Juan Pablo II explica a jóvenes cómo pueden hablar de la Eucaristía

Al recibir a los participantes en la misión ciudadana juvenil de Roma

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 11 octubre 2004 (ZENIT.org).- No puede haber evangelización sin eucaristía, explicó Juan Pablo II se este sábado al encontrarse con un grupo de jóvenes que estaban realizando una misión por las calles de Roma.



«Eucaristía y misión son dos realidades inseparables», constató el Santo Padre ante los chicos y chicas que del 1 al 10 de octubre se dedicaron a anunciar el Evangelio a adolescentes y jóvenes por las calles del centro histórico de la ciudad eterna en el marco de la misión juvenil Jesús al Centro.

El lema, que hacía referencia al centro de Roma así como al centro de la vida, congregó a más de cuatrocientos jóvenes «misioneros» por iniciativa del servicio diocesano para la pastoral juvenil de la diócesis de Roma.

La misión ha alternado momentos de anuncio del Evangelio, largos espacios dedicados a la adoración en la iglesia de santa Inés, en la Plaza Navona, junto con espectáculos y conciertos de música cristiana, ofrecidos al anochecer en esa misma espectacular plaza.

Contemporáneamente, del 6 al 10 de octubre, se desarrolló el Primer Encuentro Europeo de Grupos Juveniles de Adoración Eucarística, en el que también participaron jóvenes de Estados Unidos.

Ambas iniciativas han tenido lugar en el marco de preparación de la Jornada Mundial de la Juventud de agosto 2005 en Colonia (Alemania).

En el discurso que les dirigió a los muchachos, Juan Pablo II aclaró que «no hay auténtica celebración y adoración de la Eucaristía que no lleve a la misión. Al mismo tiempo, la misión presupone otro elemento eucarístico esencial: la unión de los corazones».

El Papa dejó a los jóvenes tres consignas.

«Ante todo, el amor por la Eucaristía --les dijo--. No os canséis nunca de celebrarla y adorarla, junto con toda la comunidad cristiana, sobre todo el domingo. Sabed ponerla en el centro de vuestra vida personal y comunitaria para que la comunión con Cristo os ayude a emprender opciones valientes».

En segundo lugar, les recomendó «pasión misionera». «No tengáis miedo de dar razones de la esperanza que os habita, una esperanza que tiene un nombre muy concreto: ¡Jesucristo! Esta esperanza debe ser transmitida a vuestros coetáneos ayudándoles a buscar, ofreciéndoles una auténtica amistad y acogida, llevándoles a descubrir el gran don de la Eucaristía».

Por último, «para facilitar el encuentro del mundo juvenil con una auténtica espiritualidad eucarística, no os canséis nunca de formaros en la escuela de la escucha de la Palabra de Dios, de la oración, de la celebración de los sacramentos».

«Recordad siempre que el primer lugar de la evangelización es la persona humana, hacia la cual nos empuja la Eucaristía, pidiéndonos capacidad de escucha y de amor», concluyó.