Juan Pablo II afronta con el presidente de Portugal la actual crisis de valores

Constata la difundida inseguridad ante «decisiones éticas indispensables»

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 12 noviembre 2004 (ZENIT.org).- Juan Pablo II alentó este viernes la colaboración Iglesia-Estado para afrontar los grandes desafíos éticos y culturales del momento, al recibir en audiencia al presidente de Portugal, Jorge Sampaio.



El mundo, constató en el breve mensaje que pronunció en portugués, está tomando «conciencia de la grave crisis de valores en la sociedad actual, cada vez más insegura ante las decisiones éticas indispensables para el futuro camino de la humanidad».

«La formación de una conciencia crítica para discernir el sentido de la vida y de la historia constituye el mayor desafío cultural en la actualidad», siguió reconociendo el pontífice tras el encuentro privado que mantuvo con el mandatario portugués durante unos diez minutos.

Este reto, añadió, «la Iglesia en Portugal desea afrontarlo con su colaboración, como demuestra el nuevo Concordato que entrará en vigor dentro de poco».

El acuerdo entre la Santa Sede y Portugal reglamenta, en 33 artículos, cuestiones tan importantes como el matrimonio, la asistencia religiosa, el patrimonio, o el régimen fiscal de la Iglesia.

El Papa recordó al inicio de su intervención la visita que hizo en el año 2000 a Fátima para beatificar a «los dos pequeños grandes portugueses: Francisco y Jacinta Marto».

«La luz benéfica que brilla en sus vidas ilumina todo el mundo, que sigue mirando con esperanza a Portugal», reconoció el obispo de Roma.

En declaraciones posteriores a la prensa, Jorge Sampaio consideró «muy emocionante y emotiva» la audiencia que mantuvo con el Santo Padre, constatando que «tiene claramente una gran estima, un gran amor por Portugal, y pregunta por Fátima, Portugal y los peregrinos».

El cardenal José Policarpo, presidente de la Conferencia Episcopal de Portugal, afirmó en declaraciones publicadas por la agencia católica portuguesa «Ecclesia» que la vista del presidente no puede considerarse como «mera rutina diplomática».

El patriarca de Lisboa consideró que se trata de un contexto particularmente significativo a causa de la promulgación del nuevo Concordato.

«Es una visita que encarna una relación secular de mucho cariño y de mucha simpatía entre el Papa y el Estado portugués», concluyó.

El 93,30% de los más de diez millones de habitantes de Portugal es católico.