Juan Pablo II: Vida o muerte, la disyuntiva del mundo sanitario

La nueva evangelización: mostrar el rostro de Cristo a quien sufre

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CIUDAD DEL VATICANO, 3 mayo 2002 (ZENIT.org).- La nueva evangelización, lanzada en este pontificado de Juan Pablo II, afronta un desafío imponente en el mundo sanitario: la apuesta clara a favor de la «cultura de la vida», en contraposición a una «cultura de la muerte», ha confesado el mismo Papa.



«Las nuevas fronteras del progreso de las ciencias de la vida, y de las aplicaciones que de ellas se derivan han puesto un poder y una responsabilidad enormes en las manos del hombre», reconoció este jueves el Santo Padre.

«Si prevalece la cultura de la muerte, si los hombres se dejan condicionar por opciones egoístas o prometeicas en el campo de la medicina y de la búsqueda médica, será inevitable que la dignidad humana y la vida misma queden peligrosamente amenazadas», añadió.

«Si, por el contrario, el trabajo en este importante sector de la salud es caracterizado por la cultura de la vida, bajo la guía de la recta conciencia, el hombre encontrará respuestas válidas a sus aspiraciones más profundas», aclaró al encontrarse este jueves con la asamblea plenaria del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud.

Creado en 1995, este organismo vaticano, presidido por el arzobispo mexicano Javier Lozano Barragán, tiene por objetivo coordinar y estimular la obra de la Iglesia católica en este campo (la institución con más estructuras de ayuda sanitaria en el mundo), así como analizar las iniciativas políticas sanitarias a nivel internacional.

En este campo, según dijo el Papa, la Iglesia tiene un desafío claro: «una nueva evangelización del dolor, que Cristo asume y transfigura en el triunfo de la Resurrección». Es decir, mostrar con el servicio impregnado de amor el rostro de Cristo resucitado a toda persona enferma o que sufre.

«En este sentido es esencial la vida de oración y el recurso a los sacramentos, sin los cuales se hace difícil el camino espiritual no sólo para los enfermos sino también para los que les asisten», explicó el Papa a los participante en la asamblea del Consejo Pontificio.

En la hora actual, este objetivo implica afrontar «nuevos y complejos problemas», que enumeró el obispo de Roma: «El numero decreciente de religiosas comprometidas en este ámbito; el complicado ministerio de los capellanes hospitalarios; la dificultad para organizar a nivel de las Iglesias locales una adecuada e incisiva pastoral de la salud; y la actitud con la que el personal sanitario, no siempre en sintonía con las orientaciones cristianas».

Para dar respuesta a estas problemáticas, el Papa insistió en el criterio fundamental: «tener una actitud de respeto por la vida y la dignidad del ser humano», sin olvidar que es «útil» «la colaboración generosa con las organizaciones internacionales de la salud».