Italia: Ordenación sacerdotal con la enfermedad por madrina

Samuele Gardinale será sacerdote con dispensa papal

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FERRARA, 1 nov (ZENIT.org).- Samuele Gardinale a sus 34 años será ordenado sacerdote el próximo sábado con dos certezas: le quedan pocos días de vida y «el sufrimiento ofrecido en Cristo es una oración viva».



En 1996 entró en el Seminario, pero un largo periodo de enfermedad le impidió frecuentar con regularidad los estudios de teología. Ahora la Congregación vaticana para el culto divino ha reconocido su madurez de fe, su vocación especial y ha acogido su deseo de ser sacerdote.

Gracias a la dispensa papal, el 22 de octubre en la catedral de Ferrara (Italia), el arzobispo Carlo Caffarra lo consagró diácono y el próximo sábado lo ordenará sacerdote el 4 de noviembre.

Samuele había acabado los estudios de agronomía y tras dos años de trabajo tomó la decisión de hacerse sacerdote. Luego, de modo inesperado, se presentó una grave enfermedad de las que ponen a prueba la fe.

«La oscuridad del dolor desbarata los días, hace incierto el camino y nos conduce por vías que no queremos --relata Samuele--. Experimentamos en la carne la dificultad de la situación. El encuentro con la prueba nos suscita inquietudes y preguntas sobre la vida. Se nos oscurece el porqué, el significado de todo esto. Mi vida ha cambiado completamente: antes corría en bicicleta, tenía mil compromisos, ahora debo dosificar las fuerzas. En la agenda no marco las horas de clase o las actividades pastorales sino las visitas médicas, los tratamientos, las esperas de los informes clínicos».

¿Qué significa en una situación así hacerse sacerdote? «Es antes que nada y sobre todo un regalo del Señor --responde--. Es Él quien llama. Mi corazón ha buscado siempre una plenitud de vida. Y es su amor quien me la da».

«Estos años de enfermedad --añade Samuele-- me han llevado a conocer de modo más profundo el amor del Señor por mí y su proyecto de vida para mi persona. He conocido el valor de la cruz de Jesucristo. La enfermedad, la debilidad, te acercan al hombre, especialmente al que sufre. La vida adquiere un valor diverso. Se te abren nuevos ojos sobre el mundo, sobre los hombres, sobre sus dificultades... porque tienes la experiencia directa».

La primera misión de Samuele como sacerdote será llevar a los enfermos, sus compañeros en el dolor, la luz de Cristo: «En la enfermedad se me ha regalado el amor de Dios también a través de la caridad y la solidaridad fraterna de mis familiares y de muchos amigos».

«No hay cosa más grande para un hombre --concluye Samuele-- que sentirse amado. Sólo el amor de Jesucristo Crucificado y Resucitado da valor, significado y fuerza a mi vivir y sufrir».