Juan Pablo II vive el Jubileo de la Paz con siete mil jóvenes

Iniciativa del Servicio Misionero Juvenil

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CIUDAD DEL VATICANO, 22 dic 2000 (ZENIT.org).- Juan Pablo II está convencido: el cristianismo tiene necesidad de la «coherencia cristiana» de los jóvenes, auténticos misioneros a inicios del tercer milenio.



Lo aseguró esta mañana al recibir a 7 mil chicos y chicas en la sala de audiencias generales del Vaticano que forman parte del Servicio Misionero Juvenil (SERMIG), una asociación surgida en 1964 por iniciativa del laico Ernesto Olivero, en la capital industrial de Italia, Turín.

Este movimiento se caracteriza por un estilo de vida comunitaria, sencilla y fraterna, que pretende anunciar el Evangelio a través de iniciativas de conciliación en diferentes partes del planeta.

Desde 1983, el SERMIG ( http://www.sermig.org tiene su sede central en un antiguo Arsenal militar de Turín, que se encontraba en el más completo abandono. Ahora, una vez restaurado y regenerado, se ha convertido en el «Arsenal de la Paz».

De este modo, los jóvenes del SERMIG celebraron hoy con Juan Pablo II el Jubileo de la Paz, en el que leyeron por primera vez al pontífice la Carta de los Jóvenes, surgida con la aportación de más de cuatrocientos grupos de jóvenes que se han encontrado en los últimos años en el Arsenal de la Paz.

Mil jóvenes, representantes de varios grupos de compromiso religioso, político y social, de entre 16 y 36 años, fueron nombrados hoy «Artesanos de la paz» y fueron los primeros en firmar la Carta de los Jóvenes.

Juan Pablo II, tras reconocer el trabajo de estos chavales, constató en la audiencia, de ambiente navideño, que «a veces, el mundo parece estar envuelto por la oscuridad; la oscuridad de quien tiene hambre, de quien muere, de quien no tiene casa, trabajo o una asistencia adecuada; la oscuridad de la violencia o de la desesperación que lleva a algunos en ocasiones incluso al suicidio».

«¿Quién podrá vencer estas tinieblas», preguntó el Papa a los muchachos y muchachas presentes. «El mundo tiene necesidad de la luz de Cristo --respondió--. Os necesita también a vosotros, necesita vuestro entusiasmo y vuestra aportación para propagar esta luz en todo ámbito».

Sólo el mensaje cristiano, por tanto, explicó el Papa, puede hacer la diferencia. De este modo, invitó a los jóvenes a acogerlo en el corazón para después testimoniarlo.

«Continuad por este camino --dijo al final el Papa a los muchachos--: consagrada la vida a la causa de la paz. En la era de la globalización es necesario "globalizar" la solidaridad, el amor, para que por doquier llegue el mensaje liberador del Evangelio. Esto comporta con frecuencia ir contra corriente, ser incomprendidos y en ocasiones incluso marginados. Pero es indispensable ser coherentes con los principios y permanecer fieles a Cristo y a la Iglesia».