Italia: el cardenal Biffi propone favorecer la inmigración católica

La propuesta ha suscitado numerosas reacciones

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BOLONIA, 15 sep (ZENIT.org).- Han causado polémica en Italia las palabras


del cardenal Giacomo Biffi, arzobispo de Bolonia, sobre la posibilidad de
restringir la inmigración sólo a los católicos.

Las palabras del cardenal querían ser una llamada de atención a la necesidad
de no descuidar la integración cultural de estas personas pero han sido
leídas de otra manera. Su propuesta ha suscitado opiniones encontradas.

«Hace algún tiempo --dijo el cardenal Biffi-- hablando con un ministro le he
hecho notar que un Estado en verdad laico, que quisiera ahorrar al
pueblo italiano tantos sufrimientos, encontraría conveniente gestionar
la inmigración en modo de privilegiar a los católicos (latinoamericanos,
filipinos, eritreos). En este caso, añadí, los obispos tomarían posición
contra el Gobierno pidiendo una mayor apertura. Pero vosotros laicamente,
deberíais ignorar nuestras protestas y mirar al verdadero bien de Italia».

El cardenal Biffi recurre a la paradoja para explicar a los periodistas por qué
en su nota pastoral «La ciudad de San Petronio en el tercer milenio» ha
indicado la cuestión de la inmigración como una de los «difíciles desafíos
de nuestro tiempo». Y añade: «No existe el derecho de invasión. Nada
impide al Estado italiano gestionar la inmigración de modo que se salvaguarde
su identidad nacional».

El cardenal explica su posición: «Los criterios para admitir a los inmigrantes
no pueden ser solamente económicos. Hay que preocuparse también seriamente
de la identidad propia de la nación. Italia no es una tierra desierta o
semideshabitada, sin historia, sin una inconfundible fisonomía cultural y
espiritual, a poblar indiscriminadamente. En todo caso, hace falta que a
quien quiere residir establemente entre nosotros se le facilite y se le pida
concretamente que conozca mejor las tradiciones y la identidad de la peculiar
humanidad de la que quiere formar parte».

En esta perspectiva, el cardenal Biffi invita al Estado a hacer bien sus cálculos
ante el caso de los musulmanes. «Tienen una forma de alimentación diversa,
un día festivo diverso, un derecho de familia incompatible con el nuestro, una
concepción de la mujer lejanísima de la nuestra (hasta admitir y practicar la
poligamia). Sobre todo tienen una visión rigurosamente integrista de la vida
pública, de manera que la perfecta identificación entre religión y política
forma parte de su fe, incluso si para proclamarla y hacerla valer esperan
prudentemente a ser preponderantes».

Las palabras del cardenal han suscitado adhesiones. «En paridad de condiciones
y de necesidad es preferible dejar entrar a aquellos que presentan menos
problemas pero esto no pone en discusión ni la acogida ni la solidaridad», ha
dicho monseñor Alfredo Maria Garsia, presidente de la Comisión de la Conferencia
Episcopal para la inmigración. Considera las palabras de Biffi «una invitación
a evaluar todos los problemas que los musulmanes crean a la administración
del Estado y no a excluir la acogida. El cristiano debe ser samaritano y debe
acoger a todos. El Estado por su parte, debe dejar entrar a inmigrantes porque
tenemos necesidad de ellos. Pero como no pueden entrar todos, me parece
que se puede compartir la consideración del cardenal Biffi que, debiendo y
pudiendo elegir, en igualdad de condiciones y de necesidad, sea preferible
dejar entrar a quienes suscitan menos problemas».

Por su parte el vicepresidente del Parlamento, Carlo Giovanardi, subraya que
«se facilitará una convivencia multiétnica en Italia por el hecho de favorecer
una inmigración proveniente de cualquier parte del mundo que sea lo más
cercana posible a nuestros modelos de vida y a las raíces cristianas de nuestra
sociedad».

Asimismo, Giarcarlo Blanguardo, profesor de demografía de la Universidad
estatal de Milán se sorprende de la polémica suscitada por las palabras del
cardenal Biffi. «Debemos favorecer la mejor integración posible. Está fuera
de discusión que la integración será más rápida, más fácil y menos traumática
cuanto más semejantes sean las personas obligadas a vivir juntas».

Entonces por qué no apostar, indica, como ha sugerido el cardenal Biffi por la
afinidades culturales y por tanto religiosas? «En efecto, podría ser un criterio
racional para reducir al mínimo la conflictividad y para favorecer la integración».

Sin embargo, el director de Caritas italiana, el padre Elvio Damoli, se muestra
en desacuerdo. Los inmigrantes, dice, sean de donde sean, «son portadores
de novedad y con sus capacidades pueden reavivar y renovar nuestras
potencialidades, a veces dormidas».

También han mostrado su desacuerdo con la propuesta del cardenal de Bolonia
otras organizaciones y movimientos católicos comprometidos en la asistencia
de los inmigrantes, como la Comunidad de San Egidio, pues consideran que no
se pueden establecer criterios de carácter religioso para filtrar la inmigración.