Juan Pablo II: La radio y la televisión al servicio del hombre y no al revés

Audiencia a los trabajadores de la RAI en peregrinación jubilar

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CIUDAD DEL VATICANO, 26 nov (ZENIT.org).- La radio y la televisión están llamadas a recuperar «la dimensión moral» para edificar una sociedad a la medida del hombre. Este es el mensaje que dejó esta mañana Juan Pablo II al encontrarse con la Radio Televisión Italiana (RAI).



El Santo Padre afrontó las «enormes potencialidades» de estos dos medios de comunicación con los 3.500 dependientes del grupo público italiano, que vivieron hoy su peregrinación jubilar.

Los directivos, administradores, periodistas, colaboradores, artistas, técnicos, jubilados... de la RAI atravesaron a primeras horas de la mañana la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, en signo de conversión, y después participaron en una eucaristía presidida por el arzobispo Crescenzio Sepe, secretario general del Comité vaticano para el gran Jubileo, en la que participó la prestigiosa orquesta de la RAI y el Coro de Roma.

La peregrinación culminó con el encuentro con el Santo Padre, calificado por él mismo como una «óptima oportunidad» para mostrar su «agradecido aprecio» por el servicio que la RAI, «ha ofrecido y sigue ofreciendo con profesionalidad y dedicación a la Iglesia y a la Santa Sede».

La RAI cubre y manda por satélite los grandes encuentros y celebraciones del Papa y, de hecho, durante este año santo ha cubierto todos los actos jubilares en los que ha participado públicamente el obispo de Roma. Una labor que ha sido gratificada con elevados índices de audiencia.

«Los formidables instrumentos que la técnica pone a vuestra disposición os hacen capaces de transmitir mensajes que llegan a millones de personas --constató el Papa--, influenciando el ritmo de la existencia y contribuyendo a modular opiniones y estilos de vida».

En este sentido, el pontífice reconoció el papel positivo de los grandes medios de comunicación, especialmente en el campo educativo, cuando la programación se manifiesta «atenta a los valores y responde a las expectativas de la gente».

Entonces, ¿cuál es el secreto para que la radio y la televisión se pongan al servicio del hombre y no se rebelen contra él? «Tened siempre en cuenta el bien común --respondió el Papa--, sin ceder nunca a intereses meramente económicos».

En este sentido, los cristianos que trabajan en este campo tienen una responsabilidad mayor, «pues a través de su testimonio pueden incidir en complejos mecanismos de la formación de la conciencia civil y social».

«Se trata de una misión que no es fácil y que exige valentía y en ocasiones heroísmo --reconoció--. Es necesario a veces ir contra corriente y se puede experimentar soledad, incomprensión e incluso marginación».

De este modo, «frente a una cultura de lo efímero, más atenta con frecuencia a la sensaciones que a los valores», Juan Pablo II recordó que «los cristianos están llamados a ser ministros de la inagotable novedad de la palabra de Dios, uniendo a su contribución una sólida cultura de la vida, de la solidaridad, de la familia y de los derechos humanos». Se trata de un testimonio «indispensable si se quiere contribuir a edificar la civilización del amor».

«Y dado que el sentido religioso --concluyó el Papa-- es uno de los elementos constitutivos del hombre, la programación televisiva, con equilibrio y serena apertura, debe saber afrontar también los problemas de fondo de la existencia, dejando abierta la puerta a soluciones iluminadas por una sana razón y por la fe».

Antes de despedirse, Juan Pablo II agradeció a los trabajadores de la RAI la colecta de fondos que han realizado para rescatar niños-soldado en Sierra Leona, un gesto que contribuye a sensibilizar a la opinión pública con las necesidades de «todo ser humano, especialmente si es débil o indefenso».