Kateri Tekakwitha, la primera santa india norteamericana

Vivió durante la colonia, entre el actual Canadá y Estados Unidos

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ROMA, martes 20 diciembre 2011 (ZENIT.org).- La América norteamericana ya tiene su santa india. Una figura extraordinaria llena de encanto, testigo de lo que la gracia divina hace en quien, con toda la inocencia de una juventud incontaminada, se deja llevar por su impulso. Kateri Tekakwitha vivió mucho en pocos años. Murió consagrada a Dios a los 24 años.

En el inmenso territorio descubierto en el siglo XVI por Cristóbal Colón, enviado por la corona española, se establecieron poco a poco colonias de todas las procedencias, ambicionando establecerse en aquellas grandes praderas. En territorio donde se impuso la presencia holandesa y luego inglesa, vivió una joven india mohawk, ya beata, de la que este lunes la Iglesia ha reconocido un milagro por lo que será próximamente canonizada.

Desde 1614, los neerlandeses se establecieron a lo largo del río Hudson inferior, fundando Nueva Ámsterdam en la isla de Manhattan. En 1674, los Países Bajos cedieron su territorio a Inglaterra y la provincia de los Nuevos Países Bajos fue renombrada como Nueva York. Con la división de las Carolinas en 1729 y la colonización de Georgia en 1732, se establecieron las Trece Colonias británicas, que luego se convertirían en los Estados Unidos de América: no existía este país durante la breve existencia de Kateri.

Kateri Tekakwitha era una joven mohawk que vivió en el siglo XVII. La historia de su conversión al cristianismo, su valentía en afrontar el sufrimiento y de su santidad es inspiración para todos los cristianos.

Kateri Tekakwitha pronto se convertirá en la primera santa amerindia del norte. La santa ha realizado muchos milagros privados. La conocida como “el lirio de los mohawks” tiene su santuario nacional en Fonda, Nueva York.

El santuario fue fundado en honor de Kateri, ya que fue aquí donde fue bautizada el domingo de Pascua, 5 de abril de 1676, y aquí vivió sus años de adolescencia.

Kateri nació en 1656 de una madre algonquina cristiana --raptada por los iroqueses y casada con un jefe mohawk--, en la aldea fortificada de Mohawk Canaouaga u Ossernenon (moderna Auriesville), en el actual estado de Nueva York.

Cuando sólo tenía cuatro años, quedó huérfana: sus padres y hermano murieron de una epidemia de viruela propagada por los colonizadores europeos. Kateri sobrevivió a la enfermedad, pero esta le dejó la cara marcada de cicatrices y deterioró su vista. Debido a su mala visión, Kateri fue apodada "tekakwitha", que significa "la que choca contra las cosas".

Kateri había sido acogida por su tío, que se oponía duramente a la evangelización. Cuando tenía ocho años, la familia de acogida Kateri, según la costumbre de los iroqueses, la desposó con un niño con el que se esperaba que se casaría. Sin embargo, Kateri quería dedicar toda su vida íntegramente a Dios. Su tío desconfiaba de los colonos, por la forma en que trataban a los indios y porque fueron responsables de la introducción de la viruela, y otras enfermedades mortales en la comunidad indígena.

Cuando Kateri tenía diez años, en 1666, una partida de guerra compuesta de soldados franceses e indios hostle de Canadá destruyó las fortalezas mohawk en la orilla sur del río Mohawk, incluyendo Ossernenon.

Los mohawks supervivientes se trasladaron a la parte norte del río y construyeron un pueblo fortificado, a una media milla al oeste del actual pueblo de Fonda. Kateri vivido en Caughnawaga, sede del actual santuario por los siguientes diez años.

Cuando Kateri tenía 18 años, inició la catequesis en secreto. Su tío finalmente cedió y dio su consentimiento para que Kateri se convirtiera al cristianismo, a condición de saliera del pueblo indio. Por unirse a la Iglesia católica, Kateri fue ridiculizada y despreciada por su pueblo. Fue objeto de acusaciones injustas y su vida se vio amenazada. Huyó caminando unos 320 km (200 millas) por el bosque hasta llegar a Sault Ste. Marie, un pueblo cristiano cerca de Montreal, en 1677.

Casi dos años después de su bautismo --por misioneros jesuitas franceses, en el actual santuario de Kateri, en Fonda--, escapó a la Misión de San Francisco Javier, Sault Ste. Marie, un asentamiento de indios cristianos, cerca de Montreal, Canadá, en 1677. El asentamiento indio era conocido como Kahnawake, al otro lado del río San Lorenzo, fue denominado "El pueblo de los indios que rezan". Aquí era proverbial su dulzura, bondad y buen humor.

El Caughnawaga original –con el mismo significado aunque con grafía distinta--, en la actual Fonda, Nueva York, es el lugar donde se situaba la aldea o fortaleza en la que Kateri vivió antes de irse a la actual Canadá.

El día de Navidad de 1677, Kateri hizo la primera comunión y, en la Fiesta de la Anunciación de 1679, hizo voto de virginidad perpetua. Asimismo, se ofreció a la Santísima Virgen María para que la aceptara como hija.

Durante su estancia en Canadá, Kateri enseñaba oraciones a los niños y ayudaba a los ancianos y enfermos. Solía ir a misa, tanto al amanecer como al atardecer. Era conocida por su gran devoción al Santísimo Sacramento y al Crucifijo.

En los últimos años de su vida, Kateri soportó un gran sufrimiento por una enfermedad grave. Murió el 17 de abril de 1680, poco antes de cumplir 24 años, y fue enterrada en Kahnawake, Quebec, Canadá. Las palabras finales de Kateri fueron: "Jesús, María, os amo".

Los testigos informaron de que a pocos minutos de su muerte, las marcas de la viruela desaparecieron por completo y su rostro resplandecía con un encanto radiante.

Antes de su muerte, Kateri prometió a sus amigos que seguiría amando y orando por ellos en el cielo. Tanto los nativos americanos como los colonos, enseguida empezaron a usar su intercesión celeste. Varias personas, incluído un sacerdote que asistió a Kateri en su última enfermedad, informaron de que Kateri se les había aparecido, y se le atribuyen muchos milagros de curación.

La joven india Kateri empezó a ser muy venerada, especialmente en Canadá. En 1943, fue declarada venerable por Pío XII y beatificada en junio de 1980 por Juan Pablo II.

Cincuenta años después de la muerte Kateri, se estableció un primer convento de monjas indias en México, que oraban diariamente por que la Iglesia declarara públicamente la santidad de la beata Kateri, como así ha sido. Sólo falta la fecha de canoninazión que anunciará oportunamente la Congregación para las Causas de los Santos.

Para saber más, la página de la beata está en inglés: http://www.katerishrine.com/.