Juan Pablo II: El Rosario, oración por la paz

Renueva su invitación a individuos y comunidades

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CIUDAD DEL VATICANO, 14 octubre 2001 (ZENIT.org).- En esta hora «de graves preocupaciones» Juan Pablo volvió este domingo a renovar la invitación a todos los cristianos a rezar el Rosario por la paz, oración, que como explicó, consiste en contemplar los misterios de Cristo de la mano de María.



Ofrecemos a continuación las palabras que pronunció a mediodía el pontífice antes de rezar la oración mariana del «Angelus» desde la ventana de su estudio que se asoma a la plaza de San Pedro del Vaticano.

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¡Queridos hermanos y hermanas!

1. El domingo pasado celebramos la fiesta de la Virgen del Santo Rosario. Todo el mes de octubre está particularmente dedicado a esta bella oración, sumamente querida por el pueblo cristiano. Con motivo de la situación internacional actual, he invitado a las personas y a las comunidades a rezar el Rosario por la paz. Renuevo también hoy esta invitación, subrayando al mismo tiempo que el Rosario es contemplación de Cristo en sus misterios, en íntima unión con María Santísima.

La espiritualidad contemporánea experimenta vivamente la exigencia de ir, por así decir, a lo esencial. Por este motivo tiene lugar hoy un prometedor redescubrimiento de la auténtica naturaleza del Rosario, como oración que ayuda a estar en compañía de Cristo para conocerle mejor, asimilar sus enseñanzas, vivir su misterio. Y, ¿quién mejor que María nos puede acompañar en este itinerario de la mente y del corazón? Este es el sentido de la repetición del «Avemaría», que «constituye la urdimbre sobre la que se desarrolla la contemplación de los misterios» (exhortación apostólica «Marialis cultus», 77).

Que se eleve en la Iglesia insistente invocación por la paz con la oración del Rosario, de forma individual y comunitaria, teniendo fija la mirada en Jesucristo, nuestra Paz.

2. El rezo del Rosario era antes una costumbre sumamente practicada en las familias, especialmente al concluir la jornada. Así lo hacían diariamente los esposos Luigi y Maria Beltrame Quattrocchi, a quienes el próximo domingo tendré la alegría de proclamar beatos.

Con motivo de este acontecimiento, que coincide con los veinte años de la exhortación apostólica «Familiaris consortio», la Iglesia italiana ha convocado un Congreso sobre el tema «La familia sujeto social». Expreso mi aprecio por esta iniciativa y mi auspicio de que la familia
encuentre en la sociedad italiana un nuevo carácter central.

El sábado próximo, por la tarde, las familias cristianas están llamadas a participar en un encuentro de reflexión y oración, en la plaza de San Pedro. Al día siguiente, domingo, tendrá lugar el momento culminante de la celebración con la solemne beatificación de los dos esposos, en coincidencia con la Jornada Misionera Mundial. Será un motivo propicio para subrayar el papel de las familias en la misión evangelizadora de la Iglesia.

3. Mientras rezamos juntos la oración del «Angelus», recordemos la asamblea del Sínodo de los obispos que se está desarrollando en el Vaticano; confiemos a la Virgen a todos los misioneros del Evangelio e imploremos para ellos la fuerza para que sean constructores de justicia y de paz. Por esta paz se está rezando en todo el mundo en esta hora cargada de graves preocupaciones. Unamos nuestra fervorosa oración al Señor por intercesión de María, Reina de la Paz.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]