Italia: La Iglesia acoge a los divorciados proponiéndoles la Palabra

La diócesis de Bolzano crea sendas para su ayuda, viviendo el magisterio

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BOLZANO, 12 ene 2001 (ZENIT.org).- Comenzó ayer en la diócesis del Norte de Italia, Bolzano, el primer encuentro de oración de un grupo de católicos separados, divorciados y vueltos a casar, que pretenden recorrer juntos un camino de fe.



La diócesis de Bolzano-Bressanone está reflexionando desde hace años sobre el tema. En 1998 publicó un subsidio pastoral que llevaba por título «El coloquio del agente pastoral con los divorciados vueltos a casar».

Fruto del trabajo de una Comisión diocesana dedicada a este argumento, el documento confirmaba la necesidad de que la comunidad cristiana dé muestras concretas de acogida a estas personas. La Comisión diocesana ha profundizado en el magisterio de la Iglesia sobre esta materia, que recoge las claras enseñanzas de Cristo sobre la indisolubilidad del matrimonio.

Al mismo tiempo ha promovido la escucha de divorciados vueltos a casar para comprender mejor cuáles son las dificultades que experimentan cotidianamente y poder ayudarles de manera más cercana.

El documento, redactado tras 23 sesiones de encuentro y trabajo, salía al paso del fenómeno del divorcio, que se extiende de manera paulatina pero implacablemente en el Norte de Italia.

Ahora, una vez publicado este subsidio, han sido los mismos laicos los que han tomado la iniciativa y han creado este grupo de oración. Acogen la invitación que les hace la Iglesia a respetar el «ayuno eucarístico»; ahora bien, tocan a las puertas de la Iglesia para no quedar excluidos de la comunidad, y poder continuar por el camino de fe al que Dios les llama.

El sacerdote a quien se le ha confiado la tarea de asistir a este grupo es el padre Anton Fiung, responsable diocesano para la Pastoral Familiar.

«Mi primer objetivo es el de dar a entender a estas personas que siguen formando parte de la Iglesia. Estaré cerca de ellos, ofreciéndoles sobre todo la Palabra de Dios, que es una Palabra de esperanza, de aliento, y nunca de rechazo».

El sacerdote insiste en la necesidad de estar al lado de estos hombres y mujeres, «que viven un momento de gran sufrimiento. Jesús vino para todos los hombres, ama a todos».

El padre Anton está convencido de que la clave está en anunciar la visión del matrimonio que propone la Iglesia, con amor, como pide Juan Pablo II en la carta apostólica Novo Millennio Ineunte.

En el número 51, el pontífice escribe: «Para la eficacia del testimonio cristiano, especialmente en estos campos delicados y controvertidos, es importante hacer un gran esfuerzo para explicar adecuadamente los motivos de las posiciones de la Iglesia, subrayando sobre todo que no se trata de imponer a los no creyentes una perspectiva de fe, sino de interpretar y defender los valores radicados en la naturaleza misma del ser humano».

«La caridad --concluye-- se convertirá entonces necesariamente en servicio a la familia, para que en todas partes se respeten los principios fundamentales, de los que depende el destino del ser humano y el futuro de la civilización».