Katherine Drexel, una santa contra el racismo

Fundó escuelas y universidades para indígenas y afroamericanos

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CIUDAD DEL VATICANO, 1 oct (ZENIT.org).- Entre los 123 nuevos santos canonizados hoy por Juan Pablo II, la estadounidense Katharine Drexel es sin duda una de las figuras más sorprendentes.



En la homilía de este domingo, Juan Pablo II recordó cómo esta mujer, que procedía de una familia rica de Philadelphia, se sintió conmovida cuando era joven por la pobreza y la falta de esperanza en que vivían las poblaciones indígenas de Estados Unidos y los afroamericanos.

Fue una experiencia que cambiaría su vida. A pesar de que en 1865 se había decretado la liberación de los esclavos en Estados Unidos y su emancipación, durante un viaje realizado con su familia al Oeste del país, Katherine pudo constatar el estado degradante en el que vivían los nativos. Fundó la Congregación de las Hermanas del Santísimo Sacramento para los indígenas y gente de color, con la finalidad de difundir el mensaje evangélico y la vida eucarística entre los aborígenes y los afroamericanos y con sus compañeras creó un centro misionero y unas 60 escuelas para los afroamericanos y los indios, en especial en las regiones del Oeste y del sur de Estados Unidos. Su fundación más famosa es la de la Universidad de Xavier, en Nueva Orleans(Louisiana). En aquella época ninguna universidad católica del sur estaba dispuesta a acoger a estudiantes de color.

«Comprendió la gran necesidad de esta gente --explicó el Papa--. Con gran valentía y confianza en la gracia de Dios, decidió no darles sólo su fortuna, sino entregar totalmente su vida al Señor»

Por eso, añadió el obispo de Roma, a sus religiosas, «les enseñó una espiritualidad basada en la unión orante con el Señor en la Eucaristía y en el servicio de los pobres y de las víctimas de la discriminación racial. Su apostolado sirvió para sacar a relucir la creciente preocupación de la necesidad de combatir todas las formas de racismo a través de la educación y del servicio social».

Juan Pablo II presentó a Katharine Drexel como «excelente ejemplo de caridad concreta y de generosa solidaridad para con los menos afortunados, algo que ha caracterizado durante mucho tiempo a los católicos estadounidenses».