Juan Pablo II: La religión no puede ser un pretexto para la hostilidad

Mensaje pontificio a la Conferencia Mundial sobre Religión y Paz

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CIUDAD DEL VATICANO, 29 nov (ZENIT.org).- «La religión no es y no debe convertirse en un pretexto para la hostilidad». Lo afirma con claridad Juan Pablo II en un mensaje enviado con motivo de la celebración del trigésimo aniversario de la fundación de la Conferencia Mundial sobre Religión y Paz



En la misiva, enviada con este motivo al cardenal Peter Seiichi Shirayanagi --las celebraciones han tenido lugar en Kioto (Japón), entre 27 y el 28 de noviembre-- el Santo Padre elogia los esfuerzos de esa organización por «construir un mundo de paz».

La Conferencia Mundial de las Religiones por la Paz (WCRP) es un foro interreligioso a nivel mundial que trabaja por la solución de situaciones y factores que ponen en peligro la paz mundial y la dignidad humana. Reconocida como organización no gubernamental por las Naciones Unidas, la Conferencia está presente en más de 60 países y adhieren las principales confesiones religiosas del planeta.

Con estos objetivos, la WCRP tiene encuentros periódicos a nivel local, nacional, continental y mundial, a través de una estructura coordinada por las oficinas internacionales con sede en Ginebra y Nueva York.

Entre los copresidentes de este organismo, se encuentran entre otros el cardenal William Keeler, arzobispo de Baltimore, Chiara Lubich, fundadora de los Focolares, y el presidente de Indonesia.

«En los últimos años, la Conferencia Mundial sobre Religión y Paz se ha dedicado particularmente a la reconciliación de comunidades que se hallan divididas debido a los conflictos y a las guerras --constata en su mensaje el Papa--. Vuestros esfuerzos para ayudar a los afectados por el odio y la violencia expresan una verdad que yo mismo he buscado afirmar en numerosas ocasiones, que la religión no es y no debe convertirse en un pretexto para la hostilidad, en particular cuando coinciden la identidad religiosa, cultural y étnica».

«Al hacer frente a los acuciantes problemas de la sociedad globalizada actual --continúa subrayando Juan Pablo II-- todas las religiones deben sentirse llamadas a realizar nuevos esfuerzos para cooperar en la promoción de la vida humana en su dignidad, en la defensa de la familia, en la mitigación de la pobreza, en la instauración de la justicia, en la ayuda para defender el ecosistema de nuestra tierra».

«La colaboración entre las diferentes religiones debe basarse en el rechazo del fanatismo, del extremismo y del antagonismo mutuo que lleva a la violencia --concluye el Papa--. Conocemos muy bien la importancia de la educación como medio de promoción de comprensión mutua, de cooperación y de respeto».