Josefa Segovia, «abrió caminos para la mujer y para el laicado»

Cincuenta aniversario de la muerte de la sierva de Dios

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MADRID, domingo, 1 abril 2007 (ZENIT.org).-Ante centenares de fieles que llenaron la catedral de la Almudena, en Madrid, España, la sierva de Dios Josefa Segovia fue recordada como «una mujer creyente y comprometida con su tiempo, que abrió nuevos caminos a la fe, encarnó la inspiración de San Pedro Poveda y expandió la Institución Teresiana».



Así se expresó, Loreto Ballester, directora de la Institución Teresiana al iniciar la Eucaristía que presidió el obispo auxiliar de Madrid monseñor César Franco y en la que concelebraron 22 sacerdotes para conmemorar el 50 aniversario de la muerte de la sierva de Dios y primera directora de la asociación iniciada por San Pedro Poveda en 1911.

La directora general presentó a Josefa Segovia como mujer «que en tiempos difíciles supo mirar de frente, con lucidez y esperanza y apostó por el reconocimiento de la dignidad de la mujer». Dijo de ella que «se entregó a la Iglesia en un servicio de diálogo evangelizador con muchos interlocutores, tendió puentes entre la fe y la cultura, respondió a la llamada a la santidad y abrió nuevos caminos al laicado».

La Institución Teresiana es una Asociación Privada de Fieles de Derecho Pontificio, que agrupa a hombres y mujeres que se comprometen a vivir su misión y espiritualidad. Está presente en treinta países de cuatro continentes.

De todo Madrid acudieron a la catedral representantes de las diversas Asociaciones de la Institución, así como familiares, amigos y grupos juveniles.

En alusión a las lecturas proclamadas durante la Eucaristía, el obispo se refirió a la alianza del Señor con Abraham: «Serás padre de una muchedumbre de pueblos, te haré inmensamente fecundo…», para recordar a los presentes que «vuestra Institución será pueblo grande, ingente, numeroso que se extiende, como lo hizo en tiempos de Josefa Segovia, en la medida en que cada uno de vosotros, en virtud del bautismo recibido aspiréis a la santidad».

Monseñor Franco reconoció la fidelidad de Dios a su alianza y elogió la respuesta que dio la sierva de Dios Josefa Segovia con su vida. Dijo de ella que fue «mujer pionera en tantos campos de la incorporación de la mujer a la sociedad… Pero sobre todo mujer santa. No la canonizo --aclaró- lo hará la Iglesia en su momento, pero sí santa en el sentido amplio».

Fue una mujer, añadió, «que fue llamada por San Pedro Poveda y dejó muchas cosas, incluso el amor humano… Que descubrió una vocación y se dejó conformar por ella».

Su secreto, dijo el obispo, «fue una gozosa, apasionada y ardiente fe, como lo expresó al recibir la aprobación pontificia de la Institución en 1924. Entonces le escribió al Padre Poveda diciéndole: «La fe, la fe, la fe traslada. Benditísima fe que nos ha traído la tan deseada aprobación… ¿Qué negaremos a Dios en estos instantes. Yo me fui derecha al sagrario a decirle a Jesús que tengo que ser santa». Para el obispo ésta fue «la respuesta a lo que la Iglesia le pedía».

A los presentes les dijo que la Obra de Poveda «no es más que el fruto de una santidad: una ya declarada, la de su fundador, San Pedro Poveda, otra que esperamos…Y la nuestra, porque un cristiano tiene como meta la santidad, como pidió Jesús en el sermón de la montaña».

Dijo que «la santidad es el presupuesto de toda acción que quiere ser fecunda en la Iglesia».

Se refirió a la misión de la Institución: la educación y los retos que enfrenta hoy.

«Vosotros sabéis más de ésto porque estáis en la entraña de la sociedad… Y para cumplirlo, contáis con una larga historia de quienes os han precedido y contáis con vuestro amor, apasionado como el de Josefa Segovia».

Y citó un texto íntimo suyo en el que, usando palabras e imágenes de la Biblia, en el Cantar de los Cantares, ella expresa su relación con Dios.

Josefa Segovia había conocido a San Pedro Poveda en 1913, cuando el joven canónigo le pidió asumir la dirección de una Academia de normalistas que él pensaba fundar en Jaén. La joven tenía 22 años y se había graduado de la Escuela Superior de Magisterio en Madrid, siendo de las primeras mujeres en España que accedían a los estudios superiores.

Josefa Segovia se convirtió en la principal colaboradora del futuro santo. Dejando a un lado sus planes de matrimonio, ejerció como inspectora de Enseñanza Primaria y se dedicó al desarrollo de la Obra de las Academias, obra que en 1917 recibió aprobación civil y eclesiástica en Jaén con el nombre de Institución Teresiana.

Fue también Josefa Segovia quien viajó a Roma, en noviembre de 1923, para solicitar de la Santa Sede la aprobación universal de la Institución Teresiana. Con fecha del 11 de enero de 1924, el Papa Pío XI otorgó la aprobación a perpetuidad como Pía Unión, por medio de un Breve Pontificio.

San Pedro Poveda vio en su colaboradora la encarnación del espíritu que él había concebido para quienes llevarían a cabo su proyecto.

En 1936, al conocer la muerte del fundador mártir, en los comienzos de la guerra civil española, Maria Josefa se comprometió ante su tumba a continuar la obra por él iniciada.

Bajo su impulso, la Institución Teresiana pronto se extendió a cuatro continentes y experimentó un fuerte crecimiento en personas, centros y proyectos.

El 29 de marzo de 1957, la Sierva de Dios falleció a los 65 años, a consecuencia de una inevitable operación de estómago de la que no se recuperó.

El 20 de Diciembre de 2005 la Congregación de las Causas de los Santos promulgó el Decreto sobre sus virtudes heroicas. Para su beatificación falta un nuevo decreto pontificio en el que la Iglesia reconozca un milagro, fruto de una especial intercesión suya.