'Juan Pablo II, en el corazón de Colombia': un libro escrito pensando en los jóvenes

El cardenal Castrillón: Perdonemos como Jesús en la cruz. Que la Virgen nos cobije y realice una sanación

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Por Sergio H. Mora

ROMA, Domingo 27 mayo 2012 (ZENIT.org).- “El libro 'Juan Pablo II, en el Corazón de Colombia' fue escrito pensando a los jóvenes, muchos de los cuales aún no habían nacido o eran niños cuando fue la visita apostólica en 1986”. Lo indicó el autor del libro, el embajador ante la Santa Sede, César Mauricio Ossa, en la presentación que realizó el miércoles 23 de mayo en la sede diplomática de su país en Roma, recordando que recientemente invitó al papa Benedicto XVI para que visite Colombia “no solamente como peregrino de la paz, sino principalmente del perdón”. Porque “el futuro de Colombia puede depender mucho de ésto. Podemos tener más riqueza natural, más petróleo, más gas, más energía, pero si nos seguimos odiando y matando eso sirve poco”.

El cardenal Darío Castrillón Hoyos, que estaba en la presentación del libro contó una serie de experiencias personales vividas en el difícil período en que estaba en boga la teología de la liberación y en la que tenía mucha fuerza la guerrilla y el narcotráfico.

Y a través de ZENIT, que allí estaba, envió un mensaje a sus compatriotas: “Una cosa muy sencilla: hay unos colombianos que han sufrido en corazón propio la violencia han perdido seres queridos, sea en la población civil que en las fuerzas armadas y también en la oposición armada. Todos ellos han sufrido mucho. Yo les diría que no olvidemos que somos un país creyente, que nuestra tradición católica para perdonar como perdonó Jesús en la Cruz. Que no olvidemos que tenemos una madre, Nuestra Señora de Chiquinquirá, que es la devoción a la Santísima Virgen, y que el mando protector de la Santísima Virgen tenga cobijados a todos los colombianos especialmente a los que más han sufrido de manera que Ella misma haga una sanación para perdonar con generosidad y con amplitud”.

Pocos días antes, el 8 de mayo después de la audiencia en plaza San Pedro, el embajador de Colombia le entregó a Benedicto XVI el libro nuevo libro y le pidió que en su próximo viaje a Brasil con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, pase por Colombia no solamente como peregrino de paz pero principalmente como peregrino del perdón. “Es un deseo que espero cumplir” respondió el papa y añadió: “acompaño con mis oraciones a los colombianos que más sufren”.

El libro presentado es una nueva iniciativa que se suma a las diversas realizadas por ambas embajadas en Italia (ante el gobierno italiano y ante el Vaticano) que en los últimos años se han visto empeñadas en cambiar el positivo la imagen de Colombia, con campañas como “Vida sin droga” y el concurso entre jóvenes colombianos para favorecer la participación a la Jornada Mundial de la Juventud que se realizó en Madrid.

Algunos de los capítulos que componen el libro de 140 páginas son: “Contra las ideologías del mal; No sólo dejar las armas; Desterrar rencores y resentimientos; Negocio maldito; ¿Libertad para drogarse?”: así como una cronología del viaje de Juan Pablo II, la visita de 11 ciudades en 7 días, todo ilustrado con diversas fotos a colores.

El embajador durante la presentación del libro lo relacionó con el año de la fe y la perspectiva de perdón y reconciliación que se plantea. “En concreto en el caso de países como Colombia o en otros en los que se ha sufrido tanto –-le dijo a los diversos embajadores latinoamericanos allí presentes-–, vale la pena adentrarse en un planteamiento de perdón desde la fe. Particularmente en ocasión del año de la Fe que iniciará en octubre próximo, podríamos decir en cualquiera de nuestros países, pedimos perdón y estamos dispuestos a perdonar”.

Y ejemplificó: “Se comprende que un padre de familia no pueda perdonar rápidamente a quien le quita la vida a uno de sus hijos. Hay que dar tiempo al perdón, pues no es propiamente un sentimiento o un impulso del momento, es un acto de la voluntad que no se produce por un estado de ánimo. Se puede perdonar llorando u odiar riendo”.

“La violencia engendra nueva violencia, recordó el beato Juan Pablo II en uno de sus viajes a Colombia, y esto es cierto. Quien cobra venganza puede ser feliz por un día pero quien perdona es feliz toda la vida. El perdón libera y dispone la razón y el alma humana a la comprensión. No es debilidad” dijo. Y puntualizó que recordar como en el pasado hubo violencia y muerte “puede ser necesario si se busca justicia, pero también para que esa mala acción no se repita. Recordar y revivir con odio es propio de espíritu mezquino, es desconocer que el perdón es la novedad de la vida y que la fuerza del perdón vence el mal sobre la ofensa y la agresión”.

“Es claro –prosiguió– que el perdón no significa desconocimiento de la ofensa. En el proceso de verdad y justicia el mal hecho debe ser reconocido y en la medida de lo posible reparado. Un proceso que ayuda a purificar la memoria”. El diplomático reconoció entretanto que no siempre es fácil, “se sufre pero se puede perdonar y es una arma poderosa que desarma a los espíritus agresivos, mentirosos, soberbios y arrogantes”.

Este planteamiento, prosiguió será “un gran aporte a las nuevas generaciones de América Latina y en países como el mio, Colombia” y propuso “que se enseñe esto a los niños en sus hogares, desde la escuela a los jóvenes, desde los medios de comunicación”.

Y concluyó indicando que buena parte del futuro de Colombia depende de estas virtudes. “Podemos tener progreso material, más petroleo, más gas, más energía, pero si nos seguimos odiando y matando, eso sirve a poco”.