Juan Pablo II presenta el «camino de la belleza» para anunciar el Evangelio hoy

«Es necesario hacer resplandecer... el rostro luminoso de Dios»

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CIUDAD DEL VATICANO, martes, 9 noviembre 2004 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha presentado la belleza como «camino» para que la Iglesia anuncie el Evangelio a la sociedad contemporánea.



Al participar este martes en la Sesión pública de las Academias Pontificias, el Santo Padre consideró que el «camino de la belleza» es el «itinerario privilegiado para el encuentro entre la fe cristiana y las culturas de nuestro tiempo y como instrumento precioso para la formación de las jóvenes generaciones».

El discurso papal a los académicos, leído en nombre del Santo Padre por el arzobispo argentino Leonardo Sandri, sustituto de la Secretaría de Estado, constata que «en dos mil años de historia, la Iglesia ha recorrido de muchas maneras el camino de la belleza a través de obras de arte sacro, que han acompañado la oración, la liturgia, la vida de las familias, y de las comunidades cristianas».

«Espléndidas obras maestras arquitectónicas, pinturas, esculturas y miniaturas, obras musicales, literarias y teatrales, junto a otras obras de arte consideradas erróneamente como "menores", constituyen auténticos tesoros que nos hacen comprender, a través del lenguaje de la belleza y de los símbolos, la profunda sintonía que existe entre fe y arte, entre creatividad humana y obra de Dios, autor de toda belleza auténtica».

«¿Podría disfrutar hoy la humanidad de un patrimonio artístico tan grande si la comunidad cristiana no hubiera alentado y apoyado la creatividad de numerosos artistas proponiéndoles como modelo e inspiración la belleza de Cristo, esplendor del Padre?», se preguntó Juan Pablo II en el discurso.

«Ahora bien, para que la belleza resplandezca en todo su esplendor, debe estar unida a la bondad y a las santidad de vida; es decir, es necesario hacer resplandecer en el mundo, a través de la santidad de sus hijos, el rostro luminoso de Dios bueno, admirable y justo».

«El testimonio de los cristianos, si quiere tener incidencia en la sociedad moderna, no puede dejar de alimentarse de belleza para convertirse en elocuente trasparencia de la belleza del amor de Dios», aseguró el obispo de Roma.

La tarea de los intelectuales cristianos, y en particular de los artistas, afirmó, consiste en «alimentar el amor por todo lo que es auténtica expresión del genio humano, reflejo de la belleza divina».

La sesión pública de las Academias Pontificias fue inaugurada por el cardenal Paul Poupard, presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, quien presentó en su alocución «el arte y la belleza, como puente entre cultura y fe».

La Iglesia, reconoció el purpurado francés, debe recorrer el «camino de la belleza» para «testimoniar con eficacia y comunicar el Evangelio», promoviendo así «un nuevo humanismo cristiano para el tercer milenio».

En la sesión participaron los miembros de las academias pontificias cuyo Consejo de Coordinación depende del cardenal Poupard: la Academia de Santo Tomás de Aquino, la Academia de Teología, la Academia de la Inmaculada, la Academia Mariana Internacional, la Academia de Bellas Artes y Letras de los Virtuosos del Panteón, la Academia Romana de Arqueología y la Academia del Culto a los Mártires.