Juan Pablo II: Los policías y militares, centinelas de la paz

100 mil peregrinos «bañados» en el Jubileo de las Fuerzas Armadas y Policía

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CIUDAD DEL VATICANO, 19 nov (ZENIT.org).- «Sed hombres y mujeres de paz». Este es el mensaje que dejó esta mañana Juan Pablo II a los policías y militares reunidos en la plaza de San Pedro del Vaticano para celebrar su jornada jubilar.



El Papa Wojtyla, quien recordó que es hijo de un militar, aprovechó la ocasión para hacer un sentido recuerdo de todos los militares caídos en las misiones de paz y en la defensa del orden y de la legalidad.

De este modo, este Jubileo de las Fuerzas Armadas y de Policía se convirtió en uno de los momentos de oración y de paz más importantes en la historia de los ejércitos. Los soldados, en sus oraciones durante la eucaristía, recordaron a sus caídos y rezaron incluso por aquellos que «hacen de la propia autoridad un medio para dominar a los demás».

La liturgia tuvo el sabor de una misa de campaña. La trompeta anunció los momentos litúrgicos fundamentales. En total, se encontraban presentes más de 100 mil militares y policías acompañados por sus familias.

La lluvia persistente, sin embargo, quitó brillo a la fiesta. Ahora bien, estos hombres y mujeres no se desalentaron: llenaron la plaza de San Pedro y muchos tuvieron que seguir la eucaristía desde la Vía de la Conciliación.

La representación más numerosas, obviamente, era la de Italia, con 65.000 militares y policías, seguida de la española 1.700, y la polaca 1.500. En total, estaban representados 49 países (incluidos los Guardias Suizos del Vaticano) de todos los continentes (había una representación australiana). Otros de los grupos más numerosos fueron los de de Francia, Chile, Croacia, Argentina, Suiza y Estados Unidos.

Cabe destacar también, la presencia entre estos singulares peregrinos de agentes del FBI (de Estados Unidos) y de la Legión Extranjera (Francia).

Ha sido, sin duda una de las «maniobras» militares más representativas de la historia. Su lema fue «Con Cristo, en defensa de la justicia y de la paz».

La plaza de San Pedro fue testigo de otro récord: una banda militar compuesta por 18 cuerpos diferentes, y por 1.200 músicos.

Juan Pablo II, nada más comenzar su homilía, recordó: «Representáis a ejércitos que se han combatido a través de la historia». Ahora bien, añadió: «A cada uno de vosotros le corresponde el papel de ser centinela, que mira lejos para prevenir el peligro y para promover por doquier la justicia y la paz».

Momentos antes, el arzobispo José Manuel Estepa Llaurens, obispo castrense de España y decano de los obispos militares de la Iglesia católica, saludó al Papa en nombre de todos los presentes. En su intervención se hizo intérprete de la convicción de que los militares y policías necesitan la luz de Dios para poder cumplir con la tarea que les confían la sociedad y el Estado: defender la seguridad del propio pueblo y edificar y mantener la paz entre las naciones, salvaguardando al mismo tiempo el orden, la justicia y la convivencia entre los ciudadanos.

Para ofrecer una visión cristiana del papel de las fuerzas del orden y de seguridad, el Papa explicó que «la paz es un derecho fundamental de todo hombre, que ha de ser promovido continuamente». En ocasiones, «como la experiencia lo ha demostrado recientemente» este derecho «comporta iniciativas concretas para desarmar al agresor».

El pontífice se refería a lo que él llama la «injerencia humanitaria» y que hoy día se está convirtiendo en uno de los compromisos principales de los ejércitos en el mundo. Se trata de un paso, aclaró, que hay que dar «después de que hayan fracasado los esfuerzos de la política y los instrumentos de defensa no violentos». En definitiva: es «el último intento al que hay que recurrir para detener la mano del injusto agresor».

Por eso, el Papa dio las gracias a las Fuerzas Armadas y de Policía por «vuestra valiente obra de pacificación en países devastados por guerras absurdas» o «por calamidades naturales», «sin tener en cuenta los riesgos que corréis».

«Sed hombres y mujeres de paz --dijo con fuerza el Papa al concluir la homilía--. Y para serlo plenamente acoged en vuestro corazón a Cristo, autor y garante de la auténtica paz. Él os dará esa fortaleza evangélica que os permitirá vencer las seductoras tentaciones de la violencia».

Al final de la mañana, antes despedirse de los militares, Karol Wojtyla, cuyo padre era militar de carrera del ejército austro-húngaro, reconoció: «No es fácil ser familiar de un militar, pues es necesario compartir también las molestias que comporta su misión. Y, sin embargo, la familia es el apoyo principal para cada uno de vosotros, comprometidos en la defensa de la paz y de la vida. Se defiende lo que se ama y, ¿dónde se aprende a amar la paz y la vida si no es en la familia?».