Justicia y diálogo, antídotos a la violencia en tiempos de globalización; según el Papa

Analiza los desafíos de las sociedades multiculturales con la nueva embajadora holandesa

| 749 hits

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 23 enero 2005 (ZENIT.org).- Juan Pablo II considera que la justicia internacional y el «diálogo profundo» son las claves para afrontar los desafíos que plantea la paz mundial y las tensiones que surgen en el seno de las actuales sociedades multiculturales.



Así lo expuso este sábado al recibir las cartas credenciales de la nueva embajadora de los Países Bajos ante la Santa Sede, Monique Patricia Antoinette Frank.

«Cada día --le dijo el Papa en su discurso--, las noticias del mundo recuerdan a todos la necesidad imperiosa de construir un futuro de paz entre los hombres y, para ello, de consolidar un orden internacional estable, garantizado en particular por una mejor repartición de los recursos a nivel internacional y por una política activa de ayuda al desarrollo».

El Santo Padre mencionó al mismo tiempo las «nuevas tensiones» provocadas por la «rápida transformación de nuestras sociedades, en un mundo cada vez más abierto a la diversidad de culturas» de las que Holanda es testigo.

El 2 de noviembre pasado este país quedó conmocionado a causa del asesinato del cineasta Theo van Gogh, quien había sido criticado por sectores musulmanes asentados en Holanda por su documental «Submission», en el que criticaba la posición de la mujer en el mundo islámico.

Ante esta situación, el Santo Padre abogó con urgencia a favor de «un diálogo profundo entre los diferentes grupos que componen la nación para que todos aprendan a conocerse y respetarse».

«Para que el sentido de pertenencia cultural no se transforme en cerrazón, un antídoto eficaz es el conocimiento sereno, no condicionado por prejuicios negativos, de las otras culturas», indicó.

«Con esta condición --señaló en su discurso en francés--, será posible establecer entre las diferentes comunidades relaciones pacíficas, para construir todos juntos el edificio común de la nación».

Este es el motivo, aclaró, por el que hace tres años convocó en Asís a los representantes de todas las religiones del mundo «para manifestar juntos nuestra voluntad común de paz».

«Les pedí, en particular, que renuncien totalmente a toda legitimación del recurso a la violencia por motivos religiosos y, más aún, que la condenen explícitamente», indicó.