Italia: Un alcalde deja la política para hacerse sacerdote

Antonio Mancuso tenía vocación desde que era monaguillo

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MESINA, 21 sep (ZENIT.org).- El alcalde de Ficarra, con dos mil habitantes, a 90 kilómetros de Mesina (Italia), Antonio Mancuso, de 34 años, del Partido Popular Italiano (PPI), democristiano, ha dimitido de su cargo, decidiendo abandonar la política para hacerse sacerdote. Desde ayer, empujado por la vocación sacerdotal que llevaba dentro de sí desde la infancia cuando era monaguillo, está en el Seminario en Milán tras haber dejado la alcaldía, la casa donde vive su padre agricultor jubilado, su madre, dos hermanos, y el pueblo.



Ahora en Ficarra automáticamente decae el gobierno municipal y hay que realizar nuevas elecciones, probablemente en junio. Mientras tanto, el pueblo será administrado por un comisario extraordinario, nombrado por la Región.

La noticia, publicada por el «Giornale di Sicilia», fue confirmada a la agencia ANSA por el teniente de alcalde Franco Tumeo. «Más allá de las implicaciones político-administrativas que hacen inevitables nuevas elecciones y nos hacen dejar el gobierno a todos --ha dicho-- la opción que nuestro alcalde ha hecho es de respetar plenamente y es de desear que nadie la instrumentalice. Huelga decir que a Antonino Mancuso auguramos muchísima fortuna, en la certeza de que su decisión es el fruto de una reflexión que duraba desde hace años».

Mancuso, que es licenciado en Ciencias Políticas, y ahora empezará a estudiar en el Seminario, aunque no había renunciado a sus compromisos de administrador público, desde hace tiempo había dado la impresión de querer pasar de página, de querer dedicarse a otra cosa que no fuese la política local que inevitablemente comportaba las pequeñas discusiones y componendas de cada día, especialmente en un pequeño pueblo del «profundo sur» de Italia con tantos problemas difíciles de resolver.

Nunca había escondido su fe, siempre asiduo en la iglesia entre los fieles, con el carnet de Acción Católica y la adhesión convencida a los ideales de la democracia católica, especialmente radicados en Sicilia.

Con la decisión de vestir la sotana (hay quien dice en el país que Mancuso quiere hacerse religioso con voto de pobreza absoluta), el alcalde pone fin a una carrera política que durante varios años, tras su licenciatura, le había mantenido en la cumbre del gobierno municipal. Alcalde de 1992 a 1993, teniente de alcalde durante cuatro años, y de nuevo alcalde desde noviembre de 1997. Cuando el jueves pasado salió de la alcaldía por última vez, no dijo nada. Ahora ha llegado su carta de dimisión.