Intervención del cardenal Javier Lozano Barragán en Aparecida

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APARECIDA, jueves, 24 mayo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención que presentó el cardenal Javier Lozano Barragán, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, ante la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.



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“Para que nuestros pueblos tengan vida en El”, Cristo envió a sus apóstoles y discípulos a predicar el Reino de Dios y a curar a los enfermos. En América Latina desde los inicios de la Evangelización los discípulos y misioneros del Señor han cumplido con este doble mandato ajustándose a las diversas épocas y circunstancias.

En el Mensaje de la Jornada Mundial del Enfermo del año jubilar del 2000, Juan Pablo II describió la salud como la tensión hacia la armonía física, psíquica, social y espiritual, y no tan solo la ausencia de enfermedades, que capacita a la persona a cumplir la misión que Dios le encomienda, según la etapa de la vida que le toca vivir.( Cfr. Juan Pablo II Mensaje para la VII Jornada Mundial del Enfermo, 6.8.1999) Consiste así la salud en procurar la armonía que capacita para cumplir la misión; conlleva combatir las enfermedades, pero no se queda sólo allí; las combate con una finalidad muy definida que es la armonía integral para el cumplimiento de la misión recibida.

Nuestro actual Santo Padre el Papa Benedicto XVI, en diversas ocasiones ha insistido en renovar y profundizar la Pastoral de la Salud. Nos ha invitado a formar las conciencias en este campo y orientar así sobre la enfermedad, el sufrimiento, la muerte y la vida. Nos ha pedido seguir uniendo a los agentes de Pastoral de la Salud y actualizarlos dentro de la problemática hodierna en el campo científico, técnico, político y moral. En especial nos ha invitado a aplicar su primer Encíclica “Deus Caritas est” y su Exhortación Apostólica “Sacramentum Caritatis” al mundo de la salud, teniendo como centro la Eucaristía que será, cito “la linfa vital que conforta al que sufre” y da fuerza al agente de Pastoral de la Salud, quien como “Buen Samaritano” opera en este preciado campo de la acción de la Iglesia.

En este contexto, la Pastoral de la Salud rebasa la Pastoral social y va más allá de una beneficencia que se haga ayudando a los enfermos a curarse, es la respuesta a los grandes interrogativos de la vida como son el sufrimiento y la muerte, a la luz de la muerte y resurrección del Señor.

La salud es un tema que hoy en día está en primera línea entre los intereses que mueven al mundo. Sin embargo, su propuesta casi cotidiana a través de los mass media, muestra una salud que no trasciende la armonía física corporal, o quizá psíquica; acentúa además el peligro de las enfermedades emergentes y su posible cura. Se finaliza en la belleza corporal y el goce sin término cerrados en sí mismos. Esta salud se suele proponer sin una finalidad que la trascienda, cerrada en sí misma, destinada por tanto a marchitarse y morir. En este mismo contexto, en la cultura actual no pareciera caber la muerte, y ante su realidad acuciante, simplemente se trata de ocultar.

Abriendo la salud a la armonía integral del hombre, resaltando su tensión hacia la armonía física, mental, social y espiritual, se torna la Pastoral de la salud en un anuncio práctico de la muerte y resurrección del Señor, única verdadera salud. Tiene su sentido último en la Palabra de Dios que se realiza en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía, y aúna en esta economía sacramental del amor de Cristo, el amor de tantos “buenos samaritanos”, sacerdotes, laicos y profesionales de la salud: médicos, enfermeras, farmacéuticos, administradores de centros de salud y demás personas que se ocupan del ramo, que profesan su fe católica cumpliendo la misión recibida de Cristo de curar a los enfermos.

América Latina y el Caribe cuentan con 32,116 instituciones católicas que se dedican a la Pastoral de la salud (toda Europa cuenta con 35,929). Estos inmensos recursos de evangelización, que recientemente muchas veces hemos descuidado, debiendo aprovecharlos al máximo. Nuestra Quinta Conferencia del Episcopado latinoamericano es para mejorar la vida de nuestros pueblos con la vida misma de Cristo. ¿Qué mejor que mejorar nuestra vida cuando se encuentra más amenazada por el quebranto de la salud, y más aún, qué mejor que mejor que dar a nuestros pueblos la vida de Cristo resucitado venciendo definitivamente la muerte, cuando en la enfermedad parece no haber ninguna solución, especialmente al encontrarnos con los enfermos más desprotegidos?

Permítaseme ahora una breve alusión a un punto urgente: la pandemia mundial del SIDA, que por desgracia en lugar de menguar sigue creciendo. Gracias a Dios nuestros países latinoamericanos y del Caribe no están tan golpeados como otras partes del mundo, pero no por ello no debemos de preocuparnos. De acuerdo al porcentaje de enfermos de SIDA en cada país latinoamericano, según las últimas estadísticas de que disponemos, su lugar por orden descendente de afectación por la pandemia es como sigue: Guyana, Belice, Surinam, Honduras, Panamá, El Salvador, Guatemala, Venezuela, Perú; en seguida, con el mismo porcentaje: Colombia, Argentina y Brasil; luego Paraguay y Costa Rica; después, con el mismo porcentaje, Ecuador, Chile y México; finalmente, Nicaragua y al último, Bolivia. En el Caribe, su lugar, también por orden descendente, es: Haití, Bahamas, Trinidad Tobago, Barbados, Jamaica, República Dominicana y Cuba. En total, afectados por el SIDA en Latinoamérica, 1.565,300 y en el Caribe: 330,000. El porcentaje de enfermos de SIDA en América Latina con relación a su población total es de 0.31%; en el Caribe es de 0.76%.

En números absolutos el país más afectado es Brasil con 620,000 enfermos; el menos afectado es Bolivia con 7000 enfermos. Para tener una visión completa del resto de América, Estados Unidos cuenta entre 1.165,000 y 2.000,000 de enfermos, Canadá con 1,830. Las estadísticas completas las consigno a la Secretaría.