Juan Pablo II: Dar gracias a Dios implica socorrer a los necesitados

Palabras en su encuentro dominical con los peregrinos

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CIUDAD DEL VATICANO, 11 noviembre 2001 (ZENIT.org).- Antes de rezar el Angelus de este domingo, Juan Pablo II invitó a los creyentes a dar gracias a Dios por los frutos de la tierra y del trabajo humano de este año y a salir en ayuda de las personas más necesitadas, en concreto, de las poblaciones afganas que atraviesan condiciones dramáticas.



Estas fueron las palabras que el pontífice pronunció en su encuentro dominical con los peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro del Vaticano.


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¡Queridos hermanos y hermanas!

1. Se celebra en Italia la tradicional Jornada de Acción de Gracias por los frutos de la tierra y del trabajo humano. La comunidad cristiana, en el momento del ofertorio, en toda celebración eucarística da gracias al Señor, Dios del Universo, de cuya bondad hemos recibido el pan y el vino, destinados a convertirse en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. La celebración de hoy amplía, por así decir, esta dimensión de oferta, invitándonos a no olvidar que la primera fuente de sustento y de bienestar es la divina Providencia.

Este año, los obispos italianos han tomado el tema de la Jornada de las mismas palabras del Padrenuestro: «Danos hoy nuestro pan de cada día». Al enseñar esta oración a los discípulos, Cristo les invita a confiar en la bondad de Dios Padre, que disfruta dispensando a toda criatura, y especialmente a los hombres, lo necesario para vivir. Al mismo tiempo, al hacernos decir «hoy» y «de cada día», nos recuerda que este don nunca se da por descontado, sino que siempre debe ser invocado y acogido en actitud de reconocimiento.

Además, es de gran importancia el que Cristo nos enseñe a pedir siempre «nuestro» pan y no a cada uno el «suyo». Esto significa que los hijos de un mismo Padre son corresponsables del pan de todos, para que cada uno tenga con qué vivir dignamente y al mismo tiempo pueda dar gracias al Señor con los demás.

2. Mientras damos gracias a Dios por lo que han producido los campos, no tenemos que olvidarnos de los hermanos y hermanas que, en varias partes del mundo, están privados de bienes esenciales como la comida, el agua, la casa, la asistencia sanitaria. De manera especial, en este momento de gran preocupación internacional, pienso en las queridas poblaciones de Afganistán, a las que es urgente hacer llegar la ayuda necesaria. Se trata de una emergencia mundial, que sin embargo no puede hacernos olvidar que en otras partes del mundo sigue habiendo por desgracia condiciones de grave indigencia y de impelente necesidad.

3. Ante estas situaciones, no es suficiente limitarse a iniciativas extraordinarias. El compromiso por la justicia exige un auténtico cambio en el estilo de vida, sobre todo en las sociedad del bienestar, así como un gobierno más equitativo de los recursos, tanto en los países ricos como en los pobres. Los actuales pesados desequilibrios, de hecho, alimentan conflictos y amenazan de manera irreversible la tierra, el aire y las aguas, que Dios ha confiado a la custodia del hombre.

Que María Santísima ayude a toda la familia humana a comprender que los recursos de la tierra son un don del Señor que hay que utilizar para el bien de todos.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]