Juan Pablo II: «No se puede construir el porvenir prescindiendo del pasado»

Recuerda las intuiciones de su predecesor San Gregorio Magno

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CIUDAD DEL VATICANO, 27 octubre 2003 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha querido resaltar la actualidad de la enseñanza de su predecesor San Gregorio Magno (540-604), un «atento investigador de la verdad» que «intuyó que el patrimonio de la antigüedad clásica, además del cristiano, constituía una preciosa base para todo desarrollo científico y humano sucesivo».



Se trata de una intuición «que conserva también hoy todo su valor en vista del futuro de la humanidad y sobre todo de Europa», constató en un mensaje –fechado el 22 de octubre-- a monseñor Walter Brandmüller, presidente del Pontificio Comité de Ciencias Históricas, con motivo del XIV centenario de la muerte del Papa San Gregorio Magno.

«No se puede construir el porvenir prescindiendo del pasado. He aquí por qué en diversas ocasiones he exhortado a las autoridades competentes a valorar plenamente las ricas “raíces” clásicas y cristianas de la civilización europea, para transmitir la linfa a las nuevas generaciones», reconoció el Santo Padre.

Tanto el Pontificio Comité de Ciencias Históricas como la Academia Nacional «dei Lincei», con ocasión del centenario del fallecimiento de San Gregorio Magno, recuerdan en estos días la figura de esta «eminente figura del sucesor de Pedro», describe Juan Pablo II.

Su empeño por sacar a la luz la primacía de la persona humana --«considerada no sólo en su dimensión física, psicológica y social, sino también en la constante referencia a su destino eterno»-- fue otra característica significativa de San Gregorio Magno.

Ésta es una verdad «a la que el mundo de hoy debe prestar más atención si quiere construir un mundo más respetuoso de las múltiples exigencias de todo ser humano», observó Juan Pablo II.

Aún «profundamente enraizado» en Roma, en su pueblo y en sus tradiciones, «motivado por un ejemplarcelo por la difusión del Evangelio» San Gregorio «promovió una intensa actividad misionera», añadió el Santo Padre.

De hecho, además de cultivar «el ansia misionera inherente a su ministerio –subrayó--, contribuyó decisivamente a una armoniosa integración de los distintos pueblos de la cristiandad occidental».
«Para construir un porvenir sereno y solidario, convendrá mirar a este auténtico discípulo de Cristo y seguir su enseñanza, proponiendo de nuevo con valor al mundo de hoy el mensaje salvífico del Evangelio», exhortó el Santo Padre.

Y es que sólo en Cristo «el hombre de toda época puede encontrar el secreto de la plena realización de sus aspiraciones esenciales», concluyó.

Cuarto y último de los doctores de la Iglesia Latina, San Gregorio Magno defendió el primado del Papa y trabajó por la reforma del clero y la vida monástica, además de combatir la herejía nestoriana y realizar aportaciones clave a la cristología.