Juan Pablo II: Oriente Medio debe volver a la negociación

Pide respeto de la ley internacional y que sean repudiadas las armas

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CIUDAD DEL VATICANO, 29 oct (ZENIT.org).- La alegría y el entusiasmo que contagiaron a Juan Pablo II las 70 mil personas que participaron en la conclusión del Jubileo del deporte, en el estadio Olímpico de Roma, no impidieron esta mañana que el pensamiento del Papa se dirigiera con tristeza, de nuevo, a la situación que atraviesa Oriente Medio.



Poco antes de que se disputaran dos carreras de atletismo (en una participaron atletas minusválidos) y que se disputara un partido de fútbol entre la selección italiana y jugadores del resto del mundo que juegan en el campeonato de primera división de ese país, el Santo Padre confesó: «En este momento de alegría no podemos y no debemos olvidar a algunas regiones del mundo en las que se sigue sufriendo y, con frecuencia muriendo. Pienso en particular en la región de Oriente medio».

«Una vez más deseo invitar a todas las partes involucradas en el proceso de paz a no ahorrar esfuerzos para restablecer el clima de diálogo que existía hasta hace algunas semanas --añadió el obispo de Roma--. La confianza mutua, el repudio de las armas y el respeto de la ley internacional son los únicos medios capaces de volver a dar vida al proceso de paz».

Este es el camino que el obispo de Roma propone desde hace años como única senda para lograr la reconciliación entre palestinos e israelíes. En este contexto y para resolver la espinosa cuestión de la «repartición» de los Santos Lugares de Jerusalén, meta de peregrinación de cristianos, judíos y musulmanes, el pontífice ha propuesto que se cree un estatuto internacionalmente garantizado que defienda los derechos de cada uno de los creyentes («El Papa: Los santos lugares de Jerusalén serán garantizados internacionalmente»).

El Papa concluyó su llamamiento a la paz pidiendo oraciones «para que se regrese a la mesa de las negociaciones y, a través del diálogo, se llegue a la meta suspirada de una paz justa y duradera, que garantice a todos el derecho inalienable a la libertad y a la seguridad».