurso pronunciado por monseñor monseñor Zygmunt Zimowski, presidente del Consejo Pontificio para los Agentes Sanitarios, el pasado 18 de mayo durante la 64º Asamblea Mundial de la Organización Mundial del la Salud, que se ha desarrollado del 16 al 24 de mayo 2011.

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Señor Presidente,

para empezar, quisiera compartir con esta augusta asamblea, la alegría de los fieles católicos y de todas las personas de buena voluntad, por la reciente beatificación del Papa Juan Pablo II que fue un incansable defensor de la vida y que manifestó un gran amor por los enfermos y los que sufren.

1. El World Health Report 2010 destaca que la financiación del sistema sanitario es el canal para llegar a la deseada cobertura universal en el proveer los servicios sanitarios. Este además revela con preocupación que, no obstante los progresos realizados en algunos países, en general estamos muy lejos todavía de una cobertura sanitaria universal. Estamos en un punto muerto en el status quo, donde los ricos disfrutan de una cobertura más alta, que sin embargo falta a la mayor parte de las personas pobres, mientras que las que tienen acceso a menudo tienen que soportar costes muy elevados, a veces desastrosos, en el pago de las medicinas y los servicios. [1]

En su mensaje a la Conferencia Internacional del tema “Para un cuidado de la salud igual y humana”, Benedicto XVI expresó su propia preocupación por los millones de personas que no tienen acceso a los servicios sanitarios y ha exhortado a “un compromiso mayor a todos los niveles para que el derecho a la salud sea efectivo, favoreciendo el acceso a los cuidados sanitarios primarios” [2]. Es verdad que, para garantizar una cobertura sanitaria universal, los países pueden y deben recoger fondos suficientes, reducir la dependencia del pago directo de las prestaciones sanitarias y mejorar la eficiencia y la equidad, eliminando así las barreras de tipo económico que se bloquean el acceso a los servicios, sobre todo a las personas pobres y desfavorecidas. Por otra parte, también es verdad que muy pocos países con renta baja tienen la posibilidad de generar, sólo de los recursos nacionales, los fondos necesarios para lograr el acceso universal antes de 2015. Este triste hecho pone en evidencia la necesidad de una verdadera solidaridad global, en la que los países de renta alta no prometan solamente, sino que efectivamente cumplan sus compromisos en el tema de la asistencia al desarrollo.

Señor Presidente, como tantas veces observó el Beato Juan Pablo II, la exigencia de la solidaridad entre las naciones ricas y pobres, con el fin de garantizar el acceso universal a los cuidados médicos, no puede ser subestimada [3]. Mi delegación, por tanto, intenta recordar el llamamiento del Papa Benedicto XVI a la cooperación de la familia humana [4]. El Santo Padre, de hecho, afirma que “los estados económicamente más desarrollados harán lo posible por destinar mayores porcentajes de su producto interior bruto para ayudas al desarrollo, respetando los compromisos que se han tomado sobre este punto en el ámbito de la comunidad internacional”[5].

Tales ayudas al desarrollo, dijo el Papa, deben “ser concedidas implicando no sólo a los gobiernos de los países interesados, sino también a los agentes económicos locales y a los agentes culturales de la sociedad civil, incluidas las Iglesias locales. Los programas de ayuda han de adaptarse cada vez más a la forma de los programas integrados y compartidos desde la base” [6].

2. En segundo lugar, por lo que respecta al Plan Estratégico de la OMS para el VIH 2001-2015, la Santa Sede aprecia la importancia centrada en la eliminación de nuevas infecciones de VIH en los niños, ampliando y optimizando sus tratamientos y cuidados del VIH, que hasta hoy están retrasados respecto a los progresos realizados en el tratamiento de los adultos.

Señor presidente, mi delegación quiere destacar la importancia de la formación para cambiar los comportamientos humanos y para una vida respetable como elementos clave de la campaña de prevención. En este sentido, y por lo que respecta a la prevención del VIH/SIDA en los drogadictos, deseo expresar las reservas de la Santa Sede sobre la elección de la reducción del daño y la sustitución de los opiáceos como medida preventiva que, aunque retrase nuevas infecciones, en realidad no cura o trata al enfermo, con el fin de restituirle la dignidad y favorecer su inserción social.

3. En tercer lugar, Señor Presidente, mi delegación aprecia la atención a la prevención y al control de las enfermedades que no se transmiten y de los estilos de vida, con el fin de reducir la mortalidad precoz y mejorar la calidad de vida. En este esfuerzo, aunque comprendiendo la importancia de reforzar los sistemas sanitarios con el fin de responder con tempestividad y eficacia a las necesidades de salud de las personas afectadas, la Santa Sede desea destacar la necesidad de aumentar el compromiso político y la participación de las ONG y de la sociedad civil, en colaboración con el sector privado, especialmente en la promoción de iniciativas de prevención, y, sobre todo en el alentar estilos de vida sanos. Como algunos estados miembros han observado, estas enfermedades no transmisibles acaban por serlo a causa de la difusión del comportamiento que subyace. Esto destaca la importancia de la educación a estilos de vida sanos como componentes de la educación a la salud y para afrontar los determinantes sociales de la salud.

4. Finalmente, mi delegación comparte plenamente las preocupaciones expresadas en la resolución EB128.R15 sobre la prevención de los accidentes en los menores. A la luz de estas graves preocupaciones por la salud y la seguridad de los niños, la Santa Sede apela a la comunidad internacional para que fomente la transmisión del saber en materia de medidas e instrumentos para la prevención de los accidentes de los niños en los países de renta media-baja, donde se verifica el 95% de defunciones a causa de accidentes, y contribuya a mejorar sus servicios de asistencia urgente y de rehabilitación para los accidentes no mortales en estos ambientes en los que, entre otras cosas, las largas guerras civiles aumentan drásticamente la incidencia de los accidentes en los niños y las víctimas terminan en centros que, a menudo no tienen los medios ni los recursos para cuidar a las víctimas.

Gracias Señor Presidente. El Señor os bendiga a todos.

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[1] Cfr. WHO, The World Health Report 2010 - Health System Financing: the Path to Universal Coverage, Ginebra 2010.

[2] Benedicto XVI, Mensaje a los participantes en la XXV Conferencia Internacional organizada por el Consejo Pontificio para los Agentes Sanitarios, 15 Noviembre de 2010, Ciudad del Vaticano.

[3] Juan Pablo II, "Llamamiento a la humanidad en Ouagadougou", 29 de enero de 1990, nn. 4-5, en Enseñanzas de Juan Pablo II XII/1 (1990) 305, 306; en Giorgio Filibeck, Les droits de l’Homme dans l’enseignement de l’Eglise: de Jean XXIII à Jean-Paul II, Libreria Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 1992, p. 219.

[4] Benedetto XVI, Carta Encílica, Caritas in veritate, n. 53.

[5] Benedetto XVI, Carta Encílica, Caritas in veritate, n. 60.

[6] Benedetto XVI, Carta Encílica, Caritas in veritate, n. 58.