Italia: Debate sobre las relaciones Iglesia-Estado en la sociedad actual

Discusión entre creyentes y no creyentes

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ROMA, 17 nov (ZENIT.org).- Representantes de la Iglesia católica y exponentes de la cultura laica italiana han afrontado el siempre apasionante debate sobre las relaciones entre la Iglesia y el Estado en las sociedades modernas.



El debate tuvo lugar el 15 de noviembre con motivo de la publicación del libro «Después de 2000 años de cristianismo», editado por la editorial Mondadori, en colaboración con el Servicio de la Conferencia Episcopal Italiana para el Proyecto Cultural de la Iglesia, un programa con el que los católicos italianos quieren renovar y actualizar su compromiso en la vida pública.

El libro cuenta con artículos del cardenal Camillo Ruini, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana y vicario del Papa para la diócesis de Roma, así como intelectuales italianos de relieve, creyentes y no creyentes, cada uno según su punto de vista.

En la presentación a la prensa participaron tres de los autores, el cardenal Ruini, Sergio Romano (ex embajador italiano e intelectual liberal de prestigio nacional) y Giorgio Rumi, historiador católico. El moderador fue el director del diario «Avvenire», Dino Boffo.

Al afrontar la cuestión de las relaciones entre el cristianismo y la sociedad moderna, el cardenal Ruini puso de relieve la existencia de lo que definió como «el caso italiano en clave religiosa», es decir, una sociedad y una cultura en las que se advierten los fenómenos de la descristianización, comunes a todo Occidente, pero en las que (como demuestran la Jornada Mundial de la Juventud y todo el Jubileo) «el paso de los creyentes no es ni mucho menos cansado».

Para el vicario del Papa en la diócesis de Roma, el desafío principal que afronta la Iglesia católica en estos momentos es claro: «el intento de integrarse en la modernidad sin disolverse en ella y sin rechazarla en bloque».

En opinión de Sergio Romano, comentarista político para varias publicaciones y cadenas de televisión itilianas, en Italia permanece la anomalía de una clase política que vive «una especie de neurosis en su relación con la Iglesia, que persigue continuamente el consenso. Esto lleva a una aprobación incondicional de lo que dice el Papa, si los temas son compatibles con el propio programa. Y a durísimas condenas en el caso contrario».

Se trata por tanto de una «postura iliberal, aunque sea democrática». Esto, según Romano, sería el fruto de una mentalidad concordataria absolutamente negativa. Mejor, según él, sería regresar a la fórmula de los padres de la unificación italiana que hablaban de «libre Iglesia en libre Estado».

A este propósito, Giorgio Rumi paradójicamente recordó que «es libertad muy extraña la que impone la confiscación de los bienes, como sucedió a la Iglesia en el periodo del Resurgimiento italiano». El problema de fondo, según Rumi, es tener claros los límites de la acción del Estado que no puede pedir a los cristianos que renuncien a su doble ciudadanía (ciudad terrena y ciudad de Dios).