Joseph Ratzinger, sumo pontífice, un hombre cercano y de gran oración

El padre Barrajón, profesor de Teología, ha tratado al nuevo Papa

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CIUDAD DEL VATICANO, martes, 19 abril 2005 (ZENIT.org).- Lejos de la imagen «inquisidora» y «dura» que determinados periódicos han difundido de él, Joseph Ratzinger, desde la tarde de este martes Sumo Pontífice con el nombre de Benedicto XVI, es una persona cercana, de gran oración y que ha sabido renunciar a sí mismo por la Iglesia.



El padre Pedro Barrajón –profesor de Antropología Teológica en el Pontificio Ateneo Regina Apostolorum de Roma— ha tenido oportunidad de tratar personalmente al nuevo Papa, según compartió con Zenit en la Plaza de San Pedro minutos después de que fuera anunciado el nombre del Romano Pontífice y de que éste impartiera la Bendición Apostólica «Urbi et Orbi». El lugar, abarrotado, vivió una prolongada fiesta,

El hecho de elegir para su tesis a San Buenaventura, del que Ratzinger es buen conocedor –obtuvo en 1957 su habilitación docente con el trabajo sobre «La Teología de la Historia de San Buenaventura»--, permitió al padre Barrajón entrevistarse con el entonces cardenal prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y de la Pontificia Comisión Teológica Internacional.

«Pedí una cita y me recibió, y estuvimos hablando sobre el libro --recuerda--; me dijo cómo había surgido la idea para hacer este libro, las dificultades que él tuvo»; «fue conmigo amabilísimo, parecía que no había tiempo. Posteriormente le mandé mi libro y él, a su vez, me envió una nota manuscrita felicitándome por el texto. De esto hace unos ocho años».

«Y luego --continúa-- en diversas ocasiones he podido estar con él, en conferencias, en cenas; hemos hablado de la situación de la Iglesia, y respecto a lo que muchos periódicos publican, que es “el inquisidor”, él es todo lo contrario. Considero que encarna la fe del pueblo bávaro, y de hecho cuando se lee su vida, se constata».

«El pueblo bávaro es un pueblo todavía muy católico --explica--; y (Ratzinger) viene de una familia muy sencilla, de muy pocos medios, pero de una gran fe». El Papa Benedicto XVI nació en Marktl am Inn, en la diócesis de Passau (Alemania) el 16 de abril de 1927. Su padre, comisario de policía, procedía de una antigua familia de agricultores de la Baja Baviera.

«Una cosa me impactó mucho como profesor de Teología –prosigue el sacerdote--, algo que luego también (Ratzinger) lo cuenta en algún escrito: él dice que su gran crisis para decidirse a ser ordenado sacerdote fue que sentía la gran vocación a ser profesor de Teología, y decía: “Si soy sacerdote, en algún momento la Iglesia me puede pedir que renuncie a ser profesor de Teología; ¿estoy dispuesto a esto?”. Y entonces él dijo: “Sí, estoy dispuesto, porque veo que Dios me pide ser sacerdote, y si en algún momento Dios me pidiera renunciar a ser profesor lo haría, aunque me costaría mucho”».

«De hecho ese momento llegó cuando Pablo VI le nombró arzobispo de Munich en 1977»; entonces Joseph Ratzinger «renunció a las diversas cátedras que ya tenía –y poseía un gran prestigio universitario-- para ser pastor de la diócesis. Y luego, en un segundo momento, el Papa Juan Pablo II le llamó a Roma. Y también en cierto sentido fue una renuncia, pues le habría gustado dedicarse completamente a escribir», comenta el padre Barrajón. Aclara que Ratzinger esperaba poder escribir «una especie de gran suma teológica, y lo habría hecho muy bien, pero no tuvo tiempo: tenía que dedicarse a las tareas de la Congregación (para la Doctrina de la Fe)».

El nuevo Papa «es un hombre, desde un punto de vista intelectual, con una gran influencia de San Agustín; es un poco “agustiniano”, y al mismo tiempo de una lógica aplastante», pero con una lógica «intuitiva», describe.

«Le gusta mucho ver la acción de Dios en la historia. Y tiene una forma de expresión, contrariamente a algunos autores (teólogos) muy rebuscados de Alemania, muy clara; se le entiende con bastante facilidad. Porque yo creo que él busca, al hacer teología, la verdad; no solamente una especie de erudición», constata.

«Me lo he encontrado varias veces en la Plaza de San Pedro, cuando él iba de su casa a trabajar; a veces le saludaba y él se paraba a hablar un momento. Toda esa imagen que le han montado de hombre “duro” no existe en absoluto –reconoce el padre Barrajón--; y cuando ha tenido que intervenir desde la Congregación (para la Doctrina de la Fe) en cuestiones como el marxismo, la teología de la liberación, lo ha hecho con una gran caridad, puntualizando en Teología, pero con una gran caridad, con un gran amor, sin jamás aplastar a la persona».

Y «es un hombre cercano --insiste--. Cuando he hablado con él, escucha, “es todo oídos”. No es alguien que esté pensando en sus ideas. Es un hombre muy cercano», si bien hay que tener en cuenta que su «su temperamento digamos que no es italiano --cosa que se ve en sus gestos--, pero es bávaro».

Además, del «testimonio de su secretario, y ahora obispo Josef Clemens Clemens», se desprende que Ratzinger «es un hombre de una gran oración --observa--. De hecho no se podría hacer la Teología que él hace sin la oración que hay detrás».

«Y al leer su libro (una breve autobiografía: “Mi vida. Recuerdos”. Ndr.) se constata que las opciones que él tomaba siempre era cuestionando: “¿Cuál es la voluntad de Dios para mí?”. Y una persona no puede hacer este tipo de opciones sin oración», concluye el padre Barrajón.