Japón: Nagasaki designado lugar de peregrinación

En memoria de san Pablo Miki y sus compañeros mártires

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ROMA, domingo 1 julio 2012 (ZENIT.org).- El pasado 10 de junio, la Conferencia Epsucoap de Japón designó el lugar de Nishizaka, en Nagasaki, como lugar de peregrinación nacional. Es en esta colina que domina la bahía, donde el 5 de febrero de 1597 fueron crucificados 26 cristianos, primicias de una continuación innumerable de mártires que no cesó hasta 1873. No conocemos su número exacto pero fueron decenas de miles sin ninguna duda. Algunos historiadores creen que fueron unos 300.000.

La condena a muerte de los veintiséis mártires de Nagasaki no fué el resultado de un simple movimiento de rabia por parte de Toyotomi Hideyoshi, uno de los grandes unificadores del Japón. A finales del siglo XVI, las conversiones al cristianismo de algunos señores de feudales importantes les molestaban mucho porque el adagio Cujus regio ejus religio [' Tal príncipe, tal religión '] se verificaba también en el Japón, siendo seguidas por numerosas conversiones en el seno de la población. ¿ Estos señores no se sustraerían al nuevo poder centralizador y a encargarse de los destinos del país? Hideyoshi pues había publicado desde 1587, un edicto de expulsión de los misioneros acompañado de una prohibición del cristianismo. Por razones de intereses comerciales internacionales, estos edictos no entraron en vigor enseguida y no tuvieron efectos inmediatos. Solo diez años más tarde, seguido de las jactancias de un marinero español, que Hideyoshi, convencido de la traición y de la peligrosidad de los cristianos, lo hizo parar veintiseis veces en la región de Kyôto y de Ósaka y, en pleno invierno (1597), ordenó llevárselos a Nagasaki para crucificarles en la zona alta de la ciudad, frente a occidente. Seis de ellos eran hermanos franciscanos, tres, entre los cuales un seminarista, Paul Miki, eran jesuitas religiosos y los otros siete, colaboradores laicos de los Padres Jesuitas, entre los que se encontraban tres niños.
Maniatados y exhibidos como ejemplo ante los ojos estupefactos de la población de las ciudades que atravesaban caminando y, salvo un pasaje en barco sobre el Mar interior, recorrieron una distancia de cerca de mil kilómetros en pleno mes de enero, uno de los meses más fríos del año en esta región.

Para su muerte, la muchedumbre estaba presente en lo alto de la colina de Nishizaka donde se les esperaba. Los testigos oculares fueron numerosos. Paul Miki y los condenados cantaban lo que tenían la costumbre de cantar en la iglesia. Mujeres, madres de familia, intentaron persuadir a los tres chicos a abandonar. Los tres rechazaron. Entre la muchedumbre, el primer obispo de Japón, monseñor Martínez estaba presente, escondido, conmocionado. Un año más tarde, fué arrestado y expulsado a Manila.

Con el tiempo, esta colina de Nishizaka se transformó en un barrio residencial pero una porción relativamente importante de terreno ha sido salvaguardada y transformada en parque público. Rezamos allí delante de un monumento emocionante donde los veintiséis mártires son representados muy derecho, alineados e hieráticos. Contiguo a una capilla moderna, un museo protege numerosas recuerdos de la época de las persecuciones.

El pasado febrero, con ocasión de su asamblea anual, los obispos católicos de Japón habían anunciado su intención de hacer de Nishizaka un centro de peregrinación nacional. El pasado 10 de junio, dos días después del 150 aniversario de la canonización de los 26 mártires de Nagasaki, han hecho oficial este anuncio. Desde ahora, los peregrinos tendrán la posibilidad de caminar sobre los pasos de estos mártires canonizados en 1862. Una ruta partirá de Kyoto y pasará por Osaka, Hiroshima y Fukuoka para llegar a Nagasaki, en cada una de las cinco diócesis que atraviesen, hay paradas previstas.

Un misionero que vivió mucho tiempo en Japón subraya que a los japoneses les gustan las peregrinaciones. En Francia, la de Chartres o en España, la de Compostela, atraen regularmente a decenas y decenas de japoneses, cristianos o no. En Japón, la peregrinación budista de los 88 templos de la isla de Shikoku, que dura por lo menos un mes, es muy solicitada. Hasta ahora, los cristianos japoneses debían contentarse con pequeñas peregrinaciones locales. A partir de ahora y en lo sucesivo van a poder hasta Nagasaki, caminar sobre los pasos de sus mártires y a impregnarse de su coraje y de su fe.  

Traducido del original francés por Raquel Anillo