Juan Pablo II: La unidad entre los cristianos, un desafío urgente

Recibe a 47 obispos de varias Iglesias y comunidades amigos de los Focolares

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CIUDAD DEL VATICANO, 3 dic 2000 (ZENIT.org).- Juan Pablo II pidió ayer intensificar los esfuerzos y la oración para promover el don de la reconciliación entre las Iglesias y comunidades cristianas, al recibir a un grupo de obispos amigos del Movimiento de los Focolares.



El pontífice utilizó palabras de gran calor humano y de profunda intensidad espiritual al recibir a los 47 prelados amigos de este Movimiento fundado por Chiara Lubich. Entre ellos, se encontraban obispos ortodoxos, sirio-ortodoxos, anglicanos, evangélicos-luteranos, así como católicos.

En nombre de ellos, se dirigió al Papa el cardenal Miloslav Vlk, arzobispo de Praga, quien en el saludo recordó que fue el mismo pontífice quien impulsó estos encuentros (se han celebrado ya en diecinueve ocasiones), comenzados en 1982.

Una iniciativa que se enmarca en el carisma de los Focolares, centrado en la espiritualidad de la unidad arraigada en el Evangelio y que lleva por lema la oración de Jesús: «Que todos sean uno».

El Papa, en el encuentro, definió precisamente estas palabras de Cristo como un «ardiente deseo». Un deseo que ha sido también el protagonista de este encuentro de obispos cristianos, que concluirá el 4 de diciembre, dedicado principalmente al ecumenismo. De hecho, el tema es «El grito de Jesús abandonado: luz en el camino hacia la plena comunión entre las Iglesias».

«Habéis meditado en la angustia experimentada por Cristo en Getsemaní cuando sintió la soledad y el abandono a la hora de cumplir con la misión que el Padre le había confiado», dijo el Papa al dirigirse a los obispos. De este modo, Jesús se presenta como modelo, pues «la aspiración a la unidad tiene que ir acompañada por una profunda capacidad de sacrificio».

Cristo, «por amor a los hermanos, asumió toda división, venciendo en sí el pecado la desunión de los suyos. ¿Cómo es posible dejar de ver la urgencia de vivir un amor así para hacer fecunda la actividad ecuménica?», preguntó el pontífice.

A continuación, pidió a los obispos amigos de los Focolares que se conviertan «en instrumentos cada vez más profundos y en ministros de la unidad y de la santificación». En primer lugar, con la oración, pues la «reconciliación» entre las Iglesias es un don divino.

Y, en segundo lugar, con la conversión diaria y constante del corazón. «Cuanto más sepamos pensar y actuar según el corazón de Cristo --concluyó el obispo de Roma--, sabremos ser más fieles a su mandamiento. La unidad es una conquista paciente y de amplias miras de la fe y de la caridad».