Jubileo de los abuelos en Santiago de Compostela

«Horizonte luminoso para la Iglesia», según monseñor Barrio

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SANTIAGO DE COMPOSTELA, lunes, 26 julio 2004 (ZENIT.org-Veritas).- Este 26 de julio, en la memoria de los santos Ana y Joaquín, padres de la Virgen María según la tradición, el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, celebró con una eucaristía el día de los abuelos.



El prelado, que se dirigió a los que llegaban a la tumba del Apóstol con la ofrenda de su «pasado y presente, mirando con esperanza el futuro», no olvidó tampoco a «las personas ancianas, solas o enfermas, que no han podido venir».

A todos dijo el arzobispo de Santiago «vuestro jubileo adquiere características especiales, si se considera la presencia creciente de las personas ancianas en la sociedad actual», y añadió «el rostro de nuestra sociedad es mayor».


A esta nueva realidad, el prelado la consideró una «riqueza humana y espiritual nueva que como don de Dios hemos de agradecer» y se refirió a ella como «un signo de los tiempos que, bien entendido, puede ayudar al hombre de hoy a encontrar el sentido de la vida más allá de los valores contingentes de la economía, de la cultura y de la política».

«También la edad avanzada es un tiempo de gracia, que invita a unirse con amor más intenso al misterio de la salvación de Cristo y a participar más profundamente de él», añadió.

Después de afirmar que «todos hemos de sentirnos comprometidos social y pastoralmente en esta realidad», monseñor Barrio les dijo con palabras de Juan Pablo II que «en un mundo como el actual, en el que a menudo se mitifican la fuerza y la potencia, tenéis la misión de testimoniar los valores que cuentan de verdad, más allá de las apariencias, y que permanecen para siempre porque están inscritos en el corazón de todo ser humano y garantizados por la palabra de Dios».

El prelado animó a los mayores diciéndoles que la Gracia Jubilar les «dará fuerzas para colaborar en el desarrollo de una auténtica "cultura de la vida", testimoniando que cada momento de la existencia es un don de Dios y cada etapa de la vida humana tiene sus riquezas propias que hay que poner a disposición de todos».

Finalmente, el arzobispo de Santiago se dirigió a los abuelos para decirles que son «un horizonte luminoso para la Iglesia que os contempla con gran estima y os necesita como catequistas, animadores de la liturgia y testigos de vida cristiana».

«Ahora que disponéis de más tiempo para vosotros, dedicadlo a la oración, a la lectura de la palabra de Dios y a dar testimonio de vuestra vida cristiana a través de vuestras obras de caridad y solidaridad para con los necesitados.
Cualquier etapa de la vida es buena para realizar el proyecto de Dios en nosotros, desarrollando los talentos recibidos y poniéndolos al servicio de los demás», les dijo.

Entre los mayores presentes en la Eucaristía, estuvieron algunos vinculados a la Asociación Mensajeros de la Paz-Edad Dorada, que preside el padre Ángel García.