Italia: El crucifijo en aulas y lugares públicos a debate

El cardenal Tucci pide que se respete, pero no que se imponga a la fuerza

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CIUDAD DEL VATICANO, 30 septiembre 2002 (


HREF="http://www.zenit.org/">ZENIT.org).- En estos días un debate ha acaparado la opinión pública en Italia: ¿debe volver a exponerse el crucifijo en los lugares públicos? Y, ¿en las escuelas públicas?

El debate fue lanzado por la ministra de Educación, Letizia Moratti, el 18 de septiembre pasado, para quien el crucifijo es «un patrimonio irrenunciable de nuestro país», pues el cristianismo ha sido un factor decisivo para la conformación de la cultura italiana.

La exponente del gobierno de Silvio Berlusconi consideraba que, según la ley vigente, el crucifijo puede estar en las aulas de clase sin violar la separación entre Iglesia y Estado.

Una propuesta de ley, promovida por el partido de la Liga del Norte, quiere ir más lejos, hasta proponer la imposición de los crucifijos en todas las escuelas, como factor de unidad en el país.

La propuesta ha recibido, sin embargo, duras críticas por parte de los representantes de la comunidad musulmana y judía de Italia, así como por exponentes de grupos políticos que verían en la imposición del crucifijo una violación del principio de separación Iglesia-Estado.

El cardenal Roberto Tucci, presidente del Consejo de Administración de Radio Vaticano, ha querido aclarar en una intervención ante los micrófonos de la emisora pontificia los términos del de bate.

«La exposición del crucifijo no es ofensiva para nadie que tenga un mínimo de apertura cultural --explicó el prelado--. Es cierto, como subrayó el Santo Padre en el Ángelus del 15 de septiembre pasado, que el crucifijo es el símbolo principal del cristianismo, pero ya forma parte integrante de la cultura occidental: esto lo reconocen muchas personas que incluso no son creyentes o al menos que no son cristianos practicantes».

Según el cardenal, «la mayoría que se reconoce en alguna medida en el crucifijo es mucho mayor que la parte de la población italiana que se adhiere a la Iglesia; y esta mayoría tiene derecho a ser respetada».

Ahora bien, reconoció que algunas personas, en especial los musulmanes tienen una visión del crucifijo que no se corresponde con la realidad. «Hay que explicar qué es el crucifijo, qué expresa esta señal sobre la cual está construida nuestra cultura», sugiere.

«Es el signo del Dios que tiene compasión de nosotros, que acepta la debilidad humana, que nos abre a todos, los unos a los otros, y por lo tanto crea la relación de la fraternidad. Esto es algo muy importante», subraya el purpurado.

El cardenal Tucci, por el contrario, no comparte la opinión de quien dice que el crucifijo debe estar en las aulas como símbolo de la identidad occidental contra el fundamentalismo islámico, promoviendo así la occidentalización de los inmigrantes musulmanes.

«El crucifijo como símbolo de oposición no es algo aceptable»; aclara el purpurado italiano. «Sin embargo, tenemos derecho de defendernos de quien se burla de este símbolo. No es justo, no es aceptable que se menosprecie o ridiculice lo que es sagrado para los cristianos».

Sobre la propuesta de ley presentada a la Cámara de los Diputados por la Liga del Norte por la que se exige la presencia del crucifijo en las instituciones públicas de la República italiana, el purpurado manifiesta su perplejidad ante dicha iniciativa y cree que es mejor «que decidan en libertad las comunidades locales según un "modus vivendi" ampliamente practicado».

«Naturalmente hace falta que también la Iglesia cumpla con su función educativa entre las comunidades católicas, las familias y los jóvenes, de modo que los jóvenes y las familias, en las escuelas y en las distintas situaciones de la sociedad, hagan valer el deseo que tienen de reconocerse todavía en el crucifijo y de verlo no como algo que divide, sino como algo que es respetable por todos y que en cierto sentido puede unir», concluye el cardenal Tucci.