Juan Pablo II recuerda la epopeya caritativa de la patrona de los emigrantes

Francesca Saverio Cabrini, apóstol de los pobres en América

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CIUDAD DEL VATICANO, 17 julio (ZENIT.org).- Patrona de los emigrantes, y primera ciudadana estadounidense declarada santa: estos son algunos de los «records» de Francesca Saverio Cabrini, mujer que ha realizado una de las epopeyas caritativas más espectaculares del siglo XX.



Ciento cincuenta años después de su nacimiento y medio siglo después de su reconocimiento como intercesora de los expatriados, Juan Pablo II, que se encuentra de vacaciones, ha querido escribir un mensaje a las Misioneras del Sagrado Corazón, hijas espirituales de la Madre Cabrini.

El pontífice, en su mensaje, traza los rasgos biográficos de esta «Madre coraje de las Américas», como ha sido definida esta mujer pequeña y grácil, pero animada por una fe inquebrantable. De este modo, recuerda su nacimiento en un pueblo de la región italiana de Lombardía, su llamada vocacional, la fundación de las Misioneras del Sagrado Corazón y la gran intuición de León XIII, quien, cuando la santa le dijo que quería partir de misionera a China, le indicó otra meta: «No vaya a Oriente, sino a Occidente».

Comenzaba así una aventura que llevaría a la Madre Cabrini a atravesar el Atlántico 24 veces. Primero llegó a Nueva York, con un puñado de hermanas de religión. Después, fue más lejos: Nicaragua, Brasil, Argentina... Siempre con un mismo objetivo: ayudar a las masas de desheredados que habían llegado al nuevo mundo en búsqueda de trabajo, creando para ellos y prácticamente de la nada escuelas, hospitales, orfanatos...

Escribe el Papa: «Su corazón materno, inquieto, les alcanzaba por doquier: en los tugurios, en las cárceles, en las minas. Sin tener miedo a las distancias, viajaba de Nueva York a New Jersey, de Pennsylvania a Illinois, de California a Louisiana y Colorado».

En Estados Unidos, donde se le llama familiarmente «Madre Cabrini», hoy existe una gran devoción por esta gran apóstol que se naturalizó ciudadana estadounidense sin perder para nada el amor por su tierra lejana. Su obra continúa hoy en las Misioneras del Sagrado Corazón, que trabajan en las «favelas» brasileñas en la ayuda de los niños de la calle o en la asistencia de los emigrantes de los países de América, en un mundo que cambia pero que, como dice el Papa en su mensaje, experimenta los mismos problemas que tuvo que afrontar la santa Francesca en su apostolado: «el permiso de residencia, la enseñanza del idioma, la integración en la sociedad, la ayuda de los clandestinos en los centros de detención».

El mensaje de vida de la patrona de los emigrantes sigue cobrando más actualidad que nunca, por ello, el Papa pide a sus hijas espirituales que sigan promoviéndolo sin descanso, «en un constante esfuerzo por la tutela y la promoción de todo ser humano».