Juan Pablo II: El gran escándalo de la Eucaristía

El pontífice continúa sus meditaciones sobre el mayor milagro de la historia

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CIUDAD DEL VATICANO, 18 oct (ZENIT.org).- Juan Pablo II sorprendió a más de un peregrino esta mañana, durante la tradicional audiencia general del miércoles, con palabras realmente atrevidas: «Nos hemos convertido en Cristo. De hecho, él se ha hecho la cabeza y nosotros los miembros, el hombre total es él y nosotros».



Alguno de los 45 mil peregrinos de 30 países presentes en la plaza de San Pedro del Vaticano para escuchar las palabras del pontífice pensaba que al Papa se le había escapado una herejía. El pontífice, sin embargo, no hizo más que citar a uno de los clásicos del cristianismo, san Agustín de Hipona, y constatar uno de los misterios más incomprensibles del cristianismo: la Eucaristía.

Con su meditación sobre este sacramento, el obispo de Roma continuaba con la serie de meditaciones que está ofreciendo los miércoles en esta fase final del Jubileo sobre el milagro más grande de todos los tiempos: la presencia real de Jesús en el pan y en el vino.

«Estas atrevidas palabras de san Agustín exaltan la comunión íntima que en el misterio de la Iglesia se crea entre Dios y el hombre, una comunión que, en nuestro camino histórico, encuentra su signo más elevado en la Eucaristía», explicó el Santo Padre.

Una unión de sangre
«La alianza, que en el Sinaí unía a Israel con el Señor con un vínculo de sangre, presagiaba la nueva alianza, de la que deriva --dijo el Papa utilizando una expresión de los Padres griegos de la Iglesia-- una especie de unión consanguínea entre Cristo y el fiel».

Esta unión es tan íntima, que transforma al cristiano en Cristo, insistió el Papa citando a una de las figuras más eminentes de la literatura cristiana, san Cirilo de Alejandría:(376-444)«Cristo nos forma según su imagen de manera que los rasgos de su naturaleza divina resplandezcan en nosotros, a través de la santificación, de la justicia y de una vida recta y conforme con las virtudes. La belleza de esta imagen resplandece en nosotros que somos en Cristo, cuando demostramos que somos hombres rectos con las obras».

La santidad: manifestación de la intimidad divina
De este modo, añadió el pontífice, «El camino de la santidad, del amor, de la verdad es, por tanto, la revelación al mundo de nuestra intimidad divina, vivida en el banquete de la Eucaristía».

El Papa sintetizó su meditación con una cita de un gran místico y poeta de la Iglesia armenia, Gregorio de Narek (s. XI): «No tengo nostalgia de sus dones, sino del que los dona. No aspiro a la gloria, lo que quiero es abrazar al Glorificado... No busco el descanso, sino que pido con súplicas el rostro de quien da el descanso. No languidezco por el banquete de bodas, sino por el deseo del Esposo».