Juana de Arco, figura que inspira todas las épocas del cine

La evolución del séptimo arte, ligada a la historia de la santa francesa

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ROMA, 9 diciembre 2001 (ZENIT.org).- La evolución del cine está ligada a la historia de Juana de Arco, mujer en la que se han inspirado autores de todas las eras del celuloide, ha constatado el «ministro» de Cultura de Juan Pablo II, el cardenal Paul Poupard.



Al participar en la presentación de un libro sobre la santa francesa y la gran pantalla, escrito por la autora italiana Paola Dalla Torre («Giovanna d´ Arco nella celluloide. Riflessioni sull´ età
del cinema», el cardenal Paul Poupard, hizo así una sugerente relectura de la historia del cine a la luz de esta heroína.

La intervención del presidente del Consejo Pontificio para la Cultura, en el centro cultural San Luis de los Franceses en Roma, tuvo lugar en el momento en que en la misma ciudad se celebra el Festival de Cine Espiritual «Tertio Millennio», que se prolonga durante toda la primera quincena de diciembre.

El purpurado galo comenzó constatando que Juana de Arco ha ejercido un constante influjo sobre los directores cinematográficos desde la época muda hasta el cine digital posmoderno.

Esta influencia, aclaró, se debe quizá al hecho de que «Juana representa y encarna perfectamente la paradoja» de una vida breve pero extraordinariamente densa de itinerarios en apariencia contradictorios.

«Es --observó-- niña y soldado, santa y patriota, devota y condenada de manera abusiva como hereje». Es «moderna», por tanto, debido a su «ambivalencia, la multiformidad que caracteriza su naturaleza», así como la naturaleza del mismo cine.

En los cien años del séptimo arte, la historia de la doncella de Orleans ha sido interpretada siete veces. Desde el pionero «L´execution de Jeanne d´Arc» de George Hatot, del 1898, hasta «Juana de Arco» de Luc Besson (1999), «sin contar --subrayó el cardenal Popupard-- dos insuperables obras maestras, los filmes de Victor Fleming de 1948 y el, que aprecio especialmente, de Robert Bresson de 1962».

De este modo, constató el ardor de la virgen que se encerró en una armadura, rebelándose a las constricciones sociales de su tiempo para convertirse en un símbolo de Francia y del cristianismo, ha permitido en el fondo al cine encontrarse a sí mismo al contar aquella historia única.

A través del libro de Paola Dalla Torre, es posible de hecho captar cómo la historia de la santa se ha convertido en «el espejo perfecto» a través del cual el cine se ha desvelado y se desvela.

Un caso único de figura de referencia con excepción sólo de la figura de Cristo. También el relato de la Pasión, concluyó el purpurado, «está presente en toda la historia del cine».

De este modo, añadió Poupard, se ve cómo el tema sagrado es una constante, quizá la única constante en la historia del cine.

Sabe «encarnarse perfectamente en cada periodo del lenguaje cinematográfico» y sabe «ejemplificar las temáticas, sin perder su significado profundo».