Juan Pablo II enseña a rezar con los Salmos

Nueva serie de catequesis lanzada por el pontífice

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CIUDAD DEL VATICANO, 28 mar 2001 (ZENIT.org).- En un mundo materialista y que en ocasiones da la impresión de vivir como si Dios no existiera, Juan Pablo II ha comenzado una serie de catequesis en las que ilustrará cómo es posible rezar hoy. Y para ello pretende ofrecer un medio de inspiración en ocasiones olvidado: los Salmos.



La poesía, la lírica, la musicalidad, el simbolismo y sobre todo el profundo sentido religioso de estos antiquísimos cantos del pueblo judío han llegado indemnes hasta nuestros días hasta el punto de que se ha convertido en la oración de la Iglesia por antonomasia junto al Padrenuestro.

Por este motivo, el Papa, consciente de que no son siempre de fácil comprensión, comenzó este miércoles una serie de catequesis que continuará a lo largo de las próximas semanas. Él mismo confesó su objetivo: que el Salterio, como también son llamados los Salmos, no sólo sea un instrumento decisivo para la vida espiritual de sacerdotes y religiosos, sino para todos los cristianos.

El obispo de Roma tras mencionar la belleza literaria o la agudeza psicológica de estas composiciones poéticas, en las que se identifica el hombre de todos los tiempos, se concentró en el «significado religioso» de los Salmos, «mostrando cómo, a pesar de estar escritos hace muchos años para creyentes judíos, pueden ser asumidos en la oración de los discípulos de Cristo».

Citando a los grandes teólogos de los primeros siglos de la Iglesia, el Santo Padre ofreció la «clave» de lectura para entender estas oraciones: «en los Salmos se habla de Cristo». Es más, añadió, «Jesús resucitado se aplicó a sí mismo los Salmos, cuando dijo a sus discípulos: "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí"».

Por eso, con los Padres de la Iglesia, Juan Pablo II aseguró que «los Salmos se dirigen a Cristo o incluso es el mismo Cristo quien habla en ellos». «Al decir esto --continuó el Papa, no pensaban sólo en la persona individual de Jesús, sino en el Cristo total, formado por Cristo cabeza y por sus miembros».

«Para el cristiano nace así la posibilidad de leer el Salterio a la luz de todo el misterio de Cristo --concluyó--. Precisamente de esta óptica emerge también su dimensión eclesial, que es puesta de manifiesto por el canto en coro de los Salmos».

Este fue el motivo por el que lo Salmos fueron asumidos como método de oración por los primeros cristianos. De hecho, recordó el Papa, en los momentos en los que las herejías tambalearon la fe de comunidades cristianas, algunos santos, como Atanasio, dedicaron su vida a enseñar el Salterio como instrumento para permanecer unidos a las raíces de la fe.

Ahora, el pontífice presenta el mismo canto que unió a los cristianos de los primeros siglos asediados a los discípulos de Jesús de nuestros días: «El libro del Salterio sigue siendo la fuente ideal de la oración cristiana, y en él seguirá inspirándose la Iglesia en el nuevo milenio», concluyó.