Juan Pablo II: Tras el Jubileo, «nada es como antes»

Da las gracias todos los que han hecho posible el año santo

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CIUDAD DEL VATICANO, 11 ene 2001 (ZENIT.org).- Juan Pablo II recorrió esta mañana los momentos más emocionantes del Jubileo al recibir en audiencia a los hombres y mujeres que han hecho posible este acontecimiento, el año santo que ha traído a Roma el mayor número de peregrinos de la historia.



En la audiencia estaban presentes los miembros del Comité Central de la Santa Sede para el Jubileo, así como colaboradores del Estado de la Ciudad del Vaticano y de la diócesis de Roma. No faltaban tampoco autoridades civiles y militares de Italia, que han garantizado la acogida de los casi 30 millones de peregrinos durante los 379 días del año santo.

En nombre de los presentes saludó al pontífice el cardenal Roger Etchegaray, presidente del Comité Central para el Jubileo, quien le agradeció el haber sido el guía durante estos seis años de camino que habían recorrido los presentes desde que comenzaron los preparativos de este acontecimiento de fe.

«¿Cuántas veces usted habrá pensado en la profecía del cardenal Wyszynski?», preguntó el purpurado refiriéndose a las palabras que el primado de Polonia había dirigido a Karol Woytjla nada más ser elegido obispo de Roma, asegurando que le correspondía guiar la Iglesia en su entrada al tercer milenio.

«¡Cuántas veces --añadió-- en nuestro corazón nos hemos alegrado al verle abrir la puerta santa del año 2000… y cerrarla como memoria del pasado, pero también como profecía para el futuro!».

El pontífice, al agradecer a sus colaboradores el trabajo realizado, afirmó: una vez terminado el Jubileo, «nada es como antes».

«En la transición histórica que está viviendo la humanidad, el año santo ha tenido la función providencial de hacer que resuene de nuevo el eco de la “buena noticia”»: «El Jubileo ha indicado, al inicio del siglo XXI y del tercer milenio, como un punto firme a partir del cual se puede recomenzar, a Cristo, única salvación y esperanza de la humanidad».

Ahora que la puerta santa se ha cerrado, el Santo Padre consideró que al retomar el camino «ordinario» es necesario ser conscientes de que queda más abierto que nunca el acceso a la divina misericordia.

El Papa hizo público su más sentido agradecimiento por la colaboración ofrecida por Italia en el Jubileo. En concreto, mencionó la ayuda prestada por el gobierno de la Región del Lazio (a la que pertenece Roma), la del ayuntamiento de la Ciudad Eterna, así como la del Ministerio de Interior y la del de Obras Públicas, que ha emprendido importantes infraestructuras que ahora quedan como herencia para los ciudadanos tras el año santo.

Por lo que se refiere a la cobertura de la información de los acontecimientos del año santo, Juan Pablo II agradeció en concreto la ayuda prestada por el diario oficioso vaticano, «L´Osservatore Romano», por el Centro Televisivo Vaticano, por «Radio Vaticano» y por la RAI, radio-televisón pública de Italia.

Esta última garantizó la transmisión y retransmisión de todos los grandes eventos jubilares. En particular, el pontífice apreció el que esta empresa haya sabido contar con el «constante apoyo del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales», organismo vaticano presidido por el arzobispo estadounidense John P. Foley.

El sucesor de Pedro reconoció que su lista de agradecimientos debería prolongarse mucho más --dirigió una especial mención a los 70 mil voluntarios--; ahora bien no quiso que se le quedara en el tintero el reconocimiento de la generosa contribución espiritual ofrecida a través de la oración y el sufrimiento por parte de millones de personas: ancianos, enfermos, religiosos y religiosas de vida contemplativa.

A todos ellos les invitó a proseguir con esta misión, «para que las semillas arrojadas durante el Jubileo continúen produciendo frutos abundantes en los años vendrán».

«Se verá si hemos vivido verdaderamente el Jubileo por los frutos de santidad que llevaremos a la vida ordinaria», concluyó Juan Pablo II.