Jóvenes de 20 países de Asia asumen su papel de «misioneros de esperanza» en la familia

Declaración final de la IV Jornada Asiática de la Juventud

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HONG KONG, jueves, 7 septiembre 2006 (ZENIT.org).- Las dificultades que enfrenta la familia asiática definen el reto principal para ellas mismas y para los jóvenes del continente: ser misioneros de esperanza, tal como perciben y asumen cientos de jóvenes que se han reunido en la IV Jornada Asiática de la Juventud.



Organizada por la Federación de las Conferencias Episcopales de Asia» (FABC), en esta ocasión Hong Kong ha sido la sede anfitriona de la gran cita del 30 de julio al 5 de agosto.

800 jóvenes acudieron desde Bangladesh, Camboya, China, Filipinas, Hong Kong, Indonesia, La India, Japón, Corea, Laos, Macao, Malasia, Mongolia, Myanmar (Birmania), Singapur, Sri Lanka, Tailandia, Taiwán, Turkmenistán, Vietnam, así como invitados de Bélgica, Francia, Alemania, Kenia, Tanzania y Holanda.

De entre los jóvenes, nueve representantes leyeron la Declaración Final de estas jornadas, un texto que reconoce que «la juventud no es sólo el futuro del mundo, sino el precioso tesoro actual de la Iglesia».

Han sido días de reflexión, de orar y compartir juntos; también ha habido ocasión de intercambiar experiencias con delegados de otros credos.

Fruto de ello ha sido la constatación y la toma de conciencia de la familia como «santuario de la vida» -«en la familia asiática los niños son preciados como dones de Dios», recoge la Declaración-, e igualmente de las dificultades que enfrenta, como la pobreza, los desplazamientos migratorios o la inestabilidad política.

«Con todo, creemos que la fuente de nuestra fortaleza sigue siendo la familia», afirma.

Y es que, como describe el documento, «las familias tienen un papel muy importante en la familia asiática», con rasgos como «el respeto filial, el amor y cuidado de los ancianos, los débiles, el amor por los niños y la armonía», valores «altamente estimados en todas las culturas asiáticas y tradiciones religiosas».

Las reflexiones también han permitido concluir que «el matrimonio es un compromiso de por vida y la familia es una institución sagrada en la que Dios está involucrado», que la familia «debe estar unida en sus relaciones y enraizada en la oración», que está en «primera línea» en la evangelización y que «si la familia es fortalecida» se promueve el bien común.

De esta forma, la IV Jornada Asiática de la Juventud ha permitido identificar, entre otros retos, el de «devolver reconciliación y esperanza a la familia», «ayudar a emprender diálogo y comunicación» en su seno y cuidar la distribución equitativa de las tareas.

«Las familias asiáticas están llamadas a dar testimonio de la Buena Nueva de Jesús en tiempos de dificultad», apunta la Declaración, en la que se señala específicamente a los jóvenes, los cuales, «con el poder de la fe y la oración», «tienen que redescubrir su lugar y papel en la familia y la sociedad».

De la Jornada parten recomendaciones para la Iglesia local, apremiándola a apoyar a los jóvenes en su camino de fe y vida de oración, y a hacerse eco de estos días de Hong Kong a través de programas en torno al tema «La juventud, esperanza para las familias asiáticas» -lema del encuentro-.

«Creemos que hay semillas de fe en la juventud asiática. Si esta fe se alimenta bien, verdaderamente [los jóvenes] pueden ser esperanza para la familia asiática», subraya la Declaración.

«Los jóvenes presentes aquí vuelven encendidos con celo y determinación para recoger el reto de convertirse en “dadores de esperanza”», concluye el texto leído ante cientos de ellos, de todo Asia –hogar del 60% de la juventud del mundo-.