Juramento de nuevos guardias suizos; el Papa agradece su servicio

El cuerpo pontificio supera la crisis del asesinato-suicidio de 1998

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CIUDAD DEL VATICANO, 6 mayo 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II agradeció este lunes el servicio que ofrecen los guardias suizos en el día del juramento de 28 nuevos «soldados del Papa».



«En mucha ocasiones habéis demostrado que los Papas pueden fiarse de vosotros», afirmó el pontífice al recibir al ejército más pequeño del mundo en la Sala Clementina del Vaticano.

El imponente Patio de San Dámaso, en el corazón del Palacio Apostólico, volvió a ser testigo mudo en la tarde de un nuevo 6 de mayo de la solemne ceremonia en la que los jóvenes comenzaron su compromiso de al menos dos años al servicio del Papa y de la Santa Sede.

La fecha conmemoraba el heroísmo de 147 guardias suizos, que durante el saqueo de Roma, en 1527, dieron la vida para que el Papa Clemente VII pudiera salvarse, refugiándose en el Castillo de San Ángel.

Fue un juramento «políglota», en representación de la variedad lingüística que caracteriza Suiza: 18 de los nuevos alabarderos pronunciaron su compromiso en alemán, 6 en italiano, y 4 en francés.

Al darles las gracias a los reclutas por haber decidido dedicar varios años de su vida para «velar por el Papa y por la seguridad de quien trabaja en la Santa Sede», el obispo de Roma describió los rasgos que caracterizan al guardia suizo: «firmeza en la fe, fidelidad a la Iglesia, responsabilidad en las grandes y pequeñas tareas, conciencia en el trabajo, valor, humildad, abnegación, humanidad».

«Espero que, a pesar de las dificultades de vuestro trabajo, sepáis vivir plenamente este tiempo de misión, como una posibilidad para profundizar en vuestra fe y en vuestro amor a la Iglesia, así como una experiencia de fraternidad entre vosotros», concluyó.

En una rueda de prensa concedida este sábado para presentar la ceremonia de juramento, el comandante de la Guardia Suiza, Pius Segmueller, afirmó: «No he venido para hacer una "revolución", he querido hacer una "evolución"».

Segmueller asumió el cargo después de la tragedia del 4 de mayo de 1998 cuando, según la investigación oficial del vaticano, el comandante Alois Estermann y su esposa, fueron asesinados por el vice-caporal Cedric Tornay, quien después se suicidó.

«Puedo decir --añadió el comandante-- que la formación y la comunicación a nivel interior y exterior han cambiado. Los guardias están profundamente motivados y cuentan con nuestra plena confianza».

Tras aquellos sucesos, se ha prestado más atención al reclutamiento, a los tests psicológicos previos, así como a los coloquios que evalúan las motivaciones de quienes quieren unirse a este cuerpo.

«La fe es la motivación principal, sin ella no es posible realizar este servicio», afirmó el comandante.

El superior informó también que, tras los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos, la Guardia Suiza ha tomado mayores medidas de seguridad para los peregrinos y para los ciudadanos de la Santa Sede. En particular, ha aumentado la colaboración con la policía y los carabinieros italianos.

La Guardia Suiza Pontificia, fundada por el Papa Julio II en 1506, es una compañía de 110 voluntarios, reclutados en todos los cantones suizos, encargada de la custodia del Papa y de su residencia.

Desempeña, además, la tarea de vigilancia de las entradas a la Ciudad del Vaticano, de los servicios de seguridad y de honor durante las celebraciones litúrgicas y encuentros diplomáticos del Santo Padre.