Justicia social y evangelización (I)

Entrevista con el cardenal Peter Turkson

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ST. PAUL, lunes 8 de noviembre de 2010 (ZENIT.org).- El reto de servir como la voz de Benedicto XVI en cuestiones de “justicia y paz” debe ser abrumador. Requiere la aplicación de principios probados por el tiempo a una vasta cantidad de temas en muchas situaciones geográficas, políticas y culturales diferentes.

A menudo, las soluciones a problemas difíciles que podrían tener sentido en un contexto serían rechazadas en otros, en diferentes partes del mundo, como imprudentes o mal concebidas.

Pero de acuerdo con el nuevo jefe del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, debemos esforzarnos por entender los términos difíciles e ideas desde el punto de vista del hablante. En otras palabras, debemos preguntarnos lo que el hablante intenta comunicar a su audiencia particular.

Adoptando este punto de partida también puede promover una profunda experiencia de aprendizaje dentro de nosotros, dice el cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, un puesto para el que fue nombrado por Benedicto XVI en octubre de 2009.

El cardenal Turkson, de 62 años, nació en Nsuta Wassaw (Ghana), y es el arzobispo emérito de Cape Coast. Asistió al Seminario St. Anthony-on-Hudson de Nueva York y después estudió en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma, donde completó un doctorado en Sagrada Escritura.

Ordenado en 1975, fue nombrado arzobispo de Cape Coast en 1992, y cardenal, por Juan Pablo II, en 2003.

En un reciente viaje a Minnesota, el cardenal Turkson se sentó con ZENIT para tratar, entre otros asuntos, sobre las dificultades en la comprensión y aplicación de la doctrina social de la Iglesia, la importancia de la solidaridad, y el trabajo vital de la Santa Sede en Naciones Unidas.

La segunda parte de esta entrevista se publicará mañana martes 9 de noviembre.

- Como cabeza del Consejo Pontificio para la Justicia y la paz, usted tiene que estar al corriente en un montón de cuestiones diferentes, desde la economía hasta el medio ambiente. ¿Cuáles son sus principales fuentes de inspiración para afrontar esta tarea?

Cardenal Turkson: Basicamente, hay tres influencias. La primera es el propio Papa Benedicto XVI. Él, naturalmente, es la razón de que yo esté en Roma.

Le he preguntado cuáles son su visión y sus objetivos para la oficina, porque la naturaleza de mi trabajo es apoyar la visión del Papa.

La segunda es mi trabajo como pastor. Antes de venir a Roma, yo era un pastor. Mis experiencias pastorales han sido una referencia. Es una fuente particulramente rica para mi trabajo.

Me encuentro llegando a esta oficina com muchos sentimientos de pastor. Tengo que ser creativo, innovador, y mostrar iniciativa en cualquier situación que me encuentre.

La tercera fuente de inspiración es mi propia formación en las Escrituras. Al final, todo lo relacionado con nuestra fe en acción se deriva en última instancia de la Escritura. Me parece que una preparación muy útil.

Yo no era un estudiante particularmente brillante en doctrina social de la Iglesia – no hice ningún estudio académico sobre ella, sólo lo que necesitaba para mi trabajo de pastor. Por ello, un gran apoyo para mi trabajo es la base bíblica de todo lo que sucede.

- ¿Cuál es la visión de Benedicto XVI sobre su oficina?

Cardenal Turkson: Mi nombramiento tuvo lugar después del sínodo sobre África.

En el sínodo, el Santo Padre dijo que en nuetsro trabajo, debíamos distinguir entre acción pastoral y acción política, Todo lo que hacemos tiene que estar en línea con la acción pastoral.

Por ejemplo, en la situación de África, todos los asuntos importantes que se refieren al desarrollo humano, de alguna afectan a los gobiernos, pero necesitamos pensar en la situación pastoral.

La aproximación a las soluciones políticas tiene que estar en consonancia con nuestra comprensión de la Iglesia como familia de Dios.

Quien conozca algo de la vida de un obispo o sacerdote en un país de misión sabe que no se trata solo de ser un pastor o un administrador; al contrario, hace de todo – arquitecto, asesor económico, proyectista...

Esto significa que nosotros como pastores tenemos que desarrollar un agudo sentido de innovación, creatividad e iniciativa. Nuestro trabajo en el Consejo debe ser igual.

El Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz es un departamentos entre muchos en el Vaticano y por ello debe estar en línea con el Papa. Tienes que hablar como lo haría el Papa cuando representas al Papa.

- En Estados Unidos, existe mucha confusión con el término “justicia social”, algunos actúan como si se tratara de una virtud o de un humanitarismo en general, y otros que creen que el término debería ser abandonado por completo, ya que ha sido distorsionado y secuestrado por activistas políticos de izquierda. ¿Puede aclarar algo de la confusión y definir exactamente lo que exactamente significa la justicia social?

Cardenal Turkson: En el fondo, la justicia social es una función de la propia fe y de ladoctrina de la Iglesia.

Un grupo de investigadores de Estados Unidos vino recientemente a Roma a visitarnos y hablar de la reciente encíclica.

Se hizo evidente en seguida en la discusión que ciertos términos, como la solidaridad, no son apreciados por los estadounidenses, y son difícil de traducir.

Pero hay una cierta experiencia de aprendizaje que es útil.

Así como lo hacemos en cualquier estudio literario, siempre es bueno tener en cuenta el autor y su punto de partida.

Tenemos que entender el punto de vista del autor y lo que el autor pone sobre la mesa. Algunos términos y conceptos no pueden ser apreciados a menos que sean vistos desde ese punto de vista.

Cuando se trata de la justicia social, era una expresión que usamos en el Sínodo de África mucho.

En primer lugar debemos mirar el término justicia, y luego añadir el adjetivo de social y ver a dónde nos lleva. Creo que es útil para tener una idea de la propia expresión.

La Justicia puede ser considerada como la necesidad de respetar las exigencias de cualquier relación en la que nos encontramos.

Cuando yo respeto estas relaciones, puedo estar seguro de ser justo. Esto es cierto respecto a la relación entre Dios y yo, y es cierto acerca de marido y mujer, estudiante y profesor, propietario y trabajador.

Las demandas de cualquier relación, cuando se espera entre las partes, constituyen la justicia. Si este es el caso, si nos referimos a ellas de alguna forma como sociales, sólo significa que vemos un conjunto de relaciones y expectativas entre los miembros de la sociedad.

Por lo tanto, esto no es conservador ni liberal. Vamos a considerar las demandas de ciertas relaciones en las que estamos involucrados, es decir, en la causa de la justicia.

Tenemos que tener cuidado de no ser demasiado teóricos. Existe una relación entre el legislador y el ciudadano, entre el carpintero y obrero, entre jefes y trabajadores de negocios que deben llevarse a cabo y respetarse.

La justicia social no tiene que ver tanto con la distribución o con hacer que las personas arriba en la sociedad ayuden a los que están abajo.

El punto de partida es reconocer el sentido de la justicia en las relaciones y guiarse por él. Cuando nos dejamos guiar por él, nos ayuda a eliminar algunas de las dificultades en la comprensión del término.

Debemos mirar a la justicia social en términos de relaciones.

- En los Estados Unidos, hay mucha polarización en la forma en que católicos políticamente activos interpretan y aplican la doctrina social de la Iglesia. Por ejemplo, algunos creen que prácticamente todos los problemas sociales deben ser resueltos por los particulares, organizaciones y actores no gubernamentales, mientras que otros creen que el Estado debe poner la mano en prácticamente todos los problemas que enfrenta la sociedad. Asegurar que todos los ciudadanos tengan acceso a servicios básicos de salud es sólo un ejemplo. ¿Qué piensa respecto de esta polarización?

Cardenal Turkson: Podría haber un pequeño desfase entre la propia enseñanza del Papa y la realidad de la situación particular en los Estados Unidos.

No estoy seguro de que el debate sobre la salud sea un intento de poner en práctica el pensamiento del Papa en este sentido.

La situación probablemente pueda estar relacionada con los dos campos políticos dentro de este país. En cualquier caso, tendría su propia hermenéutica.

Si pensamos en el carácter comunitario de la enseñanza del Santo Padre, éste se basa en la antropología cristiana de la persona. La persona es creada para ser parte de una familia. La familia es el punto de partida de la comprensión del Santo Padre de la persona.

Las personas pertenecen a una familia. La fraternidad es un concepto que no se entiende bien aquí.

Siendo miembros de una familia, todos somos hermanos y hermanas en el camino. Es este el punto de partida comunitaria. Podemos perseguir iniciativas individuales, pero el punto de partida original significa que debemos ser conscientes de no dejar a un hermano o hermana atrás.

La lógica del Santo Padre del don se aplica aquí.

No dejamos atrás a un hermano o hermana, porque reconocemos lo que la persona es: un ser creado a imagen y semejanza de Dios. Nuestra solidaridad con ellos es una expresión del amor de Dios Padre por cada uno de nosotros.

La persona debe imitar el amor de Dios hacia los demás. Debemos convertirnos en amor o en don para otras personas.

El sentido es que la persona humana debe pertenecer a una familia. La solidaridad es el punto básico de partida: la hermandad de los hombres bajo la paternidad de Dios.

No estoy seguro de que la discusión política en la sociedad estadounidense tenga el mismo punto de partida.

Por lo tanto, hacer de la comprensión de la persona humana y de la necesidad de la solidaridad el punto de partida, se convierte en una misión. Debemos usar la doctrina social de la Iglesia como medio de evangelización. Tenemos que compartir esto con los no cristianos.

Cualquier legislación que se adopte debe ser una expresión de solidaridad, una expresión de la naturaleza del amor de Dios y la gratuidad con que Dios ama y se ocupa de nosotros.

Por Jason Adkins, traducción del inglés por Inma Álvarez