Joven carmelita descalza: nueva beata para la Iglesia universal y primera de Bari (Italia)

Sor Elías de San Clemente

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BARI, domingo, 19 marzo 2006 (ZENIT.org).- Abandono al Amor y entrega total a Dios: es el camino que emprendió sor Elías de San Clemente (1901-1927), carmelita descalza de la ciudad italiana de Bari, desde el sábado inscrita en el catálogo de beatos de la Iglesia universal.



En la Catedral de Bari presidió la ceremonia de beatificación, en nombre del santo Padre, el cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación vaticana para las Causas de los Santos; la Santa Misa la presidio el arzobispo local, monseñor Francesco Cacucci.

Se trata de la primera beata en la historia de la Iglesia en Bari.

«Comprendí que para llevar almas a Dios no era necesario hacer grandes obras, más bien era precisamente la inmolación completa de todo mi ser lo que me pedía el buen Jesús»: con estas palabras, que recordó monseñor Cacucci durante la celebración, la carmelita relataba su abandono al Amor.

«No es posible cambiar el mundo si el Amor ofrecido en la cruz»: éste es el don de sabiduría que dejó la religiosa, según subrayó el prelado, quien definió a la nueva beata «pequeña Hostia, blanca y pura, destruida por amor, dedicada a la escucha y a la contemplación de Dios», nutrida «de belleza y de poesía».

Antes de terminar su homilía, el arzobispo de Bari dirigió una oración a la beata Elías de San Clemente: «Te damos gracias por tu santidad, ayúdanos a correr hacia el cielo, como el profeta Elías, en un carro inflamado de verdadero amor».

«”Perdida en Dios”, sor Elías siempre vivió, también como laica, el primado de Dios en su vida, en la contemplación de lo bello, en la escucha de la Palabra, en el amor por la Eucaristía», explicó a los micrófonos de la emisora pontificia.

«En el Carmelo siguió el “caminito” de Santa Teresa del Niño Jesús --aclaró--, en lo escondido, “crucificada” con Cristo, en la total inmolación de sí para la salvación de las almas».

«Primera beata de la historia de nuestra Iglesia en Bari, sor Elías exhorta a “mirar a lo alto”, pero en la humildad, en el sacrificio; enseña sobre todo que la santidad es posible también para nosotros, cualquiera que sea nuestro estado de vida. Hay que “saber florecer –decía ella-- donde Dios te ha sembrado”», concluye el arzobispo Cacucci.