Juan Pablo II: Misioneras de la Caridad, ejemplo de pobreza entre la codicia

La congregación de la Madre Teresa de Calcuta celebra su 8º capítulo general

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CIUDAD DEL VATICANO, 24 febrero 2003 (ZENIT.org).- Juan Pablo II invitó este sábado a las Misioneras de la Caridad a mantenerse fieles a su carisma --servir a los más pobres de entre los pobres-- y a dar testimonio con sus vidas de la pobreza evangélica.



Así lo hizo en una carta dirigida a la superiora general, Sor Nirmala Joshi, con motivo del octavo capítulo general que celebra estos días la congregación fundada por la Madre Teresa de Calcuta.

Es la primera vez que miembros de la congregación procedentes de todo el mundo se reúnen desde la muerte de su fundadora, cuya beatificación celebrará la Iglesia el domingo 19 de octubre, Jornada Misionera Mundial.

De acuerdo con el Santo Padre, mediante su labor, las Misioneras de la Caridad pueden constituir un luminoso ejemplo, especialmente entre los jóvenes, «que se encuentran en situaciones no sólo de necesidad material, sino también de empobrecimiento espiritual».

«En un mundo con tanta frecuencia consumido por la codicia, vuestras humildes --pero ricas-- vidas de pobreza evangélica proclaman elocuentemente que Dios es la verdadera riqueza del corazón humano», añadió.

La gran variedad de escenarios culturales y sociales donde la congregación desarrolla su misión reclama un programa de formación continua de sus miembros, como pidió el Santo Padre.

«Esforzaos para asegurar que se proporcione una formación permanente a todos los miembros --dice el Papa en su mensaje--, porque es de esta forma como profundizarán en su consagración al Señor y como su amor por Jesús y los demás crecerá».

Finalmente alienta a la congregación a seguir el ejemplo de su fundadora, «quien siempre estuvo llena con la ilimitada fuerza interior del propio amor de Cristo».

«Sostenida por el silencio de la contemplación, incansablemente llevó el amor de Cristo a todas las personas, en quienes ella encontró a Cristo», observó el Papa.

«Ello le permitió --concluye Juan Pablo II-- ser una Misionera de la Caridad tanto de nombre como de hecho».