Juan Pablo II: hay inmunodeficiencia en el plano de valores existenciales

Clausurada la XXVI Conferencia Internacional para los Agentes Sanitarios

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CIUDAD DEL VATICANO, martes 29 noviembre 2011 (ZENIT.org).- Con la audiencia de Benedicto XVI a los participantes se concluyó la XXVI conferencia internacional de los agentes sanitarios, que tuvo lugar en Roma, del jueves 24 al sábado 26 de noviembre, para analizar el trabajo realizado y el que queda por hacer a la luz del magisterio de Juan Pablo II.

El encuentro, organizado por el Consejo Pontificio para los Agentes Sanitarios, con el tema La pastoral sanitaria al servicio de la vida, a la luz del magisterio de Juan Pablo II, contó con la presencia de casi setecientos participantes que, en el Aula del Sínodo, profundizaron la reflexión propuesta desde la Spes Salvi: “La medida de la humanidad se determina esencialmente en la relación con el sufrimiento y con el que sufre”.

El presidente de este Consejo Pontificio, el arzobispo Zygmunt Zimoswski, invitó en su intervención a que “en un mundo convertido en una especie de escenario donde la civilización de la vida se enfrenta a la de la muerte”, los trabajos del congreso “lleven a una movilización de las conciencias a un esfuerzo ético común para la valoración de una pastoral de la salud verdaderamente al servicio de la vida desde su inicio hasta su fin natural”.

El cardenal Stanislaw Dziwisz recorrió las etapas de la vida del beato Juan Pablo II, fundador del Consejo Pontificio para los Agentes Sanitarios, sus cartas como la Salvifici Doloris, la Dolentium Hominum, y tantas otras, pero principalmente cuando, “en el último periodo de su vida hablaba sin palabras”, porque como “hombre tocado por el sufrimiento en varias etapas de su vida”, sufrió con los que sufrían” y ahora “nos ayuda a todos nosotros con su intercesión ante el trono del Altísimo”.

El cardenal Fiorenzo Angelini, presidente emérito del Consejo Pontificio recordó lo que vivió junto al papa beato y cómo Jesús enviaba a sus primeros discípulos a predicar y a evangelizar, pero también con el deber de “curar a los enfermos”.

Monseñor José Redrado, secretario emérito del Consejo para los Agentes Sanitarios destacó que el hospital no es solo un sitio para curarse sino un lugar privilegiado para evangelizar, donde las personas se plantean grandes preguntas y reflexionan.

Pero también la familia debe ser lugar de atención, como indicó el padre Gianfranco Grieco, jefe del Consejo Pontificio para la Familia, aunque “cada vez más, sea menos un lugar natural para la atención de la persona enferma”. Una regla que antes era una norma y formaba parte de la vida familiar. La familia, según el cardenal Angelini, “debe ser el primer hospital”.

En el trabajo de apostolado, “el papel de las asociaciones y organizaciones de los fieles laicos en la promoción de la vida --destacó el padre Jan Dacock SJ, de la Universidad Gregoriana- es urgente e histórico”.

Mientras que el padre camiliano Felice Ruffini recordó que el papa Woityla, en el momento de la explosión del sida, a la pregunta “¿para qué vivir?”, denunció que paralelamente se difundía una “especie de inmunodeficiencia en el plano de valores existenciales”, una patología del espíritu. Pero también el rechazo del ensañamiento terapéutico como “expresión del respeto que, en cada instante, se debe al paciente”.

El cardenal español Antonio Cañizares, prefecto de la Congregación del Culto Divino, recordó que la eucaristía es un fármaco de la inmortalidad, invocada por el beato Juan Pablo II como “fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia”. El cardenal imaginó qué sucedería si la vida biológica del hombre no tuviese fin: un mundo de viejos sin una renovación de la vida. “Esta no es la inmortalidad a la que aspiramos, sino la del 'Yo soy la vida'” (Jn,10)’.

El portavoz vaticano Federico Lombardi expuso que el sufrimiento de Juan Pablo II fue percibido en distintos momentos a través de los medios de comunicación. En el atentado, cuando se le intervino un tumor, se fracturó el fémur, pero sobre todo en la enfermedad de los últimos años, y del modo ejemplar en el que todos entendieron que la llevaba.

En la conferencia intervinieron otros ponentes, como el cardenal Javier Lozano Barragán, presidente emérito del Consejo Pontificio de los Agentes Sanitarios, con el sugestivo título “El rostro sufriente y glorioso del Señor en el rostro del beato Juan Pablo II”; o la ponencia “La contribución de la Iglesia a favor de las políticas y de las legislaciones que apoyan la vida”, de monseñor Ángel Rodríguez Luno, decano de Teología de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. También laicos, como médicos, enfermeros y agentes dieron sus testimonios.

El congreso estuvo precedido, el miércoles 23, en el auditorio San Pío X, del primer encuentro de los obispos encargados de la Pastoral de la Salud con la presencia de unos cuarenta obispos de 37 países, cada uno de los cuales informó sobre el trabajo de la propia Conferencia Episcopal y sobre la pastoral en la diócesis.

La conferencia que se inició con una misa en la basílica de San Pedro, celebró después el concierto La Cruz, la Misericordia y la Gloria, organizado en homenaje a Benedicto XVI y centrado en la figura del beato Juan Pablo II. Un evento benéfico a favor de la fundación “El Buen Samaritano”, que lleva a cabo una treintena de proyectos en distintos países. Intervinieron la Orquesta Filarmónica de Roma, el coro polifónico The Karol Singers y el coro polifónico y orquesta sinfónica de los Penza, Rusia.